Un sondeo institucional sin calendario: Moncloa y Zarzuela sincronizan posiciones
El Gobierno ha sondeado a Felipe VI sobre la oportunidad de una llamada al rey de Marruecos, Mohamed VI, para abordar la crisis de Ceuta. Así lo confirman fuentes del Ejecutivo y de la Casa Real citadas por El País, que precisan que la llamada no se ha producido ‘de momento’.
El sondeo se canalizó a través de un ministro, según la información publicada este viernes, y no supuso una petición formal del presidente Pedro Sánchez a la Zarzuela. La Casa Real, añaden las mismas fuentes, está a la espera de ver cómo evolucionan los acontecimientos iniciados con la entrada masiva de los pasados días 30 y 31 de julio.
La Moncloa y la Zarzuela manejan un planteamiento común: cualquier intervención del Rey debe ser útil, razonable y estar alineada con la estrategia del Gobierno. Por eso la decisión sobre una eventual llamada a Mohamed VI, o incluso una visita a la ciudad autónoma, se mantiene abierta. Cuando sea útil y razonable’, resumen en la Casa Real, y siempre a petición del presidente.
El debate no es menor. Ceuta es una de las dos ciudades autónomas españolas en el norte de África y frontera terrestre con Marruecos, un socio clave en el control de los flujos migratorios. La crisis de finales de julio reactivó la presión migratoria y puso a prueba el engranaje de coordinación entre Moncloa, Interior y Exteriores. En esta redacción entendemos que el gesto de sondear al jefe del Estado responde a una lógica de prudencia institucional: el PSOE no quiere que la Corona quede expuesta ni que Marruecos interprete la llamada como un síntoma de debilidad.
Marruecos es, desde hace años, un interlocutor imprescindible para la política exterior española. La cooperación bilateral ha permitido contener flujos y mantener activos los canales de inteligencia. Una llamada del Rey a Mohamed VI tendría un valor simbólico evidente, pero también un costo político: sería la primera señal pública de que la crisis de agosto ha alcanzado un nivel que exige máxima implicación institucional. Por ahora, no ha llegado ese momento.
La clave no es si el Rey llama a Mohamed VI, sino si el Gobierno logra fijar el marco y el momento en que esa llamada sirva a la política exterior de España.
En Ferraz observan el episodio con cautela. No hay una posición pública de partido, pero fuentes de la dirección federal recuerdan que la política hacia Marruecos se decide en Moncloa y en Exteriores, no en la sede socialista. La gestión del presidente Sánchez integra el componente migratorio y el diplomático en una sola agenda: defender la frontera sur y preservar una relación estratégica que evite crisis mayores. La oposición, sin embargo, no ha tardado en mover ficha en los últimos días, exigiendo explicaciones en el Congreso por la presión migratoria,
La oposición no ha tardado en reaccionar. El PP y Vox vienen exigiendo comparecencias y explicaciones sobre la gestión de las entradas masivas de finales de julio. El Grupo Parlamentario Socialista defiende que la respuesta ha sido coordinada entre Interior, Exteriores y la administración de Ceuta, sin estridencias y con refuerzo de los efectivos. La presión migratoria no es un episodio aislado: la mayoría de los flujos migratorios sigue una dinámica estructural en la que Marruecos utiliza los flujos como palanca de negociación. Frente a ello, Moncloa apuesta por la vía diplomática y por el blindaje de la cooperación.
En la ciudad autónoma, el debate sobre la visita del Rey o del presidente Sánchez tiene una dimensión adicional: la estabilidad de Ceuta y Melilla depende de la relación bilateral. Los barones socialistas no tienen competencia directa en Ceuta, pero la lectura territorial sí importa. El Gobierno central es el responsable último de la seguridad y de la presión migratoria en la frontera sur. La ministra de Interior, el ministro de Exteriores y la vicepresidenta primera comparten la estrategia de canal institucional con Marruecos.
No hay una fecha marcada en el calendario. La Casa Real valora la oportunidad de la llamada o de la visita ‘cuando sea útil y razonable’, y el presidente Sánchez no ha movido ficha en público. El Ejecutivo tampoco ha confirmado oficialmente el sondeo, lo que mantiene el asunto en un compás de espera. La próxima semana estará condicionada por la evolución de la presión migratoria, las reuniones internas en Moncloa y cualquier señal que llegue desde Rabat.
La crisis de Ceuta como fondo entre la presión migratoria y la cooperación con Marruecos
El episodio de finales de julio ha vuelto a demostrar que Ceuta es un termómetro de la relación bilateral. La entrada masiva de aquellos días no fue improvisada, y en el Ejecutivo se asume que Marruecos mantiene capacidad de modular la presión migratoria en función de sus intereses. La respuesta de España, por ahora, ha sido combinar el refuerzo operativo con un perfil diplomático bajo. No hay anuncios de sanciones ni gestos de ruptura, lo que subraya la apuesta socialista por la cooperación.
En términos de gestión, el Ministerio del Interior ha coordinado los operativos con la administración autonómica de Ceuta, aunque las competencias de seguridad siguen recayendo en el Estado. Exteriores, por su lado, mantiene activos los contactos políticos con Rabat. Fuentes del Ejecutivo insisten en que el sondeo al Rey se produce como parte de una estrategia integral, no como un recurso aislado. La idea es que cada movimiento institucional, incluido el de la Corona, sume en un marco de estabilidad.
El Eje del Poder Socialista
Dentro del PSOE no ha estallado un debate público sobre la política marroquí, y Ferraz prefiere que siga así. La dirección federal cierra filas en torno a la acción exterior de Sánchez, consciente de que cualquier fisura en este terreno sería rentabilizada por la oposición. El papel de la Casa Real, lejos de incomodar a los socialistas, se percibe como un activo de Estado que puede ayudar a descomprimir una crisis sin contaminarla con la disputa partidista. Esa lectura estratégica explica la sintonía entre Moncloa y Zarzuela que recoge la información publicada.
El aterrizaje territorial de la crisis es tan real como simbólico. Ceuta y Melilla concentran la presión migratoria, pero el debate sobre fronteras y cooperación afecta al conjunto del país. En los territorios gobernados por el PSOE, la apuesta por una política migratoria ordenada y solidaria convive con la exigencia de seguridad. Asturias, Navarra o Castilla-La Mancha no son frontera sur, pero sus gobiernos socialistas comparten la idea de que la respuesta a una crisis como la de Ceuta no puede ser unilateral: exige una acción coordinada con Europa y con los países de origen y tránsito. El antecedente de la crisis de mayo de 2021, cuando una entrada masiva tensó al máximo las relaciones con Marruecos, sigue presente en la memoria de Moncloa y explica la cautela actual.
El riesgo inmediato es doble. Por un lado, la oposición intenta convertir la presión migratoria en un argumento contra la política exterior del Gobierno, acusándole de debilidad frente a Rabat. Por otro, una escalada no controlada obligaría a redoblar la acción institucional, con la posible comparecencia del ministro de Exteriores o la convocatoria de una sesión específica en el Congreso. Por ahora, el compás de espera que comparten Moncloa y Zarzuela es una forma de ganar tiempo para que la diplomacia dé frutos. Si la crisis se agrava, el PSOE tendrá que elegir entre intensificar los canales de alto nivel o asumir un desgaste mayor ante una opinión pública que exige respuestas concretas.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: Defensa de la frontera sur y de la cooperación bilateral como ejes irrenunciables de la política exterior socialista.
- Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE).
- Próximo hito: Posible comparecencia del ministro de Exteriores en el Congreso a petición de la oposición, pendiente de confirmar.
