4Rascafría: el monasterio de El Paular y los colores del otoño
El argumento principal de Rascafría tiene nombre y apellidos: el Real Monasterio de Santa María de El Paular, fundado en 1390 por mandato de Juan I de Castilla. A unos 80 kilómetros de la capital y a más de 1.100 metros de altitud, en el valle alto del Lozoya, este conjunto fundado por los cartujos y hoy habitado por monjes benedictinos es el gran hito patrimonial de la sierra de Guadarrama. Su claustro principal alberga la serie de pinturas de Vicente Carducho sobre la vida de San Bruno, un tesoro que por sí solo justifica la visita guiada, cuyo precio ronda los 7 euros (con tarifa reducida de 4 para mayores de 65 y grupos, y de 3 para niños). Septiembre, con el verano ya en retirada y los primeros aires frescos, es un buen momento para recorrerlo sin aglomeraciones: la luz baja de otra manera y el valle comienza a preparar su cambio de vestuario.
Alrededor del monasterio, el paisaje se encadena en una de las estampas más fotogénicas de la Comunidad de Madrid. El Puente del Perdón, levantado en el siglo XVIII sobre el río Lozoya, da paso a la Senda de los Batanes, donde los monjes fabricaron el papel con el que se imprimió la primera edición de El Quijote. Un poco más allá espera el Bosque Finlandés, con su laguna, el embarcadero y los abedules que en pleno otoño se tiñen de dorado y que en septiembre empiezan a despertar del verde intenso del verano. Entre pinares, robledales y el rumor del agua, las rutas de baja dificultad permiten estrenar la estación con calma, cruzando puentes de piedra y descubriendo rincones que, sin salir de Madrid, parecen sacados de un paisaje nórdico.

