Noventa años del PSUC: cómo su legado comunista influye en Sumar y en Catalunya en Comú

El acto en la sede de CCOO reunió a veteranos militantes y al ministro Ernest Urtasun, evidenciando el hilo que conecta al histórico partido comunista catalán con el actual confluente de Sumar.

La sede de Comisiones Obreras en Via Laietana acogió este viernes el acto de conmemoración de los 90 años del Partit Socialista Unificat de Catalunya. Sobre el escenario, veteranos militantes, un ministro del Gobierno de coalición y una alcaldesa que gobierna un feudo forjado por aquel partido. La imagen es elocuente: el hilo entre el comunismo catalán del siglo XX y el espacio que hoy representa Catalunya en Comú dentro de Sumar no se ha roto. Se ha transformado.

El PSUC fue el principal partido comunista de Cataluña durante la Guerra Civil y, junto a CCOO, el bastión más sólido de la resistencia antifranquista. Sin embargo, en democracia nunca logró competir con el PSC ni con Convergència. Su legado, pese a todo, ha perdurado de manera orgánica: primero en Iniciativa per Catalunya Verds, luego en los Comuns y hoy en la confluencia catalana de Sumar, que cuenta con cinco diputados en el Congreso y una relevante presencia municipal.

Un legado que habla en presente

En el acto intervinieron Eulàlia Vintró, exconcejala del Ayuntamiento de Barcelona y veterana militante del PSUC; Ernest Urtasun, ministro de Cultura y militante de los Comuns; Alba Bou, alcaldesa del Prat de Llobregat —municipio que fue gobernado por el PSUC, después por ICV y ahora por los Comuns—; y Belén López, secretaria general de CCOO de Catalunya. La composición reflejaba las tres patas de la genealogía: el partido histórico, el sindicalismo de clase y el actual brazo político institucional.

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No se trató de un ejercicio de nostalgia. La conmemoración tuvo un carácter reivindicativo de la memoria, pero también de actualización. Catalunya en Comú es, en muchos sentidos, el heredero directo de aquella tradición. Su programa bebe de los valores del federalismo republicano y del ecologismo de izquierdas que ya asomaba en los últimos tiempos del PSUC, y su inserción en Sumar le permite proyectar esa herencia en la política estatal.

El PSUC no ganó elecciones, pero construyó infraestructura política y sindical. Ahora sus herederos la rentabilizan en las instituciones.

Esa rentabilidad, sin embargo, no está exenta de tensiones. La historia del partido también evoca una cultura de la disciplina y la centralidad obrera que a veces choca con la diversidad y la transversalidad que promueve Yolanda Díaz. El reto de los Comuns, como el del resto de confluentes, es mantener una identidad propia sin poner en riesgo la cohesión del proyecto común.

La presencia de Sumar en el acto

La participación de Ernest Urtasun no fue un gesto menor. Es el único ministro de los Comuns en el Ejecutivo y uno de los dirigentes más visibles del espacio catalán de Sumar. Su asistencia, en representación del partido y, simbólicamente, de la coalición, subraya el reconocimiento institucional a la raíz histórica. Pero también revela la necesidad de los Comuns de afianzar su personalidad dentro de Sumar en un momento en que el eje catalán se ha tensado por las negociaciones con el independentismo y las políticas de vivienda.

Mientras, el sindicato CCOO ejerció de anfitrión. La central, vinculada históricamente al PCE y al PSUC, mantiene hoy una relación estrecha con Sumar, pero también ha mostrado autonomía en debates clave como la reducción de jornada o la reforma del despido. La celebración conjunta evidencia una sintonía estratégica que podría ser decisiva en las próximas movilizaciones laborales.

La Dinámica de Coalición

La conmemoración del 90 aniversario del PSUC permite leer, en clave interna, las tensiones y los equilibrios que sostienen a Sumar. Por un lado, refuerza el peso simbólico de Catalunya en Comú dentro del Grupo Parlamentario Plurinacional, que cuenta con 31 escaños (5 de ellos catalanes). Por otro, escenifica la dependencia mutua entre la dirección estatal de Sumar y sus confluentes: sin el músculo municipal y la implantación histórica de los Comuns, el proyecto de Díaz se queda sin anclaje en Cataluña; sin el paraguas estatal, los Comuns arriesgan la irrelevancia en un Parlament dominado por el independentismo y el PSC.

En la relación con el PSOE, el legado del PSUC no es un factor que pese directamente, pero sí colorea la negociación permanente. El discurso de la justicia social y la defensa de los servicios públicos, heredado de aquella tradición comunista, suele ser el punto de fricción más recurrente entre los socios de coalición. La histórica vinculación de los Comuns con movimientos vecinales y sindicales les dota de una base para presionar al Gobierno en materias como la regulación de los alquileres o la política industrial. Cuando los Comuns hablan de memoria obrera, el PSOE sabe que detrás hay una legislación social más ambiciosa.

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De cara al futuro, el recuerdo del PSUC actúa como recordatorio de que las confluencias no se construyen solo con acuerdos programáticos, sino también con raíces compartidas. La próxima Asamblea de Sumar, prevista para otoño de 2026, será el escenario en el que los Comuns deberán traducir esa herencia en cuotas de poder interno. El equilibrio entre historia y renovación definirá, en buena medida, la estabilidad de la coalición en Cataluña y en Madrid.

Ficha del Caso

  • El caso: La celebración del 90 aniversario del PSUC en la sede de CCOO pone de relieve el legado político del histórico partido comunista catalán, que pervive en Catalunya en Comú, uno de los confluentes de Sumar con representación en el Congreso y el Gobierno.
  • Datos importantes: El acto reunió a una exconcejala del PSUC, al ministro de Cultura Ernest Urtasun (Comuns), a la alcaldesa del Prat de Llobregat (gobernado ininterrumpidamente por fuerzas herederas del PSUC) y a la cúpula de CCOO en Cataluña. Sumar cuenta con 5 diputados catalanes dentro de sus 31 escaños totales.
  • Resumen: La conmemoración refuerza la identidad y el anclaje territorial de los Comuns, un activo para Sumar en Cataluña, pero también un factor de equilibrio interno y de presión en las negociaciones con el PSOE.