El calor ha dejado de ser solo un tema de conversación en el ascensor. Según el último informe de Fotocasa Research, correspondiente al primer semestre de 2026, el 36% de los españoles admite que los fenómenos climáticos extremos ya han influido en sus decisiones sobre dónde vivir.
La cifra no es un pico aislado: sube desde el 35% registrado en el mismo periodo de 2025. Y aunque la mayoría de la población todavía dice que el clima no altera sus planes de vivienda, la tendencia apunta en una única dirección: cada verano, más gente se lo piensa dos veces antes de quedarse donde está.
El calor ya condiciona dónde vivimos
No se trata solo de sensación térmica. El estudio de Fotocasa distingue entre quienes simplemente han notado el impacto del calor en su vida residencial y quienes ya han dado el paso. Un 18% de los españoles asegura haber cambiado de zona de residencia o estar buscando activamente una vivienda en otro lugar por este motivo, dos puntos más que el año anterior.
Dentro de ese grupo, un 6% ya se ha mudado y otro 12% está en proceso de búsqueda. Son cifras que hace una década habrían parecido anecdóticas, pero que hoy empiezan a pesar en el mercado inmobiliario, especialmente en las comunidades donde el termómetro no da tregua.
Las comunidades donde más se nota
En el conjunto de España, la exposición a temperaturas cada vez más altas está detrás de iniciativas legislativas como la que reclama aire acondicionado obligatorio en viviendas de alquiler, un debate que conecta directamente con lo que muchos españoles ya sienten en casa cada verano. Este fenómeno, conocido técnicamente como ola de calor, se define como un periodo sostenido de temperaturas anormalmente altas para una región, y su frecuencia va en aumento según los organismos meteorológicos.
Comunidad Valenciana, Andalucía y Cataluña lideran la lista de territorios donde más personas se plantean un cambio de residencia por motivos climáticos, con porcentajes que superan el 36%. Baleares y Canarias, por su parte, muestran los incrementos interanuales más pronunciados, reflejo de cómo el entorno insular amplifica la percepción del cambio climático.
Por qué el calor pesa cada vez más en la decisión
La directora de Estudios de Fotocasa, María Matos, lo resume con claridad: el factor climático ya compite con variables tan determinantes como el precio del suelo. Ya no hablamos de una preferencia estética por vivir cerca del mar o en zonas más frescas, sino de una consideración económica y de salud que entra en la ecuación de compra o alquiler.
El bolsillo también nota el impacto. Las viviendas mal preparadas para el calor disparan el gasto en climatización durante los meses más duros del verano, mientras que las zonas con clima más templado permiten un ahorro considerable en la factura energética. Esa diferencia, sostenida año tras año, empieza a inclinar la balanza de muchas familias.
Quién se mueve y hacia dónde
Los datos de Fotocasa también dibujan un perfil bastante concreto de quién está detrás de este movimiento. Los jóvenes son el grupo más propenso a cambiar de residencia por causas climáticas, una tendencia que se repite en distintas comunidades autónomas del país.
Entre quienes ya han dado el paso o están buscando activamente, las preferencias se reparten de forma reveladora: no todos huyen hacia el frío. Una parte importante busca climas más suaves y estables, mientras que otro grupo, aunque minoritario, se decanta directamente por zonas más cálidas.
- Quienes prefieren un clima más fresco, alejado de las olas de calor prolongadas.
- Quienes optan por temperaturas más suaves, sin extremos en ninguna estación.
- Un grupo minoritario que busca más calidez, generalmente vinculado a otros factores como el coste de vida.
- Familias que priorizan viviendas adaptadas térmicamente, aunque no cambien de región.
Lo que viene: un mercado que empieza a adaptarse
Todo apunta a que esta tendencia no se va a frenar en los próximos años. Si las temperaturas medias siguen batiendo récords, como ya ha ocurrido en varios veranos recientes, el factor climático seguirá ganando peso frente a otras variables tradicionales del mercado inmobiliario, como la cercanía al trabajo o el precio por metro cuadrado.
La buena noticia es que el sector empieza a reaccionar. Cada vez más promotoras incorporan criterios de eficiencia térmica desde el diseño, y varias comunidades autónomas ya debaten normativas que exigen condiciones mínimas de confort frente al calor. Si estás pensando en cambiar de vivienda, quizás sea buen momento para preguntar no solo por el precio, sino por cómo se comporta esa casa en agosto.


