La Administración Trump ha censurado por carta a Ford por su alianza con Geely en Almussafes, una advertencia de «seguridad nacional».
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El secretario de Transporte de EE UU, Sean Duffy, envió una carta a Ford en la que cita la joint venture con Geely en la planta valenciana como riesgo para la seguridad nacional.
- ¿Quién está detrás? La Administración Trump; responde Ford ante un acuerdo avalado por el Gobierno de España y la Generalitat Valenciana.
- ¿Qué impacto tiene? Presión geopolítica sobre la fábrica de Almussafes y sobre el futuro industrial de la Comunitat Valenciana.
La carta que sitúa a Almussafes en el centro del pulso entre Washington y Pekín
La misiva, firmada por Sean Duffy y dirigida al presidente y consejero delegado de Ford, Jim Farley, acusa a la compañía de aumentar su dependencia de China, país que la Administración Trump define como «adversario extranjero». En concreto, cita dos decisiones estratégicas: la alianza en Almussafes con Geely y el uso de tecnología licenciada del fabricante chino de baterías CATL en su planta de Marshall, en Michigan.
El argumento de Washington es directo. «Cuando una empresa decide deliberadamente aumentar su dependencia operativa de competidores estratégicos, deja de ser el socio confiable que el público estadounidense y el Departamento de Transporte requieren», sostiene la carta. Duffy añade que recurrir a tecnología china va «en contra del espíritu de las políticas estadounidenses en materia de seguridad nacional y económica y de independencia de las cadenas de suministro».
La referencia a Almussafes no es anecdótica. La fábrica valenciana, que hasta ahora sobrevivía únicamente con la producción del Kuga, quedó desde julio bajo control de Ford con un 66% y de Geely con un 34%. El acuerdo, una joint venture avalada por el Gobierno de España y por la Generalitat Valenciana (con Juanfran Pérez Llorca como president), contempla la fabricación de hasta cinco modelos de ambas marcas.
Ford ha respondido con dureza. Según recoge AFP, la empresa asegura que las críticas de Duffy contienen «errores de hecho» y presentan de forma equivocada sus actividades. «Si el secretario Duffy se hubiera puesto en contacto con nosotros antes de enviar su carta a la prensa, habríamos estado encantados de proporcionarle más detalles sobre el compromiso de Ford con Estados Unidos», declaró la compañía.
Para la planta valenciana, la presión estadounidense introduce una variable imprevista. El aval institucional español y el acuerdo con Geely fueron celebrados como la garantía de supervivencia de una factoría que llevaba años recortando producción. Ahora, la Administración Trump coloca ese respaldo y el propio futuro de la planta en una ecuación geopolítica que supera a Almussafes.
La alianza con Geely prometía estabilidad para Almussafes; la carta de Washington convierte cada modelo futuro en una apuesta geopolítica entre dos grandes potencias.
Qué se juega Almussafes y por qué la plantilla mira de nuevo a Washington
Más allá del choque corporativo, el impacto se mide en puestos de trabajo. La factoría de Almussafes lleva años sufriendo recortes de producción y su plantilla ha asumido una incertidumbre crónica. La joint venture con Geely se presentó como el punto de inflexión que devolvería carga de trabajo a la planta; ahora, la carta de Washington introduce una nueva condición externa.
De momento, el Departamento de Transporte no ha anunciado sanciones ni una intervención formal, pero la carta ya es en sí misma un aviso político de gran calado. El temor en Valencia es que la presión se traduzca en un nuevo aplazamiento de los modelos comprometidos. Las decisiones de las multinacionales del motor ya no se explican solo por la demanda: también por los vetos cruzados entre Estados Unidos y China.
El Escenario Valenciano
La polémica llega en un momento delicado para la industria de la Comunitat Valenciana. La factoría de Almussafes ha pasado de ser el corazón del automóvil valenciano a un símbolo de la dependencia de decisiones tomadas en Detroit, Madrid, Pekín y, ahora, Washington. El Consell de Pérez Llorca y el Gobierno de España avalaron la alianza con Geely para evitar un cierre traumático; hoy, ese aval se convierte en otro frente en la guerra comercial entre Estados Unidos y China.
A escala nacional, la carta de Duffy apunta al PSOE y al PP valenciano: el apoyo institucional al acuerdo fue transversal. El Gobierno de Pedro Sánchez y la Generalitat Valenciana compartieron la lectura de que una operación con capital chino era preferible a una desinversión de Ford. La Administración Trump, en cambio, lo interpreta como dependencia de un competidor estratégico. El debate en el Congreso y en las Corts puede reabrirse si la presión estadounidense condiciona los futuros planes de producción.
La proyección inmediata apunta a una negociación silenciosa. Ford tendrá que medir el coste de enfrentarse a Washington frente al coste industrial de abandonar Almussafes. En las próximas semanas, la atención se centrará en si la compañía mantiene el calendario de la joint venture o introduce cambios para aplacar al Departamento de Transporte. Los trabajadores de la planta, que ya han vivido años de ajustes, observan otra vez una batalla que no han elegido.
Ficha del Caso
- El caso: La Administración Trump envía una carta a Ford por su alianza con Geely en Almussafes y alerta de riesgos de seguridad nacional.
- Datos importantes: Joint venture desde julio: Ford 66%, Geely 34%; aval de España y la Generalitat; hasta cinco modelos previstos.
- Resumen: El pulso Washington-Pekín se instala en una factoría valenciana y convierte el respaldo institucional al acuerdo en objeto de controversia geopolítica.
