El FMI aprieta a la eurozona: endurecer las reglas fiscales y más ajuste para España

El informe anual del Fondo constata que cada shock ha dejado una excepción nueva y reclama 1,3 puntos de PIB adicionales a los países más endeudados. España afronta la regla de gasto con la deuda cerca del 100% del PIB y los tipos al alza.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El FMI ha publicado su evaluación anual de la economía de la eurozona y advierte de que una relajación adicional de las reglas fiscales minaría la credibilidad del marco y empujaría la deuda por una senda aún más alta.
  • ¿Quién está detrás? El Fondo y su directora gerente, Kristalina Georgieva, frente al bloque de países endeudados que lidera Giorgia Meloni. La Comisión Europea se limita a abrir un margen del 0,3% del PIB para medidas energéticas.
  • ¿Qué impacto tiene? España queda en el grupo obligado a un esfuerzo extra de consolidación, con la regla de gasto, el Plan Fiscal Estructural y los Presupuestos como primera prueba y con los tipos de interés al alza.

El FMI exige a la eurozona dejar de relajar las reglas fiscales y reclama a España un ajuste adicional.

El Fondo Monetario Internacional advirtió el jueves, en su evaluación anual de la economía de la eurozona, de que una relajación adicional del marco fiscal ‘entraña el riesgo de minar la credibilidad del marco y de situar la deuda en una senda todavía más elevada. La frase no es nueva en el fondo. Sí es nueva la dureza del momento: llega con la inflación repuntando, con el BCE subiendo tipos y con media docena de capitales pidiendo precisamente lo contrario.

El marco está tensado al máximo. En el conjunto de la Unión ya opera un procedimiento de déficit excesivo (el mecanismo por el que Bruselas pone bajo tutela las cuentas de un Estado que incumple) y el marco fiscal europeo contempla un margen del 1,5% del PIB reservado a gasto en defensa. La guerra en Oriente Medio sigue encareciendo la factura energética de los importadores europeos, y los socios más expuestos reclaman aire. Italia, Grecia, los bálticos. España también.

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La letra pequeña: tres puntos de PIB y 1,3 adicionales para los endeudados

Kristalina Georgieva lo explicó con una frase que resume el problema de fondo. ‘Una conmoción tras otra ha obligado a adoptar medidas fiscales para proteger a los consumidores y a las empresas, y eso ha generado, por desgracia, la expectativa de que, cuando se produzca un shock, siempre habrá ayudas’, declaró la directora gerente a los periodistas. Y añadió la advertencia que Bruselas lleva meses evitando formular en voz alta: ‘Debemos esperar que habrá más sobresaltos por venir y tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de utilizar unos recursos públicos escasos’.

El telón de fondo no ayuda. La inflación ha vuelto a repuntar y el crecimiento se frena. El Banco Central Europeo subió este jueves los tipos 0,25 puntos, en lo que el propio banco central no descarta que sea la primera de varias subidas antes de que cierre el año. Cada movimiento encarece la refinanciación de una deuda agregada que ronda el 90% del PIB de la eurozona y que ahoga especialmente a los Tesoros más cargados.

El FMI no discute el marco fiscal europeo: discute que los Gobiernos sigan tratando cada shock como una excepción permanente y gratuita.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, encabeza la petición de flexibilidad. A finales de mayo envió una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que reclamaba usar todo el margen disponible para responder a la crisis energética. Bruselas contestó la semana pasada con una cesión mínima: podrán reorientarse a energía 0,3 puntos de ese 1,5% reservado a defensa. Nada más. La flexibilidad solo cabrá dentro del marco vigente, vino a decir el Ejecutivo comunitario.

El Fondo celebra el gesto y lo considera insuficiente en la misma página. Su comunicado sostiene que ‘el ajuste fiscal estructural a medio plazo sigue siendo imperativo’ y pone cifras al esfuerzo. Excluida Alemania, los países de la eurozona deberían mejorar su saldo primario estructural (el balance de las cuentas públicas antes de pagar intereses) en torno a tres puntos de PIB en el arco 2025-2031, esto es, 1,3 puntos adicionales sobre el escenario de referencia. El golpe se concentra, dice, ‘sobre todo en los países con mayores niveles de deuda’. Traducción: Roma, Atenas, París, Madrid.

