Junts se diluye en el final de legislatura y el desgaste de Puigdemont complica a Sánchez

El independentismo conservador encara la recta final del curso con menos palanca de presión sobre la mayoría de Sánchez. La expectativa de un regreso inminente de Puigdemont no disipa el ruido interno ni la presión de la ultraderecha.

Junts per Catalunya encara el final de la legislatura con menos músculo negociador del que sugiere la aritmética parlamentaria. La fotografía del pasado 7 de agosto, con el atril instalado bajo los árboles del parque de la Ciutadella, resume la situación: el partido independentista cerró el curso político sin poder utilizar la sala de prensa del Parlament, inoperativa por vacaciones aunque la preside un miembro de Junts, Josep Rull.

Un cierre de curso que retrata a Junts

El gesto no es anecdótico. Refleja la posición de Junts en el Parlament de Cataluña, arrinconado por la alianza táctica entre PSC, ERC y Comunes. A eso se suma la presión de la ultraderecha independentista, que le discute el espacio del independentismo sin matices. Según la información publicada por El País, la formación heredera de Convergència busca cómo salir de una irrelevancia que ya condiciona su peso en la política española.

Han pasado tres años desde que Junts votó a favor de la investidura de Pedro Sánchez. Entonces se presentó como un socio exigente y decisivo. Ahora su capacidad de presionar al Gobierno se diluye justo en el tramo final de la legislatura. El presidente del Gobierno ha tejido una mayoría parlamentaria que no depende de un único interlocutor. Pero la menor predictibilidad de Junts introduce una fricción adicional en cada votación relevante.

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El desgaste de Puigdemont o por qué la palanca se enfría

Puigdemont desgaste

El relato de Junts pasa por una posible remontada ligada al regreso de Carles Puigdemont. La expectativa existe, pero el expresident apenas da pistas de cuándo y cómo piensa reaparecer. Dejémoslo en un ‘ya veremos’. Mientras tanto, su figura acumula señales de desgaste: el independentismo de máximos le exige más resultados y una parte del espacio moderado reclama una estrategia más definida. Eso complica los cálculos de Moncloa a la hora de cerrar acuerdos legislativos.

Fuentes de la dirección federal consultadas por Moncloa.com admiten que la interlocución con Junts es más errática que en la primera parte del mandato. No hablan de ruptura, pero sí de silencios y gestos que obligan a extremar la cautela. La coalición con Sumar y el apoyo recurrente de ERC, EH Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria siguen sosteniendo la mayoría. Junts ya no marca el ritmo de la agenda, pero conserva capacidad de veto si decide ausentarse en votaciones clave.

El problema para la gobernabilidad no es que Junts vote en contra, sino que su imprevisibilidad convierte cada negociación en un examen.

El Eje del Poder Socialista

En Ferraz se admite que la pérdida de influencia de Junts no es una buena noticia para la estabilidad. Obliga a multiplicar interlocutores y a asumir que la mayoría de los socios parlamentarios mantiene una lógica de negociación muy táctica. También refuerza la convicción de que la agenda social debe continuar como elemento central de la legislatura. La estrategia de Sánchez pasa por ensanchar los acuerdos con ERC, EH Bildu, PNV y BNG, sin ignorar que el voto de Junts puede ser decisivo en leyes con más carga territorial.

El aterrizaje catalán es la pieza más delicada. El PSC gobierna la Generalitat y ha optado por una alianza pragmática en el Parlament, mientras Junts queda desplazado. La pérdida de peso de Junts en la política catalana reduce su capacidad de condicionar la agenda española, pero también puede empujarlo a endurecer posiciones si Puigdemont opta por una estrategia de choque. Ese pulso se traslada al Congreso, donde los próximos debates de presupuestos y de financiación autonómica medirán la resistencia real de la mayoría.

La lectura a medio plazo del Gobierno es prudente. El PSOE no contempla un adelanto electoral y prefiere alargar la legislatura con una geometría variable que, pese a la fricción con Junts, ha permitido convalidar medidas de protección social, vivienda y transición ecológica. El riesgo inmediato es que la derecha utilice la debilidad momentánea de Junts para presentar la legislatura como agotada. En Moncloa responden con el argumentario del Estado del bienestar y con la gestión de los gobiernos autonómicos socialistas.

La ventana de verificación será el próximo periodo de sesiones. La reanudación del curso parlamentario en septiembre permitirá comprobar si Junts vuelve con una estrategia definida o si su espacio lo marcan la ultraderecha independentista y las dudas con Puigdemont.

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🌹 El Apunte de Ferraz

  • Mensaje fuerza: La agenda social del Gobierno continúa pese al desgaste de uno de sus socios; la mayoría parlamentaria es más amplia de lo que plantea la derecha.
  • Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE).
  • Próximo hito: Reanudación del periodo de sesiones en el Congreso en septiembre y nueva ronda de contactos con los socios parlamentarios.