Vox culpa a la inmigración de la delincuencia y la saturación de Osakidetza en el Parlamento Vasco

La única parlamentaria de Vox en Euskadi, Amaia Martínez Grisaleña, atribuye al fenómeno migratorio los delitos, la vivienda y la presión sobre Osakidetza. Su intervención en el debate de política general aprieta la pugna con el PP por el electorado de la derecha.

Vox reclama ‘prioridad nacional’ en Euskadi y responsabiliza a la inmigración de la delincuencia, la vivienda y el colapso de Osakidetza.

La única parlamentaria de la formación en la Cámara vasca, Amaia Martínez Grisaleña, ha llevado ese mensaje al debate de política general del Parlamento Vasco, donde ha repartido su intervención entre la crítica a la gestión del lehendakari Imanol Pradales y una acusación sin matices a los extranjeros. Es la única mujer que ha tomado la palabra en la sesión: el resto de líderes y portavoces de los grupos son hombres.

Qué sostiene Vox y con qué argumentos lo defiende

El argumentario parte de una idea central. Para Vox, la inmigración ilegal no es un asunto que admita matices de gestión, sino el origen de los principales problemas que arrastran los vascos. Según la intervención recogida por los medios acreditados en la Cámara, Martínez Grisaleña ha vinculado a los extranjeros con los asesinatos, las tentativas de homicidio, las agresiones sexuales y los robos con violencia registrados en Euskadi. También con la dificultad de acceso a la vivienda y con el colapso de Osakidetza, el servicio público de salud vasco.

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Sobre el sistema sanitario, la portavoz ha asegurado que consume ‘millones y millones’ en atender a personas en situación irregular y que esa factura acaba condicionando la atención que recibe el resto de la ciudadanía. Su conclusión cabe en dos palabras: más ‘prioridad nacional’. Desde esa lógica, el partido sostiene que opera desde el ‘sentido común’ y que el ‘mantra’ de acusarle de ‘racismo y xenofobia’ —términos que la propia parlamentaria puso sobre la mesa— ‘ya no funciona’. La ‘tropa de progres’, ha añadido, no puede seguir tapando la evidencia.

La dirigente vasca ha completado su intervención con dos frentes adicionales. Ha criticado la política de impulso del euskera y ha acusado a Pradales de dar ‘queroseno’ a la ‘ultraizquierda separatista’ por no respaldar a la selección española de fútbol. Y ha afeado la gestión penitenciaria del Ejecutivo autonómico, que a su juicio se emplea para beneficiar a presos de ETA y para humillar a las víctimas.

Vox convierte el debate de política general en un pulso de marco: si la inmigración explica la delincuencia y la presión sanitaria, la respuesta no admite medidas intermedias.

Qué recorrido tiene el diagnóstico y cómo responde el Gobierno

Martínez Grisaleña

El recorrido parlamentario de esa tesis es, por aritmética, limitado. Vox dispone de un solo escaño en la Cámara vasca, el de Martínez Grisaleña, y ninguna de sus iniciativas puede prosperar sin apoyos que hoy no tiene amarrados. Su papel es fijar posición y marcar el terreno del debate.

Se trata de la cita anual en la que el lehendakari expone su programa y los grupos parlamentarios fijan posición. No conlleva votación de investidura ni moción de censura, pero ordena la agenda del curso político y mide la solidez de la mayoría que sostiene al Ejecutivo.

Ante ese diagnóstico, el Gobierno de Pradales y los grupos que lo sostienen responden con el argumento contrario: vincular inmigración y delincuencia es una simplificación interesada. El lehendakari ha reclamado al Ejecutivo de Pedro Sánchez un discurso responsable en la materia y ha dejado caer que sería bueno cerrar la legislatura española con un ‘apretón de manos’. La distancia entre ambos marcos, el de la gestión y el de la ‘prioridad nacional’, es el eje del perfil de Vox.

La estrategia de Vox en Euskadi

El movimiento de Martínez Grisaleña encaja en una pauta reconocible. Vox utiliza los debates de política general —la sesión anual en la que cada grupo fija su posición ante el conjunto de la acción de Gobierno— para instalar marcos antes que para negociar articulado.

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Ocurrió ya en el debate de investidura de 2024, cuando la parlamentaria votó en contra de Pradales, y vuelve a ocurrir ahora con un giro llamativo: entonces describió al lehendakari como un ‘soplo de aire fresco’ y hoy da por constatado su fracaso. En otras comparecencias había llegado a decir que echaba de menos a Iñigo Urkullu.

La apuesta no es nueva. Vox ha convertido la inmigración ilegal en su eje de oposición en todas las cámaras donde tiene representación, y en Euskadi encuentra un escenario con tres frentes sensibles: la sanidad pública, el acceso a la vivienda y la seguridad ciudadana. Martínez Grisaleña los ha unido en una sola intervención y ha pedido para ello ‘prioridad nacional’.

El precedente importa porque dibuja el tono con el que el partido piensa competir en el próximo ciclo electoral vasco. Con una representación mínima y sin expectativa real de gobernar, Vox apuesta por la claridad de su discurso en inmigración, seguridad y sanidad como vía para crecer en un electorado que el PP también disputa. La pugna por la derecha en Euskadi sigue abierta, y una cita como esta funciona como escaparate.

Queda por ver si el marco se traduce en respaldo en las urnas o se queda en testimonio parlamentario. En la Cámara vasca, la relación de fuerzas no se mueve. En la calle, Vox confía en que sí.