Foreign Affairs alerta: Putin prepara un alto el fuego para rearmarse y atacar de nuevo en Ucrania

Según el análisis, el Kremlin usaría una tregua para recomponer sus fuerzas y fomentar inestabilidad en Kiev. Europa, principal obstáculo, se mantiene firme, pero la desvinculación estadounidense juega a favor de Moscú.

Un nuevo análisis de la influyente revista Foreign Affairs alerta de que Vladímir Putin no aceptaría un alto el fuego en Ucrania para buscar una paz real, sino que convertiría cualquier tregua en un instrumento para recomponer sus fuerzas, sembrar la inestabilidad en Kiev y relanzar la ofensiva cuando las condiciones le fueran más favorables. El estudio, que traza un paralelismo directo con los fracasados acuerdos de Minsk de 2014 y 2015, subraya que Putin utiliza la diplomacia como un arma más de su maquinaria bélica.

De los Acuerdos de Minsk a la trampa de la tregua

Los Acuerdos de Minsk, firmados tras la anexión de Crimea y los primeros combates en el Donbás, no resolvieron ninguno de los problemas de fondo. Rusia militarizó el territorio que había ocupado, mantuvo una guerra de desgaste y, cuando la dinámica política en Europa y Estados Unidos le resultó favorable, lanzó la invasión a gran escala en febrero de 2022. El texto de Foreign Affairs recuerda que Putin “utilizó las negociaciones pasadas para distraer y mantener a los países europeos fuera de equilibrio”. Ahora, un alto el fuego sería una repetición de aquel patrón: ganar tiempo para rearmarse y explotar las fisuras transatlánticas.

El líder del Kremlin aspira a que un eventual cese de hostilidades le permita fomentar una crisis política en Ucrania —forzando elecciones y manipulando el espacio informativo— y alentar a sectores prorrusos en Europa a normalizar los negocios con Moscú. Paralelamente, si el presidente estadounidense Donald Trump capitaliza el alto el fuego como un éxito diplomático, Putin intensificará la brecha entre Washington y sus aliados europeos. Y si los resultados no son los esperados, podrá retomar los combates con un riesgo limitado.

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Europa, el verdadero obstáculo que Putin no esperaba

Aunque Moscú menospreciaba a la Unión Europea como un bloque débil y dividido, la guerra ha demostrado lo contrario. Europa ha compensado la retirada del apoyo estadounidense con inversiones masivas en defensa y una postura firme de no negociar a espaldas de Ucrania. De hecho, la Administración Trump ha anunciado planes para retirar activos militares del continente antes de que Europa esté preparada para sustituirlos, lo que debilita la disuasión colectiva y regala a Putin una ventana de oportunidad.

En este escenario, España se convierte en un eslabón relevante. La Península Ibérica alberga bases como Rota y Morón, nodos críticos para la proyección de fuerza de Estados Unidos en el Mediterráneo y África. Cualquier reducción de la presencia estadounidense obliga a repensar la arquitectura defensiva del flanco sur. Además, el incremento del gasto militar acordado en el seno de la OTAN presiona las cuentas públicas españolas. Fuentes de Defensa reconocen a Moncloa.com que el debate sobre cómo alcanzar el 3% del PIB sin recortar servicios esenciales ya está sobre la mesa.

Putin no busca la paz, sino tiempo para reconstruir sus fuerzas y reanudar una guerra que hoy no puede ganar en el campo de batalla.

Equilibrio de Poder

La estrategia de Putin se nutre de la fatiga democrática. Si la guerra sigue en un punto muerto, el malestar interno en Rusia —alimentado por las campañas de largo alcance ucranianas sobre suelo ruso y por el creciente control de internet— podría erosionar su posición. Una tregua le permitiría congelar esa erosión mientras explota el cansancio de las opiniones públicas europeas y la tentación aislacionista de Washington. La clave para Moscú es que la violencia visible desaparezca, porque entonces la solidaridad con Ucrania se diluye y las negociaciones de adhesión a la UE pueden ser saboteadas a través de procesos circulares y humillantes.

El artículo de Foreign Affairs recuerda el ejemplo de Crimea: el territorio anexionado se convirtió en un “no tema” para las potencias occidentales precisamente porque se abandonó cualquier intento serio de recuperación. Putin confía en repetir la fórmula en las regiones de Donetsk y Lugansk. Sin embargo, la comparación con 1917 o con la guerra afgana de los ochenta muestra que una guerra impopular y sin resultados claros puede tambalear incluso a un régimen autoritario. El líder ruso, obsesionado con la historia, sabe que los soldados enfadados y la población agotada terminaron con los zares.

Desde nuestra redacción observamos que la advertencia de Foreign Affairs tiene un impacto directo en el eje España-Magreb. Un conflicto congelado en Europa oriental absorbería recursos diplomáticos y militares que hoy se destinan a la frontera sur, justo cuando el Sahel se consolida como un polvorín yihadista. La presión para aumentar el presupuesto de Defensa no solo tensiona las cuentas internas, sino que obliga a elegir entre el refuerzo del flanco este y las misiones de estabilización en el vecindario meridional. Madrid tendrá que definir pronto si refuerza la participación en la OTAN del norte o mantiene su atención en el Estrecho.

Por último, cabe recordar que la cumbre de la OTAN prevista para julio de 2026 en La Haya será el escenario donde se midan los compromisos reales de todos los aliados. La respuesta de Europa a la trampa de la tregua de Putin podría, en esa cita, separar a los países que apuestan por una paz duradera de aquellos que prefieren una rendición aplazada.

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