Sumar fija su posición en el decreto de vivienda: acepta los avances del PSOE, pero exige regular el alquiler de habitaciones.
Lo que Sumar da por bueno y lo que todavía reclama
La negociación de este lunes ha acercado posiciones en el asunto que la formación llevaba más de un año reclamando. El PSOE ha aceptado incorporar la congelación del precio y la prórroga de los alquileres para los contratos que finalicen antes de 2029, la misma medida que meses atrás provocó el plantón de los ministros de Sumar en el Consejo de Ministros. Para el socio minoritario es un avance relevante: responde a una de sus principales exigencias y desbloquea un pulso enquistado. Pero la lectura interna es otra.
El acuerdo es, en palabras del propio grupo, un punto de partida y no un punto de llegada. Quedan sobre la mesa dos asuntos que Sumar considera esenciales. El primero es la regulación del alquiler de habitaciones, una modalidad que quedó fuera de la Ley de Vivienda y por la que, sostienen, se está desplazando buena parte de la especulación. El segundo es la renovación automática de contratos, reivindicación del Sindicato de Inquilinas que la formación quiere incorporar para dar estabilidad a los arrendatarios.
La discusión sobre la prórroga revela hasta dónde se ha movido la negociación. El borrador extiende los contratos que finalicen antes de 2029, pero Sumar quiere que esa protección no se agote en una ampliación temporal: pide garantías para que los inquilinos no vuelvan a la misma incertidumbre cuando expire el plazo. La conversación ha pasado, así, de cuánto dura la protección a qué condiciones la acompañan. Ese es el terreno donde se juega el decreto.
El contexto en el que se produce el movimiento pesa tanto como el texto. La vivienda ha conseguido lo que parecía imposible en un espacio acostumbrado a la fragmentación: sentar en la misma mesa a Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid, Compromís, Movimiento Sumar, Podemos, ERC, EH Bildu y BNG. Todas esas fuerzas comparecieron juntas este lunes ante el hospital Gregorio Marañón para respaldar el bautizado como ‘Decreto Maricarmen’. Más que una alianza nueva, la imagen refleja una tregua.
La vivienda ha logrado lo que ninguna otra carpeta: sentar a una izquierda fragmentada que llevaba años sin compartir mesa ni foto.
Del caso Maricarmen a la foto de la izquierda

El desahucio de Maricarmen, la mujer de 87 años que se recupera en el Gregorio Marañón, ha puesto rostro a una crisis que durante años se expresó en cifras. Su caso, la acampada de la Puerta del Sol y las movilizaciones convocadas en distintas ciudades han generado una presión que Sumar considera difícilmente repetible en los mismos términos durante la legislatura.
Ahí están las palabras de la líder de Más Madrid, Mónica García: «Este caso ha sido un punto de inflexión y tenemos que decidir si estamos con la especulación o con las familias». En la misma dirección se pronunció el diputado y coportavoz parlamentario de EH Bildu, Oskar Mature, que pidió al resto de fuerzas «escuchar lo que la ciudadanía reclama en las calles».
La foto busca una tregua, no una alianza. No hay reedición electoral ni borrado de diferencias, sino la constatación de que existe una ventana política que, si se cierra, no volverá a abrirse en los mismos términos. La presencia de Podemos en esa comparecencia es la prueba más visible de que la carpeta de la vivienda funciona como un imán. Después de dos años de distancia y de concurrir por separado a las elecciones de 2023, compartir pancarta tiene coste para todos. Y aun así, lo han hecho.
La Dinámica de Coalición
El equilibrio interno de Sumar se mide hoy en una sola variable: quién capitaliza la presión social. La formación liderada por Yolanda Díaz actúa como coordinadora de un espacio en el que Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Compromís tienen agenda propia y votante propio, y donde cada uno necesita exhibir resultados ante su parroquia. Si el decreto sale corto, el coste lo pagará Sumar; si sale largo, el malestar lo absorberá el PSOE. Esa asimetría explica la insistencia en mantener abiertas las dos exigencias hasta el último minuto.
La dimensión de coalición es, por tanto, de fricción controlada. El plantón ministerial de hace unos meses marcó el suelo de lo que Sumar está dispuesto a tolerar; el reconocimiento del avance socialista marca el techo de lo que puede exhibir como victoria. Las fuentes conocedoras de las conversaciones insisten en que el momento es ahora, y no el miércoles ni la semana que viene. La presión se mantendrá hasta las horas previas al Consejo de Ministros.
La proyección es doble. A corto plazo, el texto que salga del Consejo de Ministros de este martes deberá pasar por la convalidación del Congreso, un trámite donde los grupos que este lunes posaron juntos tendrán que demostrar si la foto se convierte en votos.
A medio plazo, Sumar afronta su propia vida interna con las confluentes reclamando más espacio propio y con Podemos fuera de la coalición. La vivienda ha sido hasta ahora el único asunto capaz de coser a la izquierda fragmentada. Si el decreto se cierra en mínimos, esa costura será la primera en saltar.
Ficha del Caso
- El caso: Sumar negocia con el PSOE el decreto de vivienda que el Consejo de Ministros aborda este martes. El socio minoritario da por bueno el borrador, pero considera que faltan medidas esenciales.
- Datos importantes: El PSOE acepta congelar precios y prorrogar los contratos que finalicen antes de 2029. Quedan fuera, por ahora, la regulación del alquiler de habitaciones y la renovación automática de contratos.
- Resumen: La vivienda ha unido a una izquierda fragmentada y ha dado a Sumar su mejor argumento frente al PSOE. El decreto decidirá si esa presión se traduce en texto legal o se queda en la foto.
