El 4 de octubre de 2026, Brasil celebra unas elecciones generales que van mucho más allá de la disputa entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Para España, lo que está en juego es el marco regulatorio del mayor mercado exterior del Santander y uno de los principales de Telefónica. Vamos a contarlo desde el principio.
El presidente Lula, a sus 80 años, busca un cuarto mandato tras haber gobernado entre 2003 y 2011 y regresar al poder en 2023. Enfrente tendrá al senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, actualmente en prisión por el intento de golpe de Estado que sacudió al país tras las elecciones de 2022. La papeleta, sin embargo, no se limita a la presidencia: los 159 millones de votantes brasileños elegirán también gobernadores, legisladores federales y otros cargos en un proceso con verificación biométrica que arroja resultados en cuestión de horas.
Traducido a intereses españoles: Brasil representa el 27% del beneficio del grupo Santander, según los últimos datos del banco, y acoge a más de 40 millones de clientes de Telefónica a través de su filial Vivo. Cualquier giro en la política económica, fiscal o regulatoria que surja de estas elecciones golpea directamente en la cuenta de resultados y en la cotización de dos de las mayores empresas del IBEX 35.
Qué se juega el Santander en estas elecciones
El calendario electoral brasileño es, desde hace décadas, un termómetro para la mayor franquicia del banco cántabro fuera de Europa. La filial brasileña aporta casi tres de cada diez euros de beneficio del grupo y opera en un mercado donde la regulación financiera puede cambiar drásticamente según el signo del Gobierno. En 2022, la victoria de Lula trajo consigo un debate sobre topes a las comisiones bancarias y una mayor presión fiscal que afectó a las valoraciones del sector. Con una nueva cita electoral, la incertidumbre se dispara.
El detalle que casi nadie cuenta es que Santander Brasil no solo compite con los grandes bancos locales —Itaú y Bradesco—, sino que debe navegar un entorno donde el Banco Central de Brasil ha ganado autonomía en los últimos años. La continuidad o no de esa autonomía es precisamente uno de los puntos que definirán los programas electorales.
Telefónica y el pulso regulatorio de las telecomunicaciones
Para Telefónica, la ecuación es similar. Vivo, su filial brasileña, lidera el mercado de móviles y banda ancha en un país donde la cobertura de fibra y 5G se ha convertido en prioridad estratégica. Un cambio en la política de concesiones o en el marco de inversión extranjera podría alterar los planes de despliegue que la operadora española tiene previstos para los próximos cinco años. Conviene recordar que en 2019, bajo el gobierno de Jair Bolsonaro, se aprobó un nuevo marco de telecomunicaciones que facilitó la inversión privada; revertirlo o endurecerlo está sobre la mesa.
Y aquí está la clave: tanto Lula como un hipotético gobierno de Flávio Bolsonaro necesitarán mayorías parlamentarias para gobernar. El Congreso brasileño es famoso por su fragmentación —más de 20 partidos con representación—, y cualquier reforma sectorial requiere complejas negociaciones que dilatan los plazos y moderan los extremos. Eso da algo de margen a los inversores españoles, pero no elimina el factor de incertidumbre.
Lo que la historia reciente enseña a las empresas españolas
Retrocedamos un momento. En las elecciones de 2018, que llevaron a Jair Bolsonaro al poder, el Santander supo leer antes que nadie el giro liberal y reforzó su apuesta por la banca digital, mientras que Telefónica aceleró la venta de activos no estratégicos. En 2022, con la vuelta de Lula, ambas compañías ajustaron sus previsiones y reforzaron sus equipos de relación institucional en Brasilia. La lección es clara: quien anticipa el ciclo político, mitiga el riesgo regulatorio.
El informe de Americas Society/Council of the Americas detalla que el calendario electoral brasileño incluye primarias partidarias entre abril y junio de 2026, con la campaña oficial arrancando en agosto. Para las empresas españolas, la ventana de análisis se acorta: los programas definitivos se conocerán apenas dos meses antes de la votación del 4 de octubre. Un margen estrecho para ajustar estrategias en consejos de administración que se reúnen cada trimestre.
Brasil aporta el 27% del beneficio de Santander y acoge a más de 40 millones de clientes de Telefónica; cualquier giro regulatorio golpea de lleno al IBEX 35.
Por si fuera poco, el escrutinio biométrico que estrena Brasil en estas elecciones —con resultados en horas, no en días— reduce el riesgo de conflictos postelectorales como los de 2022, pero no los elimina. La polarización entre el lulismo y el bolsonarismo sigue siendo extrema, y cualquier impugnación de resultados añadiría una capa extra de inestabilidad que los mercados descuentan con volatilidad.
De cara al futuro inmediato, los equipos financieros de Santander y Telefónica tienen puesta la lupa en dos fechas: junio de 2026, cuando se cierren las candidaturas, y el 4 de octubre, día de la votación. Entremedias, la diplomacia económica española —a través de la Embajada de España en Brasilia y del ICEX— intensificará los contactos con todos los partidos para garantizar que los intereses empresariales españoles estén sobre la mesa gane quien gane.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Brasil celebra elecciones generales el 4 de octubre de 2026 con Lula y Flávio Bolsonaro como principales aspirantes a la presidencia.
- Datos importantes: 159 millones de votantes eligen presidente, gobernadores y legisladores en un proceso con verificación biométrica. Santander obtiene en Brasil el 27% de su beneficio global; Telefónica opera a través de Vivo con más de 40 millones de clientes.
- Resumen: El resultado definirá el marco regulatorio de dos de las mayores empresas españolas en un mercado que es clave para su rentabilidad y su proyección internacional.
