Italia negocia con Washington la compra de 5.031 kits APKWS II para cazar drones a bajo coste. El Departamento de Estado ha aprobado una Foreign Military Sale por valor de 364 millones de dólares, pero Roma aún no ha firmado contrato y mantiene la evaluación técnica de la tecnología.
Por qué Italia quiere cazar drones con cohetes de bajo coste
La Fuerza Aérea italiana estudia incorporar el sistema de BAE Systems que convierte munición no guiada existente en arma de precisión. El APKWS II se inserta entre la cabeza de guerra y el motor del cohete, y despliega cuatro aletas plegables equipadas con sensores láser. Esa mecánica transforma un cohete de bajo coste en un interceptor guiado contra drones, sin necesidad de modificar la plataforma de lanzamiento.
La lógica operativa es clara: un dron suicida puede costar unos pocos miles de dólares y un interceptor cinético tradicional agota rápidamente los arsenales. El kit de guiado láser permite además modular la respuesta, con menor daño colateral y sin depender de los canales de suministro de misiles complejos, sometidos a cuellos de botella.
La ventaja es aritmética. Un cohete compatible cuesta menos de 100.000 euros, unos 117.000 dólares, frente a los misiles aire-aire como el AIM-120 AMRAAM, que multiplican esa cifra por diez. Para Roma, disparar munición de más de un millón de dólares contra drones producidos en serie resulta insostenible en cualquier campaña prolongada, sobre todo en escenarios de desgaste como los que la OTAN vigila en el flanco este.
El paquete autorizado incluye lanzadores, cabezas de guerra, motores de cohete y soporte técnico, y eleva el valor potencial de la operación a 364 millones de dólares, según el Departamento de Estado. ‘La venta propuesta mejorará la capacidad de Italia para hacer frente a amenazas actuales y futuras’, afirmó el Departamento de Estado en su justificación oficial de la FMS.
El Eurofighter y el precedente británico
El receptor natural de los kits sería la flota de cazas Eurofighter italiana. Este mes, un Eurofighter italiano desplegado en la misión de policía aérea de la OTAN en el Báltico derribó un dron sin identificar que había entrado en espacio aéreo de Letonia. El incidente no está vinculado oficialmente a la evaluación del APKWS, pero ilustra el tipo de amenaza que Roma quiere neutralizar sin consumir misiles de alto coste.
Derribar un dron de 20.000 dólares con un misil de un millón no es defensa: es agotar el arsenal.
En mayo, la Royal Air Force confirmó que ya emplea el sistema en sus Eurofighter. La RAF completó las pruebas y el despliegue en dos meses, tras una adquisición acelerada. ‘El APKWS da a los pilotos una opción de alta precisión para destruir objetivos aéreos y les permite atacar drones a una fracción del coste de los misiles aire-aire tradicionales’, explicó la RAF entonces.
Italia aún no ha firmado ningún contrato. Fuentes italianas citadas por Defense News sostienen que la tecnología sigue en evaluación. El paso desde la aprobación del Departamento de Estado hasta una Foreign Military Sale cerrada puede demorarse, y Roma no ha definido todavía cuántos kits corresponderían a la Fuerza Aérea ni el calendario exacto de integración en el Eurofighter.
El precedente británico es importante, pero no automático. Cada Eurofighter necesita una integración de software y certificación de seguridad para emplear el APKWS, y las condiciones del programa italiano pueden diferir de la vía rápida de la RAF. Aun así, el historial británico ya ha despejado buena parte del camino técnico en la plataforma.

Equilibrio de Poder
En Washington, la aprobación encaja con la lógica de vender soluciones asequibles a los aliados europeos mientras se mantiene la presión para que aumenten su gasto en defensa. La administración estadounidense no regala interoperabilidad: cada lote aprobado refuerza el vínculo industrial y logístico de Italia con la base tecnológica de EE.UU. Para Bruselas, mientras, la decisión italiana anticipa un giro más amplio en la defensa aérea europea: priorizar capas baratas frente a enjambres de drones y reservar los misiles de alto valor para amenazas tripuladas o de crucero.
Moscú seguirá atento. La expansión de kits de guiado de bajo coste en las flotas europeas no altera el equilibrio nuclear, pero sí complica el empleo de drones rusos y de terceros en los flancos de la OTAN. El mensaje político es de adaptación: se trata de asfixiar la amenaza de desgaste sin romper la doctrina de defensa aérea tradicional.
Para España, el precedente italiano es relevante. La Fuerza Aérea española opera el mismo caza Eurofighter y comparte los mismos dilemas presupuestarios en un contexto de rearme. La defensa nacional no puede afrontar todas las amenazas con misiles de coste unitario creciente. Si el APKWS se consolida en la OTAN, Madrid tendrá un argumento técnico para adquirir una capacidad similar sin cambiar de plataforma, aunque necesitará un margen de de maniobra presupuestario que hoy no está resuelto. El reto en la frontera sur y el Sahel no es un enjambre de cazas, sino una proliferación de drones ligeros, precisamente el blanco que el kit está diseñado para derribar.
La lectura a cinco años apunta a una europeización del sistema y a contratos multianuales de munición guiada de bajo coste, más que a un cambio de doctrina profundo. La verdadera cuestión es si los socios europeos financiarán capacidad industrial propia o aceptarán una dependencia estructural de los kits estadounidenses. Roma, por ahora, prefiere probar el atajo de BAE Systems antes de apostar por un programa continental.
De confirmarse, Italia se sumaría al club europeo que ya ha adoptado el APKWS, con Reino Unido como primer usuario en Eurofighter. Para la OTAN, el dato importa: la defensa contra drones de bajo coste deja de ser experimento y se convierte en requisito de flota.
