La invasión migratoria del pasado mes de julio, que se prolongó durante agosto, tuvo como epicentro Ceuta y no Melilla, pese a que las dos ciudades autónomas comparten una frontera terrestre con Marruecos y forman parte del espacio exterior de la Unión Europea. La diferencia no responde a una única causa. La geografía, la configuración de las fronteras, la proximidad de las poblaciones marroquíes y la propia dinámica de los movimientos migratorios ayudan a explicar por qué la presión se concentró en la ciudad autónoma ceutí y porque la inteligencia marroquí eligió Ceuta para lanzar su ataque híbrido.
La magnitud de la entrada fue excepcional. Las estimaciones difundidas durante las primeras jornadas situaron en más de 70.000 las personas que consiguieron acceder a Ceuta desde Marruecos, aunque las cifras exactas han variado según la fuente y el momento del recuento, algunas las acercan hasta las 90.000 personas, la ciudad autónoma española tiene 85.000 personas de población propia.
La mayor parte de los invasores regresó posteriormente a Marruecos, mientras miles permanecieron en la ciudad, provocando una crisis humanitaria y de acogida que todavía condiciona la situación semanas después. Según los últimos cálculos oficiales cerca de 12.000 personas siguen aún en la ciudad, mientras que otras fuentes los sitúan por encima de las 15.000 personas, 5.000 de ellas son menores según remarcó el Ministerio de Interior.

Ceuta está pegada a uno de los grandes corredores migratorios del norte de Marruecos
La primera explicación está en el mapa. Ceuta se encuentra frente a la localidad marroquí de Fnideq, conocida en España como Castillejos, prácticamente pegada a la frontera. Entre ambos territorios existe una distancia mínima y una intensa circulación de personas y mercancías. Esa proximidad convierte a Ceuta en un objetivo potencial mucho más inmediato para quienes se concentran en el norte de Marruecos.
En el caso de la crisis de finales de julio, miles de personas pudieron dirigirse hacia el litoral cercano a la ciudad y tratar de entrar por mar, especialmente por la zona del Tarajal. El recorrido acuático desde las inmediaciones de Fnideq hasta Ceuta es relativamente corto, aunque extremadamente peligroso cuando se realiza de forma masiva. También existen otras zonas de aproximación desde el litoral marroquí. Al final 141 personas perdieron la vida en esta acción «kamikaze» en busca de llegar a España.
Melilla presenta una situación geográfica diferente. Aunque también limita directamente con Marruecos, se encuentra aproximadamente 400 kilómetros al este de Ceuta, en una zona distinta del territorio marroquí. El entorno de Nador constituye igualmente un punto de presión migratoria, pero las rutas, las distancias y la configuración de la frontera hacen que una movilización masiva hacia Melilla tenga características diferentes.
La diferencia resulta especialmente importante cuando se produce una concentración repentina de personas. En Ceuta, el acceso marítimo permite que una multitud pueda desplazarse desde el territorio marroquí hacia el enclave sin tener que concentrarse necesariamente en un único punto de la valla. Durante la crisis de julio, las entradas se produjeron fundamentalmente por el mar, alrededor del espigón del Tarajal, según las informaciones difundidas entonces.
La frontera de Melilla presenta más obstáculos para una entrada masiva
La segunda clave está en la propia naturaleza de las fronteras. Ceuta y Melilla tienen sistemas de seguridad reforzados, pero no son idénticos desde el punto de vista geográfico.
Melilla cuenta con una frontera terrestre extensa y fuertemente protegida mediante vallas y diferentes dispositivos de seguridad. Los intentos colectivos de superar ese perímetro requieren una concentración considerable de personas en determinados puntos y son más visibles para las fuerzas marroquíes y españolas.
La historia reciente demuestra, además, que Melilla también puede sufrir episodios migratorios de enorme intensidad. El ejemplo más conocido fue el salto masivo de la valla de 2022, cuando unas 2.000 personas intentaron acceder a la ciudad y murieron 23 migrantes, según las cifras citadas por medios internacionales.
Pero lo ocurrido este verano fue diferente. La ruta marítima hacia Ceuta permitió una dinámica de entrada mucho más rápida y difícil de contener inicialmente. La cercanía de la costa marroquí y la existencia de playas y espigones próximos al territorio español facilitaron que grupos muy numerosos pudieran desplazarse simultáneamente.
Eso explica también por qué las imágenes de la crisis mostraron a miles de personas entrando por el agua mientras las fuerzas de seguridad españolas trataban de contener la situación. El Ejército llegó a desplegarse en la ciudad ante la dimensión alcanzada por el episodio, aunque permisivo con los invasores tras las órdenes del Ejecutivo central que no quería perdidas humanas en al crisis que llevasen el sello español.

Ceuta se convirtió en el punto de concentración de la crisis
Hay una tercera cuestión que resulta fundamental: la invasión no puede explicarse únicamente por la geografía. Las autoridades españolas todavía no han establecido públicamente una explicación concluyente sobre todos los factores que desencadenaron la entrada masiva del 30 y 31 de julio.
RTVE ha documentado la existencia de una intensa circulación de mensajes y llamamientos a través de redes sociales antes de la entrada, mientras las investigaciones y análisis posteriores han examinado también el papel de Marruecos y posibles campañas de desinformación. La propia investigación periodística subraya que no existe, por ahora, una respuesta definitiva sobre quién provocó o coordinó el movimiento. Aunque desde el CNI se señala directamente al rey de Marruecos, Mohamed VI, como culpable de esta situación y sus ansias de anexionarse las dos ciudades autónomas con soberanía española.
Lo que sí está documentado es que Ceuta era el punto donde podía producirse una concentración extraordinariamente rápida de migrantes procedentes del norte de Marruecos. La cercanía de Fnideq, el acceso al mar y las características del perímetro fronterizo crearon unas condiciones distintas a las existentes en Melilla.
Además, una vez producida la entrada, la reducida superficie de Ceuta multiplicó inmediatamente sus consecuencias. La ciudad tiene una población como hemos indicado con anterioridad cercana a los 85.000 habitantes y recibió en cuestión de horas una cantidad de personas que, incluso considerando que la mayoría regresó posteriormente a Marruecos, desbordó inicialmente su capacidad de acogida.
Por eso la crisis no terminó cuando se cerró la frontera. El problema migratorio se trasladó al interior de Ceuta, donde miles de personas quedaron pendientes de alojamiento, identificación, retorno o traslado. A mediados de septiembre todavía se contabilizaban miles de migrantes fuera del sistema de acogida y el Gobierno tuvo que habilitar nuevos espacios.
La comparación con Melilla deja así una conclusión clara: ambas ciudades son puntos sensibles de la frontera exterior de España y de la Unión Europea, pero Ceuta reúne unas condiciones geográficas y migratorias específicas que hicieron posible que la crisis de este verano alcanzara una dimensión extraordinaria. La proximidad de Fnideq, la posibilidad de utilizar el mar como vía de entrada y la reducida extensión territorial de la ciudad convirtieron a Ceuta en el centro de una emergencia que, por sus características, no se reprodujo de la misma manera en Melilla.
