7 pueblos de Madrid perfectos para una escapada en septiembre sin salir de la Comunidad

8
Colmenar de Oreja: un laberinto subterráneo de bodegas

Túnel de piedra melancólico en las Catacumbas de París, poco iluminado y misterioso.

Colmenar de Oreja se autoproclama la Ciudad del Vino de Madrid y no es un eslogan vacío: bajo su casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural, se esconde una red de galerías excavadas a mano que convierten el subsuelo en un laberinto digno de un queso gruyer. Hace un siglo, la villa llegó a reunir cerca de 150 cuevas, porque cada familia abría la suya con pico y pala bajo la propia casa para criar su vino. Fueron talladas en la piedra caliza local, la misma que levantó la fuente de Cibeles, el Palacio Real o Aranjuez, y en su interior aún reposan tinajas de barro centenarias del tamaño de una persona. A unos 60 kilómetros de la capital, este entramado sigue siendo la seña de identidad de un pueblo que llegó a abastecer de tinajas a todas las zonas vinícolas del país.

Descender a ese subsuelo es el plan estrella, y las bodegas familiares lo ponen fácil con visitas guiadas. En Bodegas Peral se recorre un laberinto de 1882 entre tinajas de la misma época y sus vinos de «sobremadre»; en Jesús Díaz e Hijos, la primera bodega de la D.O. Vinos de Madrid, la cueva baja más de 12 metros, con temperatura constante y 17 tinajas de 5.000 litros; en Pedro García, una gruta del siglo XVII cría sus espumosos. Todas culminan en cata, con precios que arrancan en torno a los 10 euros. Septiembre, además, es el mejor momento: la villa vive la vendimia, las bodegas trabajan a pleno rendimiento y el viajero puede ver el mosto bullendo en las tinajas mientras el termómetro, a varios metros de profundidad, no pasa de 15 grados. El broche, en su monumental Plaza Mayor.