Vox se ha distanciado este domingo de Mariano Rajoy en la polémica sobre Francia y ha defendido la unidad en torno a la selección española.
La posición de Vox: ‘quien juega con España es español’
El portavoz de Vox en el Parlament, Joan Garriga, ha zanjado la polémica en declaraciones a La Vanguardia: ‘respecto a las dudas sobre la nacionalidad de algunos futbolistas, la realidad es muy clara: quien juega con España, hoy por hoy, es español’. Una afirmación que disipa cualquier debate identitario en pleno Mundial de futbol —la selección española se juega el pase a cuartos de final—.
Garriga ha subrayado que en un momento en el que ‘toda España está unida’ apoyando al equipo, no toca dividir ni sembrar suspicacias sobre la legitimidad de los jugadores. La formación que lidera Santiago Abascal no ha cambiado su discurso migratorio; al contrario, el portavoz ha reiterado que Vox denuncia que tanto PSOE como PP llevan años ‘tratando la nacionalidad española como un simple trámite, y no como el tesoro que es’. Por eso, insisten en endurecer los requisitos para conseguirla y en retirar de inmediato ‘aquellas que se han conseguido de forma fraudulenta’. La propuesta de Vox incluye una reforma del Código Civil para que la nacionalidad exija un compromiso activo con los valores constitucionales y no se conceda por mera residencia.
Pero respecto a los futbolistas que hoy visten la camiseta de la selección, Garriga no ha sembrado dudas. Es más, ha añadido que se debe ‘exigir’ a esos jugadores ‘no sólo que tengan la nacionalidad, sino que la defiendan con el orgullo que merece, porque representan a todos los españoles’. Un mensaje que combina exigencia de lealtad con un reconocimiento pleno de su españolidad. Desde el Parlamento de Cataluña, donde Vox ejerce de principal oposición al independentismo, Garriga ha sabido trasladar un mensaje que apela al conjunto de los españoles sin caer en localismos.
Un desmarque que reordena el debate político
Las palabras de Rajoy, publicadas en un artículo de prensa este fin de semana, desataron una ola de críticas tanto en España como en Francia. El Gobierno español y el francés tacharon los comentarios de xenófobos. En ese contexto, Vox ha optado por marcar distancias con el expresidente del PP y alinearse con el sentimiento de unidad que genera el deporte. La selección, que disputará los cuartos de final el próximo viernes, concentra ahora toda la atención mediática y popular.
Vox distingue con claridad: otra política migratoria, pero ningún cuestionamiento a los españoles de pleno derecho.
El movimiento tiene consecuencias políticas directas. Mientras el PP guarda silencio incómodo ante las afirmaciones de su exlíder, Vox se presenta como el partido que, sin renunciar a sus principios, sabe estar a la altura cuando la nación necesita cohesión. La estrategia refuerza su perfil como alternativa conservadora que no se deja arrastrar por polémicas estériles. Según fuentes del partido consultadas por Moncloa.com, la dirección nacional respalda plenamente las palabras de Garriga y las enmarca en la línea de ‘patriotismo inclusivo’ que Abascal viene defendiendo. La maniobra también tiene eco en Cataluña, donde el discurso de Vox sobre la unidad de España cobra especial relevancia frente al independentismo. El hecho de que sea un portavoz catalán quien encabece este mensaje no es casual: el partido busca proyectar una imagen de transversalidad territorial.
Estrategia: cohesión nacional como bandera
La intervención de Garriga no es solo una condena al exabrupto de Rajoy; es un posicionamiento que refuerza la imagen de Vox como fuerza política responsable. Al distinguir entre la lucha contra la inmigración ilegal y el respeto a la identidad de los españoles de cualquier origen, el partido de Abascal blinda su discurso frente a acusaciones de xenofobia y se coloca en un espacio de centralidad patriótica. En un Mundial que suscita pasiones y símbolos, Vox demuestra que la defensa de la nación no está reñida con la integración de quienes, habiendo cumplido las leyes, defienden la camiseta. Esta posición recuerda a la adoptada por otros partidos conservadores europeos, como el de Marine Le Pen en Francia, que también ha sabido separar la crítica a la política migratoria de la defensa de los ciudadanos franceses de origen extranjero que comparten los valores republicanos. En un contexto en el que el Gobierno de Pedro Sánchez intenta trasladar la idea de que toda crítica a la inmigración es racista, Vox subraya que su modelo es el de la asimilación republicana: exigencia de lealtad a cambio de igualdad de derechos.
La maniobra también presiona al PP, atrapado entre el legado de Rajoy y la necesidad de no perder votantes por su derecha. Vox, con esta declaración, se apropia del terreno de la unidad nacional y deja en evidencia las contradicciones de los populares. De cara al ciclo electoral que se avecina, el partido se reivindica como el único que pone la cohesión por encima de las disputas divisivas. Y, de paso, blinda su discurso contra quienes intenten presentarlo como una fuerza extremista.

