La sucesión de la presidencia del BCE ya tiene calendario: tres de sus seis sillones ejecutivos quedan libres en poco más de un año. Lo que hasta hace unos meses era un rumor de pasillo en la Eurotorre se ha convertido en un tablero con fechas cerradas. Isabel Schnabel dejará el Comité Ejecutivo el próximo 3 de enero, Philip Lane agotará su mandato el 31 de mayo de 2027 y Christine Lagarde tiene fecha límite el 31 de octubre de ese mismo año.
España entra en la puja con candidato propio por primera vez en la historia del banco. Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y director general del Banco de Pagos Internacionales (BPI) desde 2025, aparece en todas las quinielas que circulan entre Fráncfort, Bruselas, La Haya y Berlín. El Ejecutivo de Pedro Sánchez lo ha respaldado sin ambigüedades, con el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, como principal valedor.
La primera ficha la ha movido la propia Schnabel. La economista alemana abandona su puesto casi un año antes de lo previsto para incorporarse al Fondo Monetario Internacional como consejera financiera y directora del Departamento de Mercados Monetarios y de Capitales. Hasta su salida seguirá ejerciendo en Fráncfort, aunque quedará apartada de los asuntos del Fondo.
Con su marcha, el calendario se encadena sin margen. Lane, irlandés y economista jefe desde 2019, concluye mandato el 31 de mayo de 2027. Cinco meses después vence oficialmente el de Lagarde. La incógnita es si la francesa llegará hasta el final: una salida anticipada permitiría cerrar la sucesión antes de que el proceso choque de lleno con el año electoral francés. ‘Veremos’, respondió cuando le preguntaron por esa posibilidad.
Nada obliga jurídicamente a negociar los tres relevos en bloque, pero cada nombramiento condiciona el siguiente. Los equilibrios nacionales, geográficos, políticos y de género que se respetan al configurar la cúpula convierten cualquier decisión aislada en un problema para las demás. Entre los gobiernos del euro ha ganado peso la idea de cerrar un acuerdo amplio en los próximos meses.
Los tres nombramientos no se pueden separar: quien mueva primero su ficha en Fráncfort condiciona el reparto entero de la cúpula.
Tres asientos en juego y una aritmética que no admite improvisaciones
El Comité Ejecutivo —el órgano que ejecuta la política monetaria y prepara las reuniones del Consejo de Gobierno, que es quien decide los tipos— tiene solo seis miembros. Además de Lagarde, Lane y Schnabel, hoy lo integran el vicepresidente Boris Vujčić, que relevó al español Luis de Guindos el pasado junio; el italiano Piero Cipollone y el neerlandés Frank Elderson. Vujčić tiene mandato hasta 2034, Cipollone hasta octubre de 2031 y Elderson hasta diciembre de 2028, así que los asientos en juego son los otros tres.
Todo pasa por los Estados del euro, que presentan candidatos; el Eurogrupo (los ministros de Economía y Finanzas de la moneda única) busca después un acuerdo y el Consejo formula una recomendación. Se consulta al Parlamento Europeo y al Consejo de Gobierno del BCE, y la decisión final corresponde al Consejo Europeo. Con 21 países en el euro, el nombramiento exige el respaldo de al menos 16 Estados que sumen el 65% de la población de la eurozona. Los mandatos duran ocho años y no se renuevan.
Hernández de Cos contra Knot: la llave la guarda el Elíseo

La principal incógnita es quién sustituye a Lagarde. Los dos nombres que concentran la atención son el español Hernández de Cos y el neerlandés Klaas Knot, con el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, como tercero en discordia. De Cos fue gobernador del Banco de España entre 2018 y 2024 y presidió el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea. En sus seis años en el Consejo de Gobierno del BCE vivió los tipos negativos, las compras masivas de deuda y el endurecimiento posterior a la crisis inflacionista de 2022.
Knot dirigió el banco central de Países Bajos entre 2011 y 2025 y acumuló catorce años en el Consejo de Gobierno. Fue una de las voces más críticas con algunas medidas expansivas de Mario Draghi y, ya con Lagarde, se alineó con los consensos internos. Preside desde 2021 el Consejo de Estabilidad Financiera y su activo puede estar en París: Francia estudia respaldarlo para la presidencia siempre que un candidato francés ocupe el puesto que dejará Lane como economista jefe.
En la lista francesa para esa plaza aparecen Agnès Bénassy-Quéré, subgobernadora del Banque de France; Laurence Boone, execonomista jefe de la OCDE; y Hélène Rey, profesora de la London Business School. Cualquiera de las tres mantendría presencia femenina en un órgano del que saldrán Lagarde y Schnabel.
Berlín tiene que decidir qué prioriza: pelear la presidencia, conservar el asiento que deja Schnabel o aspirar al puesto de economista jefe. Y hay una cuarta ficha escondida: si Knot llegara a la presidencia con Elderson todavía en el Comité, dos de los seis miembros serían neerlandeses. No hay prohibición expresa, pero rompería la práctica seguida hasta ahora en el reparto.
El Eje del Poder Europeo
Lo que observamos es un reparto que ya no se decide en Fráncfort, sino en las cancillerías. Alemania y Francia, los dos pesos pesados, negocian desde una debilidad relativa: no pueden coparlo todo. Berlín tiene a Nagel en el Bundesbank y el asiento de Schnabel; París conserva la presidencia saliente y la ambición de mantener la vicepresidencia económica.
Los frugales del norte —Países Bajos, Austria, Dinamarca, y los bálticos— quieren que la ortodoxia monetaria siga teniendo voz en la sala, y usan a Knot como bandera. Los del sur, con España e Italia a la cabeza, reclaman peso proporcional a su tamaño y recuerdan quién absorbió los ajustes más duros de la pasada década.
Para España el envite es mayor de lo que parece. El país no ocupa ningún puesto en el Comité Ejecutivo desde la salida de Luis de Guindos y nunca ha presidido el BCE. Una presidencia de Hernández de Cos daría a Madrid voz en decisiones que le afectan de lleno: el coste de financiación de la deuda, la supervisión bancaria y los debates sobre la unión de capitales y el euro digital. La Moncloa ha movido ficha con respaldo público y contactos directos con otras capitales, consciente de que la ventana se cierra en cuanto Berlín y París pacten.
El banco que salga de esa negociación hereda una coyuntura delicada. Lane ha advertido de que el nuevo encarecimiento de la energía puede prolongar las presiones inflacionistas y retrasar hasta mediados de 2027 la vuelta de la inflación al objetivo. La renovación coincidirá, por tanto, con decisiones de tipos todavía relevantes y con una deuda pública elevada en varias grandes economías.
Los próximos hitos serán la reunión del Eurogrupo, donde empezarán a testarse los nombres, y la cumbre de diciembre del Consejo Europeo, primera ventana real para un acuerdo global. Si Berlín, París y Ámsterdam no cierran el paquete antes, la sucesión entrará en 2027 partida en tres decisiones y con el calendario electoral francés de fondo.
