AVA-ASAJA pide a la industria prioridad para la campaña algarroba valenciana de 2026

La producción de este verano se prevé inferior a la media de los últimos cinco años por el calor y el estrés hídrico. La organización agraria reclama precios dignos y advierte del riesgo de abandono de un cultivo cortafuegos.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El inicio de la recolección de la algarroba en la Comunitat Valenciana y el llamamiento de AVA-ASAJA a la industria para que priorice el garrofín local.
  • ¿Quién está detrás? La organización agraria AVA-ASAJA, con su responsable de frutos secos, José Antonio Ruiz, como portavoz.
  • ¿Qué impacto tiene? El precio del garrofín cayó de más de dos euros a 0,40 €/kg; la producción de este año se prevé inferior a la media por el calor, lo que tensiona la rentabilidad del campo.

La campaña algarroba valenciana de 2026 arranca con un reto: AVA-ASAJA reclama prioridad para el producto local y precios dignos.

Una reivindicación de precios dignos y preferencia local

La entidad agraria ha puesto el foco en la recolección de la algarroba, un fruto seco emblemático del litoral mediterráneo procedente del algarrobo, en una temporada que se presenta decisiva para el futuro del cultivo en la Comunitat Valenciana.

La petición no es simbólica. Los productores necesitan que la industria valore las ventajas del garrofín autóctono en calidad, proximidad y menor huella de carbono frente a las alternativas foráneas.

Publicidad

Los números explican la urgencia. Después del boom del garrofín —la semilla de la algarroba que concentra los usos comerciales con mayor recorrido—, el precio llegó a superar los dos euros por kilo a pie de campo. En las últimas campañas, sin embargo, las cotizaciones se hundieron en torno a los 0,40 euros.

A ese desplome se suma el clima. La producción de este verano será menor al promedio de los últimos cinco años. Las lluvias de invierno y primavera favorecieron una buena floración, pero la sucesión de olas de calor ha provocado estrés hídrico en los árboles y una merma del peso del fruto.

José Antonio Ruiz, responsable de la sectorial de frutos secos de AVA-ASAJA, lo resume en una frase: «Está en peligro algo más que un cultivo». Si la industria sustituye el garrofín por alternativas de fuera, advierte, los productores perderán rentabilidad, los consumidores renunciarán a las propiedades organolépticas del producto local y el territorio asumirá un coste ambiental mayor, porque los sustitutivos viajan desde miles de kilómetros.

Detrás del precio de la algarroba hay un modelo de territorio: o se paga lo justo al productor o se pierde un cortafuegos natural.

El responsable agrario insiste en que un campo sin rentabilidad acaba abandonado. Y un algarrobo abandonado deja de actuar como cortafuegos natural y agrava el riesgo de incendios, la erosión y la desertificación, un mensaje que conecta con la agenda de prevención de emergencias en un territorio ya castigado por la DANA.

Aun así, la algarroba valenciana tiene argumentos comerciales. Además de su uso tradicional en agricultura, ganadería y cocina, es base de harinas para repostería, tabletas y bombones sin cafeína, bebidas vegetales, siropes, mermeladas, helados, cremas untables, infusiones y snacks saludables.

La organización agraria anima a los consumidores a reclamar este producto de proximidad para elevar la demanda y, con ella, la rentabilidad del campo.

Publicidad

El desplome del garrofín y la huella del calor

El mercado del garrofín funciona como termómetro de la rentabilidad de la algarroba. Cuando la industria pagó más de dos euros por kilo, el cultivo se revalorizó y los agricultores invirtieron en mantenimiento. Cuando el precio cayó a 0,40 euros, la ecuación dejó de cuadrar para muchos productores de secano.

La campaña actual combina esa caída con una oferta más corta. Las altas temperaturas han estresado a los árboles y han mermado el peso del fruto, justo en el momento en que la industria busca alternativas más baratas. La presión sobre el campo valenciano es doble: menos kilos y peor precio.

La algarroba valenciana tiene argumentos comerciales más allá del garrofín: sus derivados se han multiplicado en repostería, alimentación saludable y fórmulas sin cafeína. El reto, según el sector, es que esas nuevas aplicaciones se traduzcan en contratos estables y no en picos de demanda que abandonan al productor en cuanto aparece una importación más barata.

El Escenario Valenciano

La reivindicación de AVA-ASAJA no se limita a una campaña concreta. Apunta al modelo de abastecimiento de la industria agroalimentaria española y a la necesidad de que la producción de proximidad compita en igualdad de condiciones con las importaciones, también en términos de huella de carbono.

En el plano institucional valenciano, el sector agrario mantiene abierta la interlocución con el Consell —el gobierno de la Generalitat Valenciana, el equivalente autonómico del Consejo de Ministros— para que las las ayudas y las políticas de prevención de incendios reconozcan la función ambiental del algarrobo. La campaña de 2026 será una prueba de si esa interlocución se traduce en medidas concretas.

La proyección inmediata es la respuesta de la industria. Si la cosecha corta no se acompaña de un repunte de precios, parte del algarrobo valenciano dejará de recolectarse. Y como advierte el sector, el territorio perderá con ello un activo contra la erosión y el fuego.

Ficha del Caso

  • El caso: La campaña de recolección de la algarroba valenciana de 2026 arranca con la petición de AVA-ASAJA para que la industria priorice la producción local y pague precios dignos a los agricultores.
  • Datos importantes: El garrofín pasó de superar los dos euros por kilo a cotizar en torno a 0,40 euros. La producción de este verano se prevé inferior a la media de cinco años por el calor y el estrés hídrico.
  • Resumen: La combinación de precios hundidos y cosecha corta pone en riesgo la rentabilidad del algarrobo, un cultivo que actúa como cortafuegos natural en el Mediterráneo.