El acelerador IFMIF-DONES arranca en Escúzar con 100.000 metros cuadrados de terreno en preparación a 24 kilómetros de Granada.
Pedro Fernández, delegado del Gobierno de España en Andalucía, visitó este martes los trabajos en Escúzar y subrayó que «se están cumpliendo todos los hitos previstos»: la elevación del edificio principal arranca tras el verano, tal y como se había anunciado.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Han comenzado las obras de la primera fase del edificio que albergará el acelerador, con la preparación de 100.000 metros cuadrados de terreno.
- ¿Dónde y quién? En la Ciudad Industrial, Tecnológica y Área de Innovación (CITAI) de Escúzar, a 24 kilómetros de Granada. Impulsa el proyecto el consorcio IFMIF-DONES con respaldo del Gobierno de España.
- ¿Qué supone para los ciudadanos? Empleo científico en una comarca de 1.000 habitantes, con 34 procesos selectivos abiertos y unas 700 solicitudes, y el desarrollo de una energía de fusión limpia e ilimitada.
Una primera fase de 100.000 metros cuadrados en la CITAI
Los trabajos se ejecutan en la Ciudad Industrial, Tecnológica y Área de Innovación de Escúzar, donde la primera fase se centra en la preparación del terreno sobre 100.000 metros cuadrados. Después llegará la construcción de la estructura: la elevación del edificio comenzará en un par de meses, según el calendario que maneja el consorcio.
El municipio roza los 1.000 habitantes y está a 24 kilómetros de la capital granadina. Ese tamaño explica la magnitud del salto: una instalación científica de referencia internacional en el entorno metropolitano de Granada, llamada a cambiar la economía de toda la comarca.
La instalación es, en esencia, una fuente de neutrones basada en un acelerador de partículas de alta corriente. Su función es desarrollar, cualificar y licenciar los materiales capaces de soportar las condiciones extremas a las que estarán expuestos los componentes de la primera pared del futuro reactor de fusión.
Hoy, los datos y normas de los materiales de ingeniería proceden de campañas de irradiación de neutrones de fisión y no cubren por completo las energías neutrónicas ni las temperaturas de funcionamiento. Ese hueco tecnológico es el que viene a llenar la instalación andaluza, con aplicaciones que abarcan la medicina, la física nuclear y la industria.
En un municipio de 1.000 habitantes, Andalucía aspira a producir el conocimiento que alumbrará una energía de fusión limpia e ilimitada.
La meta última es la energía de fusión, un modelo limpio e ilimitado similar al del centro del sol y de las estrellas. De ahí el interés que despierta el proyecto entre la comunidad investigadora internacional y la expectación con la que se siguen cada uno de sus avances en Escúzar.
252,7 millones para el convenio y 34 procesos de selección abiertos

El respaldo económico llega por vía estatal. El Consejo de Ministros aprobó este mes la adenda al convenio para el periodo 2028-2037, dotada con 252,7 millones de euros, de los que 130,1 millones aporta el Gobierno de España, más de la mitad del total.
En paralelo, el proyecto gana músculo humano. El director interino del consorcio, Moisés Weber, pilota una fase en la que se prevé una plantilla de unas 100 personas para final de año, con 34 procesos selectivos en tramitación y alrededor de 700 solicitudes recibidas.
Queda por resolver el nudo eléctrico. El delegado calificó como «elemento imprescindible» la Subestación Saleres de 220 kV e instó a la Junta de Andalucía a agilizar su tramitación para acompasarla al desarrollo de las obras. La autorización de este tipo de infraestructuras de alta tensión corresponde a la administración autonómica, que tramita los expedientes a través de la consejería competente en materia de energía, y resulta clave para atender las nuevas demandas energéticas asociadas al complejo y a otros proyectos de la provincia.
La Lectura Andaluza
Andalucía lleva años intentando pasar de la periferia al centro del mapa científico, y pocas veces ha tenido una oportunidad tan tangible como esta. El proyecto de Escúzar combina financiación estatal —más de 130 millones para el convenio 2028-2037— con la gestión autonómica de los permisos y el empuje del tejido investigador de Granada. Su efecto trasciende el presupuesto: fija en la comunidad una infraestructura que aparecerá en publicaciones científicas de medio mundo.
El valor de proximidad se mide en empleo y en talento. Un municipio de 1.000 habitantes que aspira a un centenar de puestos cualificados multiplica su economía local —hostelería, vivienda, servicios y empresas auxiliares— y ofrece una salida profesional a los investigadores que hoy tienen que marcharse fuera para trabajar en proyectos de vanguardia. Para Granada, además, es un argumento de peso para retener industria tecnológica en su entorno.
Lo que viene tiene calendario. La estructura del edificio principal debería empezar a levantarse en un par de meses; la plantilla se acercará al centenar antes de que acabe el año; y el convenio firmado garantiza financiación hasta 2037. El siguiente hito administrativo es la subestación eléctrica, cuya puesta en servicio condicionará la conexión de todo el complejo a la red. De momento, en Escúzar ya se mueve tierra. En un proyecto que aspira a reproducir la energía del sol, eso es mucho más que una metáfora.

