Dinamarca amplía el servicio militar: 1.600 reclutas, 11 meses y mujeres por primera vez

Copenhague prepara el primer despliegue de conscriptos en Groenlandia este mismo mes, con una compañía de más de cien soldados. La presión conjunta de Moscú y las demandas de la administración Trump aceleran el rearme nórdico, que prevé alcanzar los 7.500 reclutas anuales en 2033

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Dinamarca ha iniciado su servicio militar ampliado a 11 meses, con 1.600 reclutas —mujeres incluidas por primera vez—. El plan es alcanzar 7.500 anuales en 2033, frente a los 5.000 actuales.
  • ¿Quién está detrás? El Gobierno de Copenhague, con la primera ministra Mette Frederiksen, en respuesta a la presión rusa, la tensión en el Ártico y las exigencias de Trump sobre gasto en defensa.
  • ¿Qué impacto tiene? Acelera el rearme del flanco norte de la OTAN, refuerza la presencia danesa en Groenlandia —clave en la disputa con Washington— y presiona a otros socios europeos a revisar sus modelos de reclutamiento.

Algo más de 1.600 jóvenes daneses —entre ellos, por primera vez en la historia del país, mujeres— iniciaron este lunes un servicio militar de 11 meses que marca un giro estratégico en la defensa de Dinamarca. La decisión, adoptada en 2024, responde directamente a la guerra de Ucrania, a las tensiones en el Ártico y a la presión de la administración Trump para que los aliados europeos asuman una mayor carga militar.

No se trata de un gesto simbólico. El nuevo modelo entierra el servicio de cuatro meses que regía hasta ahora y lo sustituye por un ciclo completo de cinco meses de formación básica seguidos de seis meses de servicio operativo. La horquilla de edad se mantiene en los 18 años para todos los jóvenes sanos, aunque el sistema —basado en un sorteo— lleva años nutriéndose casi exclusivamente de voluntarios, y la lotería solo se activa para cubrir las plazas que quedan vacantes.

Silas Nohr, un recluta de 19 años natural de Varde, al oeste del país, resumió bien el sentir de muchos de sus compañeros en su primer día de instrucción: “Ahora tenemos 11 meses, y siento que de verdad puedes meterte en esto, vivirlo de verdad y profundizar mucho más en lo militar”. Las Fuerzas Armadas danesas introducen además nuevas vías de especialización, incluida una sección de drones adscrita al Mando de Operaciones Especiales, un perfil que hace cinco años habría sonado a ciencia ficción en el modelo de conscripción escandinavo.

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El objetivo final es ambicioso. Dinamarca, que actualmente alista a unos 5.000 reclutas cada año, quiere alcanzar los 7.500 anuales en 2033. La cifra puede parecer modesta comparada con los ejércitos de masas del este de Europa, pero supone un incremento del 50% en apenas siete años para un país de menos de seis millones de habitantes. Suecia, Finlandia y Noruega mantienen sistemas similares de conscripción, al igual que Estonia, Letonia y Lituania. Lo que cambia ahora es la velocidad.

Groenlandia como banco de pruebas y la sombra de Trump

El calendario no entiende de periodos de gracia. A finales de este mismo mes de agosto, Copenhague desplegará por primera vez en Groenlandia a reclutas de reemplazo. Será una compañía de más de cien soldados que tomará durante un mes tareas operativas hasta ahora reservadas a tropas profesionales. El movimiento tiene una lectura militar —la isla es la puerta de entrada al Ártico, un corredor cada vez más disputado por Rusia y China— y otra política, más incómoda para Washington.

El presidente Donald Trump ha reiterado en varias ocasiones su intención de anexionar el territorio semiautónomo danés alegando razones de seguridad nacional, una demanda que tanto el gobierno groenlandés como el danés han rechazado de plano. En la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara el mes pasado, la primera ministra Mette Frederiksen fue nítida: Dinamarca defenderá “cada pulgada del territorio de la alianza, incluido el nuestro”. El despliegue de conscriptos sobre el terreno, aunque modesto, es la traducción práctica de esa promesa.

Copenhague no está improvisando: el modelo nórdico de defensa total, que integra conscripción, reserva y preparación civil, se ha convertido en el referente de la nueva OTAN que emerge de la guerra de Ucrania.

Equilibrio de Poder

La ampliación de la conscripción danesa encaja en un tablero donde Moscú y Washington tiran de los extremos. Rusia sigue siendo la amenaza convencional que justifica el rearme nórdico: la guerra en Ucrania ha demostrado que la profundidad estratégica se mide también en reservas humanas movilizables, no solo en blindados y cazas de quinta generación. El Kremlin observa con atención cualquier movimiento en el flanco norte, donde la ruta marítima del Ártico y los recursos energéticos están reconfigurando el mapa de prioridades militares.

Del otro lado, la administración Trump utiliza el rearme europeo como palanca transaccional. La exigencia del 5% del PIB en defensa —lejos del 2% que aún no alcanzan varios socios, incluida España— encuentra en Dinamarca un alumno aplicado, pero también a un aliado que se blinda ante la propia ambigüedad estratégica estadounidense. Copenhague se rearma para disuadir a Moscú y, de paso, para negociar con Washington desde una posición de mayor autonomía.

Para España, la lectura es incómoda pero necesaria. El modelo danés no es exportable: nuestro Ejército prescindió del servicio militar obligatorio en 2001 y la profesionalización ha sido la columna vertebral de la defensa nacional durante un cuarto de siglo. Sin embargo, la presión para aumentar el gasto militar —agravada por la nueva doctrina de la Casa Blanca— llegará a Moncloa con independencia de si hay o no conscripción. La pregunta que subyace en Bruselas es si la UE puede sostener un modelo de defensa basado exclusivamente en ejércitos profesionales cuando las necesidades de personal se disparan y la competición por el talento joven es feroz.

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El precedente histórico más cercano es el rearme de los países bálticos tras la anexión rusa de Crimea en 2014 y, sobre todo, el Zeitenwende alemán de 2022. Ahora es el norte de Europa el que acelera, y lo hace con una fórmula que combina conscripción, tecnología y alianzas regionales. Lo que empezó como una excepción finlandesa o sueca se está convirtiendo en el nuevo estándar nórdico. Y el Ártico —un teatro que hasta hace una década era marginal en los planes de defensa europeos— se consolida como uno de los tableros más calientes de la próxima década. Cómodo para nadie.