Donald Trump ha defendido este viernes los data centers de IA: en la ubicación correcta crean empleo y bajan impuestos.
La discusión sobre estos centros de datos ya no es solo tecnológica: es política, energética y local. Mientras la gobernanza de de los grandes centros de datos enfrenta a gobernadores y legisladores, John Fetterman, senador del Partido Demócrata por Pensilvania, resumía su posición: ‘La supremacía en IA y la independencia energética sostienen nuestra seguridad nacional’.
Fetterman reaccionó a la orden ejecutiva del gobernador Josh Shapiro, que restringe nuevos proyectos en Pensilvania desde el martes. ‘China sigue alimentando y beneficiándose de nuestra sobrerreacción’, escribió en X. ‘Rechazo el alarmismo político y las hipérboles sobre los centros de datos o el catastrofismo de la IA’.
De Pensilvania a Texas: el mapa político de una infraestructura incómoda
El movimiento de Shapiro no es un caso aislado. Kathy Hochul, gobernadora de Nueva York, firmó en julio la primera moratoria estatal de un año al desarrollo de centros de datos. Greg Abbott, gobernador de Texas, pidió en agosto una auditoría de los proyectos. Michigan también debate una pausa de doce meses.
La presión llega por igual desde los dos partidos. Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez impulsan una moratoria federal hasta que el Congreso apruebe salvaguardias en la regulación de la IA en EE. UU. En Wisconsin, el republicano Tom Tiffany llama a su rival ‘David Data Center Crowley’.
Trump no comparte ese enfoque. ‘Si eliges la ubicación correcta, y no todas son perfectas, lo que significa para una comunidad son empleos, mucho dinero y menos impuestos’, declaró el viernes. Su promesa de protección al consumidor exige que las grandes tecnológicas financien la energía que consumen.
La energía es el nuevo cuello de botella de la inteligencia artificial y, en Washington, todos lo saben.
Qué ve España en este choque entre inteligencia artificial y territorio
El debate no se detiene en la costa este. Madrid, Aragón y otras comunidades compiten por atraer centros de datos mientras los ayuntamientos examinan el consumo energético de los data centers y su presión sobre el agua y la red. Las grandes nubes estadounidenses —Amazon Web Services, Google Cloud y Microsoft Azure— operan o planean infraestructura en la península.
La lógica económica que defiende Trump es la misma que seduce a los gobiernos autonómicos: inversión, empleo cualificado y nuevos ingresos fiscales. El coste, sin embargo, aparece en la factura eléctrica y en la disponibilidad de suelo industrial con acceso a red.
La Lógica de Washington
Desde la capital federal, la defensa de los data centers de IA no es una improvisación electoral. Es la continuación de una doctrina que trata la inteligencia artificial y la energía como asuntos de seguridad nacional. China no aparece como metáfora: aparece como el adversario que obliga a acelerar la construcción de infraestructura física, no solo a legislar sobre algoritmos.
Esa lógica recuerda a la reacción estadounidense tras el embargo petrolero de 1973, cuando Washington empezó a planificar la energía como una extensión de su defensa. Ahora el recurso escaso no es solo el petróleo: son los megavatios, los transformadores y el agua que necesitan los modelos de inteligencia artificial.
Trump añade un compromiso adicional: garantizar que las grandes tecnológicas que construyan esos centros financien su propia energía y no trasladen el sobrecoste a los consumidores. De cumplirse, esa promesa reduce la resistencia local, que suele nacer del temor a apagones y a subidas en el recibo de la luz. El riesgo, en todo caso, está en la ejecución: cada estado decide su propio ritmo y no todos aceptan la silla en la mesa.
Para España, la traducción es directa. Si Washington consolida este marco, la competencia por atraer proyectos se endurecerá. Los operadores estadounidenses buscarán jurisdicciones con energía barata, estabilidad regulatoria y menos fricción local. España tiene parte de esa ecuación; le falta resolver la otra: la aceptación social y la planificación eléctrica a largo plazo.
Ficha del Caso
- El caso: La defensa de los data centers de IA enfrenta a Washington con gobernadores que imponen moratorias o restricciones, mientras Trump apuesta por ubicar los centros donde beneficien fiscalmente a las comunidades.
- Datos clave: Pensilvania restringe proyectos desde el martes; Nueva York aprobó en julio una moratoria de un año; el presidente promete que las tecnológicas asuman el coste energético de sus centros.
- Para España: El choque anticipa la tensión entre soberanía energética, empleo y fiscalidad que ya viven Madrid y otras autonomías en su carrera por atraer inversión digital.

