Sumar encara la recta final de su refundación con una única certeza: necesita candidato. Y pronto. La renuncia de Yolanda Díaz a repetir en listas ha abierto un proceso de selección que definirá no solo el cartel electoral, sino la propia arquitectura de poder en la coalición de izquierdas.
La refundación, que impulsan Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los comunes, persigue un doble objetivo: reforzar el proyecto político y establecer relaciones más horizontales entre las formaciones. Sin embargo, Movimiento Sumar, el partido creado por Yolanda Díaz, llega con un perfil a la baja frente a otros actores como IU, lo que añade tensión al reparto de influencias.
La quiniela de candidatos es la gran asignatura pendiente. Los nombres que han sonado se han ido descartando uno a uno: Pablo Bustinduy, Ernest Urtasun, Mónica García (ahora candidata de Más Madrid para la Comunidad) y Sira Rego han rechazado o quedado fuera de la carrera. También se esfumó la posibilidad de Unai Sordo, secretario general de CCOO. La coalición abre la puerta a una figura sin afiliación política, consciente de que el tiempo apremia: el plazo autoimpuesto es el próximo otoño, con septiembre como horizonte deseable.
Tanto IU como los comunes urgen a resolver la incógnita ante el riesgo de un adelanto electoral. La lectura que hacemos de esta urgencia es que la designación del candidato no es solo un trámite electoral: es el acta fundacional de la nueva correlación de fuerzas interna. Quien ostente el cartel heredará, en gran medida, el capital político que deja Díaz.
Mientras, el puzle se complica con otras asignaturas organizativas. La coalición debe decidir su nuevo nombre —la marca Sumar podría diluirse— e invitar a más partidos (Compromís, Chunta Aragonesista, Més per Mallorca). A Podemos se le tiende la mano, pero los morados mantienen su actitud crítica y aspiran a liderar una alianza con Irene Montero y Gabriel Rufián. La idea del tándem Montero-Rufián es vista con escepticismo por ERC, aunque algunos sectores de Movimiento Sumar no cierran la puerta al tirón electoral de Rufián.
La refundación de Sumar no depende solo de encontrar un rostro: depende de que los partidos acepten un reparto de poder que aún no está escrito.
El rompecabezas electoral: plazos, nombres y vetos
Con septiembre ya en el horizonte, la elección de candidato se ha convertido en una carrera contrarreloj. La renuncia de Díaz a encabezar la lista despeja el camino pero deja un vacío estratégico que ninguna de las confluentes ha logrado llenar por sí sola. Los descartes de los ministros —Bustinduy, Urtasun, García y Rego— reducen el margen de maniobra, mientras que la apertura a perfiles extrapolíticos diluye, al menos temporalmente, la pugna interna entre partidos.
Sin embargo, la prisa de IU y los comunes revela una inquietud: un candidato externo podría no encajar con las culturas orgánicas de las formaciones tradicionales, y sin un respaldo sólido de las bases, cualquier nombre corre el riesgo de ser un parche más que un liderazgo real.
El reequilibrio de fuerzas dentro de Sumar
Detrás de la búsqueda de cartel hay una lucha soterrada por el peso relativo de cada organización. Movimiento Sumar, con Yolanda Díaz en retirada, pierde su principal activo simbólico, mientras IU —con estructura territorial y una presencia ministerial consolidada— se perfila como el socio que más puede crecer en la nueva ecuación. Más Madrid, por su parte, ha optado por centrar sus esfuerzos en las elecciones autonómicas y ha apartado a Mónica García de la contienda estatal, lo que podría restarle influencia en la futura coalición.
Los comunes, a través de su referente en el Gobierno, presionan para que la elección sea rápida y no erosione la imagen unitaria. Todos saben que la demora puede beneficiar a quienes juegan fuera del tablero común: Podemos, con su discurso de liderazgo alternativo, aprovecha cualquier titubeo para erosionar a Sumar.
La Dinámica de Coalición
La refundación de Sumar se debate entre la necesidad de horizontalidad y la urgencia de una figura visible que aglutine el voto. El equilibrio interno es delicado: sin Díaz, el contrapeso natural que mantenía unidas a las confluentes desaparece, y cada partido se repliega hacia sus propios intereses electorales. En términos de escaños, el Grupo Parlamentario Sumar cuenta con 31 diputados en el Congreso, una fuerza que, aunque menguada respecto a 2023, sigue siendo imprescindible para la estabilidad del Gobierno con el PSOE.
La dimensión coalición es evidente: un candidato débil o una negociación eterna pueden transmitir fragmentación, algo que el PSOE observa con preocupación. Pedro Sánchez necesita un socio fiable y cohesionado de cara a una posible legislatura de infarto. La proyección inmediata pasa por el otoño: si en septiembre no hay nombre, las tensiones internas escalarán justo cuando la coalición debería presentar su hoja de ruta conjunta. El precedente de la ruptura con Podemos en 2023 sirve de advertencia: las costuras de la izquierda son frágiles y los plazos, innegociables.
Ficha del Caso
- El caso: Sumar afronta el nuevo curso político con la elección de candidato como principal asignatura pendiente tras la renuncia de Yolanda Díaz y en pleno proceso de refundación que busca relaciones más horizontales entre sus partidos.
- Datos importantes: El Grupo Parlamentario Sumar cuenta con 31 escaños. La coalición se fija el otoño de 2026 y, si es posible, septiembre, como plazo para designar al candidato. Entre los descartados están los ministros Bustinduy, Urtasun, García y Rego, además de Unai Sordo.
- Resumen: La elección del candidato no solo definirá el cartel electoral, sino que moldeará el equilibrio de poder entre Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y los comunes; un retraso o la falta de consenso pueden debilitar a la coalición frente al PSOE y frente a la ofensiva de Podemos.
