Washington se prepara para blindar su mercado frente a los coches chinos mientras Europa comprueba en tiempo real el coste de haber llegado tarde. La ofensiva legislativa, incómoda para Pekín, ha encontrado un raro consenso en el Capitolio.
La ley que quiere blindar los coches conectados
El proyecto central es la Connected Vehicle Security Act (Ley de Seguridad de Vehículos Conectados de 2026), una propuesta bipartidista que avanzó por unanimidad en el Comité de Comercio del Senado en julio. Sus impulsores, el republicano Bernie Moreno de Ohio y la demócrata Elissa Slotkin de Michigan, buscan convertir en ley las restricciones de seguridad que Washington ya ensaya desde 2025.
La norma iría más allá del arancel. Prohibiría vehículos, software y componentes ligados a adversarios extranjeros designados, la categoría jurídica que incluye a a los países considerados amenazas prioritarias en Washington —hoy, China y Rusia—. El objetivo es que esas protecciones queden fijadas por ley y resistan a las presiones comerciales de cada ciclo político.
En enero de 2025, el Departamento de Comercio ya adoptó reglas similares al amparo de la administración Biden, citando espionaje, recogida de datos, sabotaje y manipulación remota. Lo nuevo es la escala: el Congreso quiere blindar la decisión frente a una futura administración que pueda derogarla con una simple directiva ejecutiva.
El debate de fondo no es el precio de un coche barato, sino el control de la información. Un vehículo moderno sabe dónde vive el conductor, qué escuela frecuentan sus hijos y por qué calles circula cada día. Para el Senado, la cuestión no es si un consumidor debe poder comprar un BYD de 25.000 dólares, sino quién controla los ordenadores que circulan por las calles americanas.
El Partido Republicano y el Partido Demócrata comparten aquí una lectura poco habitual: China no copió solo tecnología, sino que aprendió a fabricar mientras las marcas occidentales se lo enseñaban todo. La conclusión bipartidista es que repetir ese proceso con la automoción eléctrica equivaldría a regalar la industria.
El proteccionismo de Washington no es una improvisación arancelaria: es una decisión estratégica para impedir que la automoción americana siga el camino de los semiconductores.
Por qué Europa se ha convertido en el espejo

La experiencia europea oficia de advertencia. Los fabricantes chinos han entrado en el mercado comunitario con precios imposibles de replicar, concentrados sobre todo en el vehículo eléctrico. BYD y Geely compiten ya en Alemania, Francia y España.
Bruselas responde con aranceles e investigaciones, pero la presión no desaparece. Washington observa ese desgaste como la mejor advertencia de lo que quiere evitar en su propio mercado.
España observa este movimiento desde la línea de producción. La industria auxiliar española de componentes, fuertemente integrada en las cadenas alemanas, se expone al doble choque: una Europa proteccionista que sube costes y una China que desplaza cuota europea en terceros mercados. El giro americano no impacta directamente, pero estrecha la vía de crecimiento de la automoción española fuera de la UE.
La Lógica de Washington
La referencia que se repite en el Capitolio no es la guerra comercial clásica de los años treinta, sino la deslocalización de la electrónica. Estados Unidos dejó escapar la cadena de semiconductores porque contratar fuera parecía barato; ahora gasta miles de millones en reconstruirla con la CHIPS Act. La Casa Blanca y el Congreso aplican la misma premisa al coche eléctrico: es más barato no destruir una industria que rescatarla.
La coalición que sostiene la ley es de seguridad nacional y de política industrial, no solo de proteccionismo arancelario. Los republicanos la defienden desde la autonomía estratégica y los demócratas desde el empleo manufacturero. En ese consenso hay un cálculo electoral: el votante de Michigan u Ohio no entiende que un SUV chino de 25.000 dólares sea una ganga si en diez años la fábrica local no existe.
El proyecto tiene recovecos difíciles. La participación china en Mercedes-Benz ronda el 20%, y los legisladores todavía discuten si una empresa europea con capital chino minoritario debe quedar atrapada por la ley. Esa clarificación marcará el alcance real del muro. La próxima ventana será el pleno del Senado tras el receso estival; después, la Cámara de Representantes. Si la ley sale, Europa tendrá un motivo más para acelerar su propia industria.
Ficha del Caso
- El caso: El Senado de Estados Unidos avanza una ley bipartidista para restringir la entrada de vehículos chinos conectados, elevando a rango legal las restricciones que ya aprobó el Departamento de Comercio en enero de 2025.
- Datos clave: Connected Vehicle Security Act de 2026, aprobada por unanimidad en el Comité de Comercio del Senado en julio. Prohíbe vehículos, software y componentes de adversarios extranjeros designados. BYD y Geely ofrecen eléctricos desde 25.000 dólares frente a 40.000 de un equivalente americano; Mercedes-Benz, con casi un 20% de capital chino, podría quedar alcanzada.
- Para España: La industria auxiliar española, integrada en las cadenas alemanas y europeas, observa la escalada proteccionista como un factor que encarece costes y rediseña las rutas globales del automóvil.

