Venezuela vive su peor ola de apagones desde 2019 y las empresas españolas lo notan. No es solo una mala noticia para Caracas: es un recordatorio del riesgo país que siguen monitorizando las matrices en Madrid. La advertencia del centro de análisis Americas Society no se queda en un titular: habla de una crisis eléctrica abrumadora que coincide con el peor momento posible para el país.
El aviso llega cuando la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, ha pedido racionar agua y electricidad ante el malestar social. El diagnóstico de los analistas es severo: el sistema no puede repararse, hay que reinventarlo. La urgencia creció tras los terremotos de junio, que sumaron más presión a una red ya castigada.
Cómo se ha llegado a esta ola de apagones
El deterioro no viene de un único punto. Americas Society describe presiones simultáneas: generación insuficiente, demanda en aumento y una economía que intenta recuperarse justo cuando la infraestructura se apaga. Las interrupciones se han vuelto la prueba central de la capacidad de recuperación venezolana, según el propio centro.
Para las compañías españolas con intereses en el país, el apagón no es un problema ajeno. Repsol es el gran nombre español con exposición directa al sector energético venezolano; Iberdrola, mencionada junto a ella en el radar de riesgos, ejemplifica cómo las señales regulatorias del régimen de Nicolás Maduro llegan hasta los consejos de administración en España.
El riesgo para las empresas españolas
Un apagón prolongado no es solo una avería. Para una filial española puede activar cláusulas de fuerza mayor, deteriorar activos y elevar la prima de riesgo país. La advertencia del think tank tiene una lectura directa para los equipos de riesgos corporativos: la estabilidad del suministro condiciona producción, cobros y seguridad jurídica. En un sector donde los contratos se miden en décadas, la previsibilidad eléctrica es parte del valor de la inversión.
Conviene recordar que Venezuela ha sido durante años uno de los destinos con mayor riesgo regulatorio para las inversiones extranjeras. Los arbitrajes internacionales, las nacionalizaciones y los controles cambiarios no son historia cerrada. Por eso, cuando el sistema eléctrico se degrada, la confianza no cae solo en Caracas: cae también en la valoración que los mercados hacen de la exposición española.
La crisis eléctrica venezolana coincide con el peor momento posible para la recuperación económica del país.
El precedente de 2019 y la lección para España
En 2019, Venezuela sufrió apagones masivos que paralizaron durante días hospitales, transporte y comunicaciones. Aquella secuencia dejó una lección que hoy regresa: sin electricidad estable no hay recuperación económica posible, por mucho que mejoren los precios del crudo o se relajen algunas sanciones. Para las empresas españolas, la repetición del patrón importa porque indica que el riesgo operativo sigue intacto. Y lo que está en juego no es menor: la presencia empresarial española en Venezuela, aunque reducida, sigue vinculada a la energía, la banca y los servicios.
La comparación con 2019 también matiza el optimismo de los últimos años. Entonces se habló de colapso del sistema; ahora se habla de reinventarlo. La diferencia importa: asumir que la infraestructura debe rediseñarse supone más inversión, más incertidumbre regulatoria y más tiempo. Nada de eso es neutro para una firma española con flujos en bolívares, deudas pendientes o activos por defender. La cuestión no es retórica: afecta a la valoración de filiales, a los litigios abiertos y a la capacidad de repatriar dividendos.
El siguiente paso será vigilar si el racionamiento anunciado se convierte en un plan energético con reglas claras o en una medida de emergencia sin calendario. Para la crisis venezolana, cada mes sin un marco estable de inversión aleja la posibilidad de que las empresas españolas vean retorno. Y cada apagón, por local que parezca, se traduce en riesgo: para los trabajadores, para los balances y para la imagen-país española en una región llena de contrapesos.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: La crisis eléctrica de Venezuela combina apagones, racionamiento y deterioro estructural, y el Americas Society la califica de abrumadora.
- Datos importantes: La peor ola de apagones desde 2019; racionamiento de agua y luz anunciado por Delcy Rodríguez; intereses de Repsol e Iberdrola bajo vigilancia.
- Resumen: La inestabilidad eléctrica aumenta el riesgo operativo, regulatorio y de imagen para las empresas españolas con exposición a Venezuela.

