La Fiscalía alerta del arsenal de armas de guerra del narcotráfico en Andalucía: de AK-47 a lanzacohetes en Cádiz

La memoria de la Fiscalía General del Estado constata la extensión del arsenal de las redes del narcotráfico por Almería, Sevilla y Cádiz. De los fusiles AK-47 al lanzacohetes, la presión criminal se ha sofisticado en toda la comunidad.

La Fiscalía General del Estado ha puesto cifras y nombres propios a una realidad que ya era visible en el litoral andaluz: el narcotráfico que opera en el sur de la Península maneja ya armas de guerra, desde fusiles AK-47 hasta lanzacohetes. Lo hace en su memoria anual de 2025, presentada este jueves en el Tribunal Supremo, con el foco puesto en Cádiz, Almería y Sevilla.

El Ministerio Público advierte de una violencia «cada vez más visible» y de organizaciones que usan su armamento «no solo contra otros clanes, sino abiertamente contra los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad». La memoria recoge una presencia creciente de bandas procedentes de los Balcanes y de Ucrania, muy profesionalizadas y vinculadas a los ‘vuelcos’ o robos de droga.

De Kalashnikov a lanzacohetes: el arsenal incautado

En Cádiz, la Fiscalía ha incoado 24 procedimientos por tenencia ilícita de armas. En tres operaciones distintas se incautaron cuatro fusiles AK-47 en Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda. En los entornos de Barbate y Chiclana se intervinieron además armas automáticas, subfusiles y fusiles.

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La provincia de Almería presenta una situación aún más llamativa: 78 armas de fuego intervenidas, varios subfusiles e incluso un lanzacohetes. La provincia concentra además un desplazamiento creciente de las narcolanchas y un aumento exponencial de la cocaína incautada: 1.255 kilos frente a los 324 del ejercicio anterior, un 287 por ciento más.

La memoria también se detiene en Sevilla, donde se incautan cada vez más armas de fuego. El documento cita el caso de Coria del Río, donde se intervinieron armas de guerra con las que los narcotraficantes abrieron fuego contra la policía durante una operación desarrollada el 9 de noviembre en Isla Mayor.

El tráfico de cocaína gana peso en Cádiz, Sevilla y Huelva. En Algeciras, la vía tradicional de los contenedores sigue activa, mientras que en Barbate, Sanlúcar de Barrameda y el Guadalquivir las semirrígidas ya no solo transportan hachís: también mueven cocaína con normalidad.

El arsenal incautado en Cádiz, Almería y Sevilla confirma que el narcotráfico andaluz ya no se limita al hachís: hablamos de armas de guerra en manos de bandas profesionalizadas.

Narcolanchas, petaqueo y una geografía que se recalienta

Las narcolanchas y el ‘petaqueo’ se han convertido en los dos instrumentos clave del tráfico de drogas en la comunidad. La Fiscalía señala que Almería sufre el desplazamiento de estos puntos de alijo hacia sus costas; la resina de cannabis incautada supera ya las 18 toneladas, frente a las cuatro del año anterior, un 350 por ciento más.

Huelva es la segunda provincia andaluza en cantidad de hachís incautado: 63.301 kilos, un 201,8 por ciento más que los 20.975 de 2024. En Granada, el cultivo ‘indoor’ se mantiene, pero cada vez más lo controlan organizaciones extranjeras —albanesas, lituanas u holandesas— que llegan a expulsar de sus viviendas de forma violenta a los vecinos tradicionales, según el Ministerio Fiscal.

En Málaga y Marbella la criminalidad es «más sofisticada y menos evidente que la sufrida por Cádiz o Huelva, pero no menos peligrosa». Allí se asientan grandes organizaciones dedicadas a todo tipo de tráficos y al blanqueo mediante entramados empresariales cuya investigación se alarga, advierte la Fiscalía, por la ausencia de una estructura judicial adecuada.

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La Lectura Andaluza

El aviso de la Fiscalía General del Estado no es un episodio aislado, sino la confirmación de una tendencia que los vecinos del litoral perciben desde hace años. La crisis vivida en Barbate en 2023 con el asesinato de dos guardias civiles marcó un punto de inflexión, y la memoria recoge «situaciones límite» que siguen repitiéndose: en octubre del año pasado, un cabo de la Guardia Nacional Republicana de Portugal murió al colisionar su embarcación con una narcolancha en el Guadiana, con tres agentes más heridos.

Para los ciudadanos andaluces, la lectura práctica es directa: las narcolanchas se están desplazando hacia Huelva, Almería y Málaga y, con ellas, llegan más armas de fuego a municipios que hasta ahora vivían lejos de la violencia del Estrecho. El uso de armamento de guerra ya no queda restringido a los clanes de Cádiz; se extiende por Sevilla y Almería, y eso cambia el riesgo para los agentes y para la seguridad de los barrios.

La proyección inmediata es la apertura del nuevo año judicial y la presión institucional para reforzar la vigilancia del Guadalquivir, el Estrecho y las rutas atlánticas. La Fiscalía no pide solo más medios: reclama una estructura judicial adecuada para investigar los entramados de blanqueo. Andalucía vuelve a estar en el centro del mapa del crimen organizado, pero también en el foco de las respuestas que se decidan en los próximos meses.