1El decodificador de televisión: el aparato que más gasta con el piloto rojo encendido
El decodificador de televisión —el aparato de cable, satélite o IP que muchas operadoras instalan bajo la pantalla— es el ejemplo más claro de consumo fantasma doméstico. Al pulsar el botón del mando no se apaga de verdad: entra en un modo de espera en el que sigue alimentando el receptor de infrarrojos, el reloj interno, el módulo de red y, en muchos modelos, funciones como las actualizaciones automáticas de software, la grabación programada o la sincronización con el proveedor de señal. De ahí que el piloto rojo permanezca encendido y que el gasto apenas baje cuando dejamos de ver la televisión. La clave está en la diferencia entre «apagado» y «desconectado»: mientras siga enchufado, el equipo trabaja en segundo plano. A esto se suma que buena parte de estos aparatos no llevan interruptor propio y que algunos pliegos de condiciones de las operadoras exigen tenerlos operativos las 24 horas para poder enviarles actualizaciones o comprobar el acceso condicional al servicio contratado.
Lo llamativo es que en muchos casos el decodificador gasta más en reposo que emitiendo. Un análisis de la revista belga Test-Achats comprobó que los equipos de operadores como Orange, Voo, Telenet y Scarlet consumían tres veces más en espera que con la televisión encendida. El regulador postal y de telecomunicaciones de Bélgica (IBPT) calculó que estos aparatos sumaban en el país entre 139 y 148 GWh anuales, en torno al 24% del consumo eléctrico de las operadoras, con un coste medio de 14,5 euros al año por usuario que baja a 5,2 euros con el modelo más eficiente. Un decodificador antiguo podía rondar los 9 W en espera, equivalentes a unos 175 kWh anuales. El reglamento europeo de diseño ecológico fija desde mayo de 2025 un tope de 0,5 W en espera (0,8 W si hay pantalla) y de 0,3 W en apagado a partir de 2027, pero los aparatos con conexión permanente a la red tienen límites más laxos, de entre 2 y 8 W.
