EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La energía solar generó el 25% de la electricidad de la UE en junio de 2026, récord histórico, superando al carbón (8%), gas (15%), nuclear (21%), eólica (14%) e hidráulica (12%).
- ¿Quién está detrás? El liderazgo lo encabezan Alemania (36% de solar), España (34%) y Polonia (24%), según el análisis del laboratorio de ideas Ember.
- ¿Qué impacto tiene? La expansión solar reduce la dependencia energética europea, abarata las facturas de los hogares españoles unos 10 euros al mes y acelera el cumplimiento del Pacto Verde Europeo.
El sol ha marcado un hito histórico en el sistema eléctrico de la Unión Europea. Por primera vez, la energía solar ha generado una cuarta parte de toda la electricidad del bloque en un solo mes, desbancando a fuentes tradicionales como la nuclear y el gas.
La energía solar desbanca al carbón, el gas y la nuclear en el mix eléctrico de la UE
Según los datos del think tank Ember, la producción solar alcanzó los 52 TWh en junio, un salto del 11 % respecto al récord anterior de 47 TWh registrado en mayo. Es el tercer mes consecutivo en el que la energía fotovoltaica se convierte en la primera fuente de electricidad de la UE, tras junio de 2025 y el propio mayo de 2026.
En junio de 2021, apenas cuatro años atrás, la solar no llegaba al 10 % de la generación, con solo 21 TWh. El ritmo de crecimiento ha sido superior al 20 % anual, impulsado por la instalación de 65,1 GW de nueva capacidad solo en 2025. El carbón, que hace una década era dominante, se ha reducido al 8 %, una cifra que hubiera parecido ciencia ficción al inicio de la anterior Comisión Europea.
La producción récord ha coincidido con picos de demanda provocados por olas de calor sin precedentes en el sur de Europa. En plena canícula, la solar sostuvo el suministro mientras la eólica flaqueaba y las centrales térmicas luchaban contra las restricciones de refrigeración. Para la Comisión Europea, este respaldo es la confirmación de que la transición energética no solo es verde, sino también resiliente.
El tridente que impulsa la revolución solar: España, Alemania y Polonia
España ha marcado un nuevo techo: por primera vez, la solar generó el 34 % de su electricidad en junio. El país ha duplicado su capacidad eólica y solar desde 2019, sumando más de 40 GW, la mayor expansión de toda la UE salvo la de Alemania, cuyo mercado eléctrico es el doble de grande. El resultado es tangible para los consumidores: cada hogar español ahorra 10 euros al mes en el recibo desde que el estrecho de Ormuz quedó prácticamente cerrado en marzo, según los cálculos de Ember.
La generación con carbón es ya residual: en agosto de 2025, España no quemó ni un solo gramo de este combustible fósil para producir electricidad. Las emisiones per cápita del sistema eléctrico se sitúan en 0,9 toneladas de CO₂, muy por debajo de la media comunitaria de 1,3 toneladas.
Alemania ha alcanzado el 36 % de solar en junio, apoyada en el mayor parque fotovoltaico en funcionamiento de Europa, construido sobre una antigua mina de carbón. Pero el verdadero fenómeno está en los balcones: más de un millón de kits solares enchufables se han instalado entre 2022 y 2025, con precios reducidos a la mitad —un modelo pequeño cuesta en torno a 200 €— y un retorno de la inversión de dos a seis años. La combinación con baterías domésticas ha permitido trasladar parte de ese autoconsumo a las horas de mayor demanda, aliviando la presión sobre la red.
Polonia, tradicionalmente dependiente del carbón, ha logrado que la solar aporte el 24 % de su electricidad en junio. Desde 2020 ha pasado de apenas 2 GW de potencia instalada a 23 GW, un crecimiento que ningún otro país de la UE iguala en velocidad relativa. Sin embargo, los expertos advierten de que el freno a la eólica terrestre —paralizada legislativamente desde 2016 y solo liberalizada de forma parcial hace dos años— lastra una transición que necesitará más músculo cuando el sol no brille.

La energía solar no solo es una cuestión climática: es ya la herramienta más eficaz de soberanía energética que tiene Europa frente a la volatilidad de los mercados globales.
El Eje del Poder Europeo
El vuelco en el mix eléctrico reordena la jerarquía energética dentro de la UE. Alemania afianza su doble condición de potencia industrial y fábrica solar, España se proyecta como referente de un modelo exportable de descarbonización acelerada, y Polonia acelera su divorcio del carbón con una velocidad que sorprende en el Grupo de Visegrado. Pero la ecuación no es tan sencilla: el sol produce electricidad en las horas centrales y obliga a redoblar la inversión en almacenamiento e interconexiones.
La Comisión Europea, que hace apenas un año revisó al alza los objetivos del Pacto Verde, ve en estas cifras la prueba de que la apuesta por las renovables es compatible con la seguridad de suministro. Sin embargo, los países que aún dependen del gas —Italia, Países Bajos y varios Estados del este— presionan para que el nuevo diseño del mercado eléctrico no penalice la generación firme. El pulso entre los «frugales» y los defensores de una transición 100 % renovable se libra en cada reunión del Consejo de Energía.
Para España, el liderazgo solar es un activo diplomático de primer orden. Moncloa lo utiliza como carta de presentación en Bruselas para reclamar más fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia y para defender una reforma fiscal que grave los beneficios caídos del cielo de las energéticas. No obstante, la oposición interna advierte de que la penetración masiva de renovables exige acelerar las redes de transporte y las plantas de bombeo, donde los permisos acumulan meses de retraso.
La lectura a largo plazo es clara: la solar ya no es una promesa, sino la columna vertebral de la electricidad europea. La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para octubre, tiene en su agenda la revisión del Mecanismo de Conectividad, el instrumento donde se decidirá la financiación de las interconexiones que permitan que los excedentes solares peninsulares viajen hacia Centroeuropa. Ese será el verdadero examen para saber si el récord de junio es un pico estacional o el inicio de una nueva era.

