Trump firma el acuerdo Ártico Groenlandia con Dinamarca y enmienda el tratado de 1951

Washington obtiene derechos de base permanentes y poder de veto sobre bases, presencia militar o inversiones sensibles de terceros en la isla, sin comprarla y sin coste para el contribuyente. Dinamarca mantiene la soberanía y Groenlandia, su derecho de autodeterminación.

El acuerdo Ártico Groenlandia que Donald Trump ha firmado en Nueva York enmienda, sin coste para el contribuyente, el tratado de defensa de 1951.

Qué se ha firmado y qué cambia respecto al pacto de defensa de 1951

El comunicado de la Casa Blanca no deja margen: Estados Unidos obtiene control duradero sobre los intereses de seguridad de Groenlandia, derechos de base permanentes y la capacidad de bloquear cualquier base, presencia militar, o inversión sensible de un adversario sin su visto bueno. Todo ello sin que el contribuyente americano ponga un dólar.

La firma se produjo esta semana, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, con Trump flanqueado por la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen. En la misma sala, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial para Groenlandia, Jeff Landry, que lo resumió con una frase: ‘Esto es America First’.

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Mette Frederiksen lo ha presentado como la culminación de tres cuartos de siglo de cooperación: ‘Hace 75 años firmamos un acuerdo sobre la defensa de Groenlandia. Hoy firmamos uno más grande y mejor, un acuerdo que puede durar para siempre’. El ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, reconoció que la negociación ha tenido baches y subrayó que el texto respeta la soberanía danesa y el derecho de autodeterminación groenlandés.

Las capitales aliadas han reaccionado con una velocidad poco habitual. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, lo sitúa como refuerzo de la seguridad colectiva en el Ártico y el Atlántico Norte. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo recibe como buena noticia después de su visita a la isla a comienzos de mes.

Lo que más ha circulado en Washington no es el mapa, sino la factura: no hay compra, no hay traspaso de soberanía y no hay desembolso federal. Washington no compró nada. Presión máxima primero, acuerdo después y resultado presentado como victoria sin coste para el votante: la fórmula encaja en el relato del trumpismo.

Truman quiso comprar Groenlandia en 1946 con oro. Ochenta años después, Washington ha conseguido el control de su seguridad sin pagar un dólar.

El corredor GIUK, las tierras raras y la ruta que se abre en el hielo

Trump Groenlandia

El valor de la isla se mide en una franja marítima: el GIUK gap, el corredor entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido por el que tendrían que salir los submarinos rusos del Ártico para alcanzar el Atlántico. Groenlandia acoge desde 1951 la base de Pituffik, la antigua Thule, con radares de alerta temprana. Con derechos de base permanentes, Washington consolida la primera línea de su defensa continental, incluida la infraestructura del escudo antimisiles Golden Dome.

Debajo hay una segunda capa, económica. La isla cuenta con reservas relevantes de tierras raras y minerales críticos, y el acuerdo lo blinda: ninguna inversión sensible sin permiso americano. A eso se suma que Groenlandia no forma parte de la Unión Europea desde 1985, de modo que Bruselas no tiene asiento en esta mesa. El mapa manda.

La Lógica de Washington

La pregunta útil no es qué gana Trump, sino qué problema resuelve. El Ártico ha dejado de ser un espacio congelado: Rusia ha reconstruido su flota del Norte y China reclama su condición de potencia cercana a la región. Cerrar esa puerta exigía presencia permanente y capacidad de veto, y comprar la isla era imposible desde 2019, cuando la sola idea fue recibida con rechazo en Copenhague y en Nuuk. La salida ha sido la contraria: comprar derechos sin tocar la soberanía.

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El precedente lo explica casi todo. El acuerdo de defensa de Groenlandia de 1951 fue el precio que Washington puso para integrarse en la estructura militar aliada: sin acceso a la isla, no había mando integrado. En 1946, la Administración Truman estudió comprar Groenlandia con oro; en 1867, Seward pagó 7,2 millones de dólares por Alaska y fue ridiculizado por ello. La geografía no ha cambiado. La competencia estratégica, sí.

La coalición que sostiene el texto es doble: los halcones de seguridad nacional del Partido Republicano y el núcleo America First, que celebra un acuerdo de alto valor estratégico con coste cero. Es la misma lógica que llevó a Eisenhower a levantar la línea de alerta temprana del Ártico en los años cincuenta: la defensa del continente empieza por arriba.

Para España, el acuerdo no trae una factura directa, pero sí consecuencias. La primera es de reparto de esfuerzos: la OTAN fijó en La Haya, en 2025, la meta del 5% del PIB en defensa para 2035, y lo que se construya en el norte competirá con las prioridades del sur. La segunda es industrial: los programas navales nórdicos son un mercado natural para Navantia, que entregó cinco fragatas a Noruega entre 2006 y 2011.

Hay dos vectores más, menos visibles. El pesquero: la flota española participa, a través de la UE, en el acuerdo multilateral que mantiene cerrada la pesca no regulada en el Ártico central. El energético: Noruega es el primer proveedor de gas natural de España, y Iberdrola tiene parte de sus parques eólicos marinos en aguas del Mar del Norte. Y en clave diplomática, Dinamarca ha demostrado que un socio europeo puede cerrar un acuerdo con Washington sin renunciar a su soberanía.

Queda la letra pequeña. No está cerrado el trámite parlamentario en el Folketing danés y en el Inatsisartut groenlandés, ni el calendario de las nuevas instalaciones, ni el encaje del escudo Golden Dome —con el objetivo declarado de estar completo antes de enero de 2029— en un presupuesto federal que revisa cada partida. Tampoco se ha resuelto el expediente económico de las tierras raras. La seguridad queda blindada; la explotación, para más adelante.

Las próximas reuniones aliadas medirán si los europeos ponen dinero en el norte o si el flanco ártico sigue siendo una factura exclusivamente americana. El tablero no se cierra. Se ordena.

Ficha del Caso

  • El caso: Trump, Dinamarca y Groenlandia firman en Nueva York un acuerdo que amplía el pacto de defensa de 1951 y concede a Estados Unidos control duradero sobre la seguridad de la isla.
  • Datos clave: Derechos de base permanentes; exclusión de bases, presencia militar e inversiones sensibles de adversarios sin aprobación americana; coste cero para el contribuyente estadounidense; sin compra ni cambio de soberanía.
  • Para España: Sin impacto comercial directo, pero refuerza el flanco norte de la OTAN en pleno debate del 5% de gasto en defensa y deja un precedente: un socio europeo cierra un acuerdo con Washington conservando su soberanía.