Meloni pide margen, Bruselas concede 0,3 puntos y España hace cuentas

FMI

España entra de lleno en ese grupo. Su deuda ronda el 100% del PIB, por encima del billón y medio de euros, y el déficit se mueve en el entorno del 3%, el límite exacto del Pacto. Cada décima de PIB equivale a unos 1.500 millones de euros de gasto o de ingresos. Con el BCE subiendo tipos, el servicio de esa deuda se encarece justo cuando el FMI pide apretar más.

La primera prueba es el Plan Fiscal Estructural que Moncloa remite a Bruselas cada primavera dentro del semestre europeo (el ciclo anual en el que la Comisión evalúa presupuestos, reformas y planes de los Veintisiete). La segunda, los Presupuestos: la regla de gasto —límite al aumento del gasto público computable— fija cuánto puede crecer el desembolso neto sin incumplir. Y ahí empieza el problema político, porque el arco parlamentario está en tensión, cada décima negociada en Bruselas se convierte en moneda de cambio en Madrid, y el principal argumento de la oposición ya está escrito: si el FMI pide más ajuste, el margen para anunciar gasto nuevo se estrecha.

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El Eje del Poder Europeo

La geometría de esta discusión es conocida y vuelve a repetirse. El bloque de países endeudados del sur, con Roma a la cabeza y Madrid y Atenas en segunda fila, reclama flexibilidad y sostiene que el shock energético no lo ha provocado ningún ministro. Los frugales del norte —La Haya, Viena, Copenhague, Estocolmo— leen el informe del FMI como un aval a su tesis de siempre: el problema no son las reglas, sino su cumplimiento. Berlín, excluida expresamente del esfuerzo adicional de 1,3 puntos, mira desde la barrera, aunque su propia disciplina fiscal lleva meses en entredicho. Varsovia y Budapest, fuera del euro o en la antesala, contemplan el pulso sin jugarse nada inmediato.

Ya vimos este guion. Entre 2010 y 2012, la troika impuso a Grecia un ajuste que el propio FMI reconoció años después como excesivo, y el marco fiscal salió de aquella crisis reforzado en el papel y debilitado en la práctica. En 2020, la cláusula de escape general se activó sin apenas resistencia y con ella llegaron los 750.000 millones de Next Generation. La diferencia es que entonces existía un enemigo común —una pandemia— y hoy hay una guerra energética que se alarga, una inflación que reaparece y unos tipos que suben. Lo que observamos es un patrón: cada crisis europea ha añadido una capa de excepcionalidad al marco, y el FMI avisa de que esas capas ya pesan más que el propio marco.

Para el tejido productivo español, el envite tiene nombre propio: ayudas energéticas. Si Bruselas cierra el grifo de la flexibilidad, la industria electrointensiva —química, cerámica, siderurgia, papel— pierde parte del paraguas con el que ha capeado la factura eléctrica, y las comunidades autónomas pierden el margen con el que han cuadrado sus cuentas. España llega además con un relato debilitado: crece por encima de la media de la eurozona, lo que resta credibilidad a cualquier petición de trato excepcional, y su deuda sigue en la franja alta. No es la posición más cómoda para negociar en el Eurogrupo.

La lectura a cinco años es menos amable de lo que parece. El marco fiscal reformado en 2024 nació con la promesa de apropiación nacional y de reglas más simples; lo que está emergiendo es un sistema en el que el FMI ejerce de conciencia externa y la Comisión de árbitro con poco margen. Si cada shock suma una excepción, el resultado no es flexibilidad: es un marco que ya nadie usa para decidir, solo para justificar lo decidido. La próxima ventana crítica llega en diciembre, con el Eurogrupo discutiendo la orientación presupuestaria del año y el Consejo Europeo con la flexibilidad energética sobre la mesa. Ahí se sabrá si el aviso del Fondo se traduce en una décima más de ajuste o en otra excepción.