España empezará a construir el centro IMEC de Málaga en el primer trimestre de 2027. Será el primer laboratorio del instituto belga fuera de Bélgica y la infraestructura de semiconductores más avanzada del país: una sala blanca de 2.000 metros cuadrados, 60 máquinas para obleas de 300 milímetros y más de 600 millones de euros de inversión.
Claves de la operación
- 600 millones con doble financiación pública. El Gobierno aporta 500 a través del PERTE Chip y la Junta de Andalucía financia el resto, suelo incluido. Solo la sala blanca cuesta 267 millones.
- Prototipado, no fabricación en serie. El centro no competirá con las fundiciones asiáticas: validará diseños y procesos que después producirán otros.
- Efecto sede sobre el empleo local. El proyecto contempla 200 puestos directos, 500 indirectos en la ciudad y 1.000 adicionales en el territorio.
IMEC son las siglas de Interuniversity Microelectronic Centre, un instituto fundado hace cuatro décadas en la ciudad belga de Lovaina. No fabrica chips: es el laboratorio donde universidades y grandes tecnológicas prueban diseños y procesos antes de que lleguen a la producción industrial. Su sala blanca en Bélgica ocupa 12.000 metros cuadrados y costó unos 2.500 millones de euros.
La instalación malagueña se levantará en el Málaga TechPark y replica el modelo de Lovaina en formato reducido: 2.000 metros cuadrados de sala blanca y 60 máquinas preparadas para operar obleas de silicio de 300 milímetros, la más avanzada del país. No será una fundición al estilo de TSMC. Prototipará chips que después se fabricarán en masa en otros lugares.
El calendario ya tiene fecha. Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, y Patrick Vandenameele, consejero delegado de IMEC, confirmaron que las obras arrancarán en el primer trimestre de 2027. La inversión total supera los 600 millones de euros: el Gobierno aporta 500 vía PERTE Chip y la Junta de Andalucía pone el resto, incluido el suelo. La sala blanca se lleva 267 millones de esa cantidad.
López subrayó en la presentación que los chips son ‘una pieza crítica en el engranaje de la economía mundial’ y que ni Europa ni España pueden quedarse rezagadas, con el auge de la inteligencia artificial empujando la demanda de silicio. El proyecto prevé 200 empleos directos y 500 indirectos en la ciudad, además de 1.000 adicionales en el conjunto del territorio.
Europa ha aprendido que la soberanía tecnológica no se compra: se construye sala blanca a sala blanca, siempre con años de retraso respecto a lo prometido.
Por qué Málaga y no Lovaina: el nuevo reparto europeo del I+D de chips
La elección combina un ecosistema tecnológico ya asentado, un tejido universitario capaz de nutrir plantillas especializadas y suelo disponible con financiación autonómica. Ese es el paquete que el Ministerio y la Junta venden como diferencial frente a otras candidatas. En el reparto europeo, España se queda en el eslabón del prototipado: las grandes inversiones de fabricación se han concentrado en Alemania, mientras aquí se valida lo que otros producirán.
Cada una de las 60 máquinas arrastrará contratos de mantenimiento, consumibles, metrología y servicios técnicos que hoy se contratan fuera de España. El valor está en la cadena de proveedores que arraigue. Ahí se juega Málaga la diferencia entre tener un centro y tener un sector. Queda la parte difícil.
ASML y el cuello de botella que Europa todavía no resuelve
El centro se apoya en la misma arquitectura de socios que Lovaina, con ASML en el centro de la ecuación. El fabricante neerlandés de equipos de litografía domina la producción mundial de chips y se ha convertido en el cuello de botella más caro de la cadena. Europa controla buena parte de la maquinaria y de la investigación, pero solo una fracción de la fabricación mundial.
IMEC no resuelve ese déficit por sí solo. Su aportación es la de un laboratorio que acorta el tiempo entre una idea y una oblea funcional, un servicio que las tecnológicas pagan caro. España entra así en una red donde competirá por proyectos con Flandes y con los centros de investigación franceses. La ventaja de Málaga será el coste y la disponibilidad de perfiles técnicos, no la escala.

Talento, vivienda y las promesas tecnológicas que Málaga ya conoce
Málaga lleva años vendiendo tecnología en titulares. El Hyperloop que nunca llegó funciona como advertencia: anuncio grande, calendario difuso, resultado incierto. Lo que cambia esta vez es que hay presupuesto desglosado, fecha de obra y un socio extranjero que no firma cheques en blanco.
El riesgo inmediato no es técnico, es humano. La propia ciudad reconoce que el precio de la vivienda ya expulsa a perfiles técnicos, un problema que no se arregla con hormigón ni con subvenciones. Sin ingenieros y técnicos de proceso que puedan vivir cerca del parque, la sala blanca más avanzada de España puede operar por debajo de su capacidad.
Hay una segunda vulnerabilidad que conviene nombrar sin adornos: ninguna compañía del IBEX 35 fabrica semiconductores. El parqué español cotiza banca, energía, infraestructuras y turismo, así que la exposición del país al negocio del chip depende de dinero público y de multinacionales ajenas. Sin clientes españoles que anclen la demanda, será un activo europeo más que una palanca propia.
Seguimos el proyecto con la prudencia que impone la trayectoria: el sector español acumula más anuncios que plantas. Aquí, al menos, hay métricas verificables. A lo largo de 2027 sabremos si las 60 máquinas se instalan según el calendario, si la mayoría de los 200 puestos directos se cubre con talento local y si aparece un primer cliente ancla. Esos tres datos valdrán más que cualquier presentación institucional.

