La coalición antimisiles Europa se lanza con diez países, incluido España, ante Rusia

Diez países europeos, entre ellos España, acuerdan en París desarrollar sistemas de defensa antimisiles balísticos. El plan busca reducir la dependencia de Washington y contrarrestar la amenaza del Kremlin.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Diez países, entre ellos España, han lanzado en París la ‘coalición contra los misiles balísticos’ para desarrollar sistemas antimisiles autónomos.
  • ¿Quién está detrás? Francia lidera la iniciativa, con Alemania, Italia, Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Suecia, España y Ucrania.
  • ¿Qué impacto tiene? España se incorpora a un proyecto que puede reducir la dependencia de sistemas estadounidenses como el Patriot y reforzar la defensa europea ante el pulso con Rusia.

Diez países europeos, con España entre ellos, han acordado este lunes en París el lanzamiento de una ‘coalición contra los misiles balísticos’, un proyecto de defensa antimisiles de vocación autónoma que nace para complementar al norteamericano Patriot y que se suma al nuevo capítulo de rearme estratégico del continente.

Una carrera antimisiles con sello europeo

El encuentro, previo a la reunión de la Coalición de Voluntarios para Ucrania, ha reunido a los líderes de Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Noruega, España, Suecia, Reino Unido y Ucrania. Todos han subscrito un documento en el que se comprometen a «trabajar sin descanso para desarrollar una capacidad antibalística» que pueda neutralizar misiles como los que Rusia sigue lanzando contra territorio ucraniano.

La arquitectura prevista no parte de cero. Incluye el sistema francoitaliano SAMP/T, ya desplegado en Ucrania y en fase de actualización, así como otro sistema diseñado en Alemania. La intención es que todas estas piezas puedan integrarse en una defensa balística europea robusta e integrada, aprovechando además la experiencia operativa que Ucrania ha acumulado durante más de dos años de guerra.

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Pensamos que la protección de Europa necesita una solución global, sobre la forma de una arquitectura integrada de defensa antimisil, a fin de disuadir y de neutralizar las futuras amenazas de misiles», recoge el comunicado conjunto. La coalición se declara «abierta a otras naciones que comparten sus principios y sus objetivos», aunque de momento llama la atención la ausencia de Polonia, tradicional aliado duro del Este.

España, en el club de los diez: qué implica el nuevo escudo

defensa europea

La presencia de España en el grupo fundador tiene lectura estratégica. El Gobierno de Pedro Sánchez, que ya había incrementado su implicación en la Coalición de Voluntarios, da ahora un paso hacia una defensa antimisil cooperativa que podría traducirse en contratos para la industria nacional, acceso a tecnología y una redefinición de su postura en la seguridad europea. La Moncloa no ha detallado aún qué sistema aportará ni qué inversión destinará, pero fuentes del Ministerio de Defensa reconocen que se estudian opciones de coproducción con socios.

Mientras, el presidente francés, Emmanuel Macron, aprovecha sus últimos meses en el Elíseo para apuntalar el pilar europeo de defensa. En su discurso a las fuerzas armadas francesas, la víspera del desfile nacional del 14 de julio, afirmó que Europa «se está convirtiendo en una potencia», deseosa de paz «pero dispuesta a combatir y a pagar el precio en sangre, si hace falta». Francia confirmó además la venta a Ucrania de 16 cazas Rafale y de baterías SAMP/T de nueva generación, así como licencias para fabricar en territorio ucraniano bombas guiadas y misiles de crucero.

El lanzamiento de esta coalición responde a un temor que el Kremlin ha alimentado deliberadamente: el misil balístico Oreshnik, capaz de portar carga nuclear, ha vuelto a poner en el mapa la vulnerabilidad europea.

El Eje del Poder Europeo

La iniciativa antimisiles se inscribe en un giro geopolítico donde el paraguas estadounidense ya no se da por seguro. La actitud más cooperadora de Donald Trump en las últimas cumbres ha rebajado la tensión inmediata, pero el recuerdo de sus años de amenazas a la OTAN sigue vivo. De ahí que el eje franco-británico, que lidera la Coalición de Voluntarios, impulse ahora una capacidad autónoma que pueda funcionar incluso si Washington vuelve a desentenderse.

Para España, el reto es doble. Por un lado, debe encontrar un encaje presupuestario en un contexto donde Bruselas aprieta la regla fiscal. Por otro, la coalición le ofrece la oportunidad de situarse en el corazón de la nueva defensa europea y, de paso, reforzar su posición en las siempre delicadas negociaciones sobre la relación transatlántica. El precedente de los euromisiles de los años ochenta —cuando la OTAN instaló misiles de crucero para contrarrestar los SS-20 soviéticos— muestra que estas apuestas no son gratuitas: entonces generaron un enorme rechazo social y político. Hoy, sin embargo, el miedo no es a las armas propias, sino a la parálisis.

La ausencia de Polonia en la coalición inicial sugiere que el este de Europa sigue prefiriendo el vínculo directo con Washington. Varsovia, que ha invertido fuertemente en sistemas Patriot y en la presencia militar estadounidense, no parece dispuesta a apostar por una alternativa en la que París y Berlín marquen la pauta. Esa división interna es el talón de Aquiles de cualquier proyecto de autonomía estratégica.

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La cumbre de París ha dejado claro que el despertar estratégico europeo, como lo ha bautizado Macron, ya no es solo teoría. Pero la velocidad de esta carrera antimisiles dependerá de que los Veintisiete —o al menos los diez comprometidos— logren superar las rivalidades industriales y las tentaciones de comprar directamente a Estados Unidos. La nueva coalición es un primer paso, pero la verdadera prueba será si es capaz de poner en el campo un sistema operativo antes de que el Kremlin decida probar los límites.