Alemania acusa a Costa de perder «el contacto con la realidad» por los impuestos del presupuesto UE MFP

Krichbaum reprocha al presidente del Consejo Europeo su defensa de nuevos impuestos comunitarios en plena negociación del próximo marco de siete años. Dublín presentará a principios de octubre el documento de cifras que abre el tramo decisivo del pulso.

El ministro alemán de Europa ha reprochado a António Costa su ‘falta de realismo’ en la negociación del presupuesto UE MFP. Gunther Krichbaum, a su llegada a la reunión de ministros de Europa en Bruselas, ha calificado de ‘no muy útil’ la entrevista en la que el presidente del Consejo Europeo defendió nuevos impuestos comunitarios. El choque abre el tramo decisivo de una negociación que definirá cuánto gasta la Unión en su próximo marco de siete años.

Del aplauso de Dublín al golpe de mesa de Berlín

Krichbaum no se ha quedado en la anécdota. ‘Uno tiene que preguntarse si el señor Costa ha perdido por completo el contacto con la realidad’, ha declarado ante los periodistas en Bruselas. Y ha rematado con la frase que resume la posición alemana: ‘Los presupuestos nacionales están bajo una presión enorme y todo el mundo sabe que el cielo no es el límite’.

El detonante es la entrevista que Costa concedió a POLITICO en Dublín, al cierre de una gira que le ha llevado por 25 capitales europeas durante el último mes. En ella sostiene que aceptar nuevos recursos propios —impuestos de ámbito europeo que alimentan las arcas comunitarias— es la vía para evitar recortes severos y para contener las aportaciones nacionales. También avisa de que los tijeretazos a la propuesta de la Comisión, de cerca de dos billones de euros, se toparían con la oposición de muchos gobiernos.

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Conviene recordar de qué se habla cuando se menciona el marco financiero plurianual. Es el presupuesto de siete años de la Unión y su cara B son los recursos propios: aranceles aduaneros, un porcentaje del IVA recaudado en cada país, la contribución sobre el plástico no reciclado, y los cheques que giran las capitales. Cuando Bruselas propone una figura nueva —una tasa digital, un gravamen sobre el carbono importado o un tributo a las grandes fortunas— el debate deja de ser técnico. Se convierte en político. Quien paga manda, y quien manda no quiere pagar más.

La presidencia irlandesa mueve ficha y Costa asume el mando en octubre

António Costa

La presidencia irlandesa del Consejo de la UE, que lleva la batuta de la negociación, ha pedido este martes a los ministros que desvelen dónde están dispuestos a ceder en los asuntos más sensibles: los recortes de gasto y los recursos propios, los dos frentes que Berlín quiere mantener separados. Dublín presentará a principios de octubre un nuevo documento de negociación —el negobox, la caja con las cifras y las opciones que se ponen encima de la mesa— y será entonces cuando el texto empiece a moverse de verdad. Costa asumirá el mando después del Consejo Europeo de octubre, cuando los líderes reaccionen a la propuesta irlandesa.

Alemania y sus aliados del norte, el bloque de países cuya aportación supera lo que reciben de Bruselas, empujan en la dirección contraria. Quieren recortar cientos de miles de millones y sostienen que los nuevos impuestos europeos no son una alternativa a los recortes. El guion ya se vio en la cumbre de julio de 2020, cuando los contribuyentes netos forzaron una rebaja de la propuesta de la Comisión y una poda del fondo de recuperación tras cuatro días de negociación maratoniana. Ahora el calendario es más largo. El pulso, idéntico.

Costa deja de ser el árbitro neutral: Berlín acaba de acusarle de perder el juicio presupuestario antes de asumir el mando de la negociación.

El Eje del Poder Europeo

La geometría del pulso es un clásico de la política comunitaria. Alemania capitanea al bloque de contribuyentes netos del norte, esos países que cada año ingresan en Bruselas más de lo que reciben. Frente a ellos, el sur —España, Italia, Portugal y Grecia— defiende que el presupuesto siga siendo una herramienta de convergencia y no una caja de retorno. Francia ocupa una silla incómoda: es contribuyente neta, pero no puede permitirse que se recorten la política agraria común ni los fondos con los que financia sus proyectos de defensa. Y el este, empezando por Polonia, el mayor receptor de fondos de cohesión, no tiene ningún incentivo para firmar una poda drástica.

España juega en el bando de los que piden mantener el volumen de gasto y abrir la puerta a nuevos recursos propios. Es beneficiaria neta: recibe más de lo que aporta, y ese saldo sostiene la política de cohesión, la PAC y los fondos de transición energética que han financiado buena parte de la inversión pública de la última década. Con el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia en su recta final —y sin sucesor claro a la vista—, el próximo MFP es la única red que queda bajo los pies de las comunidades autónomas y del tejido productivo. Cada euro recortado engorda el debate interno sobre la financiación autonómica y deja al Gobierno sin margen para vender victorias en Bruselas.

La lectura a cinco años es más incómoda de lo que parece. Si el eje frugal impone su tesis, el presupuesto europeo dejará de ser un instrumento de convergencia y se convertirá en una caja de compensaciones, con rebates, cheques y excepciones nacionales. Ese modelo ya se ensayó en 2013 y en 2020, y en ambos casos el resultado fue el mismo: menos dinero para los que más lo necesitan y más poder de veto para los que más aportan. Las próximas semanas servirán de prueba. La unanimidad que exige cualquier decisión sobre recursos propios, con ratificación posterior en los parlamentos nacionales, convierte a Berlín en un árbitro con capacidad de bloqueo. Y Berlín acaba de dejar claro que piensa usarlo.

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