Las legislativas del 3 de noviembre en EEUU superan los 10.000 millones de dólares en publicidad política

AdImpact sitúa el gasto en publicidad por encima de los 8.900 millones de 2022, con Texas (501 millones) y Ohio (452) a la cabeza. El speaker Mike Johnson descalifica las encuestas a una semana del 3 de noviembre.

Las legislativas de Estados Unidos superan los 10.000 millones de dólares en publicidad política a una semana de la votación. Es la cifra más alta jamás registrada en unos comicios de medio mandato y llega con el control del Congreso en juego.

10.000 millones de dólares y ningún resultado garantizado

AdImpact, la consultora que mide en tiempo real la compra de espacios en televisión, streaming y plataformas digitales, certifica el hito: en octubre se han rebasado los 10.000 millones, por encima de los 8.900 millones de 2022, que era el récord anterior. Ohio, Texas y Maine concentran buena parte de ese dinero. Estamos ante la campaña legislativa más cara de la historia americana, y la cifra funciona además como termómetro del nerviosismo de los dos partidos.

En las carreras al Senado, los republicanos han gastado 1.600 millones de dólares, frente a los 1.100 millones de los demócratas y los 136 millones de los independientes, según los datos de AdImpact. La paradoja es que, en varias contiendas, los demócratas recaudan más y los republicanos gastan más, gracias a los super PAC (los comités de acción política que pueden recibir aportaciones ilimitadas y gastarlas por su cuenta, sin coordinación formal con el candidato; el regulador es la Comisión Federal Electoral).

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El dinero no vota. Pero abre puertas.

El caso de Texas es el más elocuente: 501 millones de dólares en publicidad en el duelo entre el republicano Ken Paxton y el demócrata James Talarico. «Perder Texas sería un golpe demoledor para el Partido Republicano a nivel nacional», ha señalado Calvin Jillson, profesor de Ciencia Política en la Southern Methodist University. Ohio, con 452 millones en la carrera entre Jon Husted y Sherrod Brown, y Michigan, con 297 millones entre Mike Rogers y Abdul el Sayed, completan el podio del gasto.

Maine merece párrafo aparte. La reelección de Susan Collins frente a Troy Jackson ha movilizado 259 millones de dólares, y el estado lidera el país en gasto por residente en edad de votar: 167 dólares por persona, por delante de Alaska. Iowa, con 207 millones en el duelo entre Ashley Hinson y Josh Turek, cierra el grupo de cabeza.

Diez mil millones de dólares en anuncios no compran un escaño, pero sí deciden qué conversación escucha el votante en la última semana.

De Michigan a California: la batalla también se libra distrito a distrito

gasto electoral

La Cámara de Representantes tiene su propio sumidero. El distrito 7 de Michigan es el más caro del país en publicidad: 61 millones de dólares, once más que el siguiente. El distrito 7 de Nueva Jersey, donde la demócrata Rebecca Bennett intenta desbancar al republicano Tom Kean Jr., supera los 29 millones; el 25 de Florida, con Scott Singer apuntando a Jared Moskowitz, ronda los 26 millones; y el 3 de Wisconsin, entre Rebecca Cooke y Derrick Van Orden, acumula 25,2 millones. El dinero récord no garantiza nada, y y eso lo saben ambos partidos.

En las gobernaciones el récord también ha caído. California, con Steve Hilton frente a Xavier Becerra, ya era en junio la campaña más cara de la historia de EE. UU. para ese cargo, con casi 316 millones en televisión, streaming y digital. Ohio suma 248,2 millones en el pulso entre Vivek Ramaswamy y Amy Acton. Y en Iowa, Rob Sand y Zach Lahn han recaudado 81 millones entre los dos, más del doble que el récord anterior de 2018.

La Lógica de Washington

La primera pregunta que se hace un lector europeo es por qué cuesta tanto una elección que no elige presidente. La respuesta está en la arquitectura institucional: el Senado confirma a los jueces federales, ratifica los tratados y valida a todo el gabinete; la Cámara baja tiene la llave del gasto federal. Con un Congreso hostil, la agenda arancelaria de la Casa Blanca se ralentiza; con un Congreso afín, se acelera. Por eso el dinero fluye.

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El precedente histórico es implacable con el partido que ocupa la Casa Blanca. En estas elecciones de medio mandato, la formación del presidente pierde de media una veintena larga de escaños, y los analistas que siguen la serie colocan a los demócratas en posición de recuperar la mayoría del Senado. Ocurrió con Bill Clinton en 1994, con Barack Obama en 2010 y con Donald Trump en 2018. La novedad de 2026 no es el guion, es el volumen: los republicanos no intentan nacionalizar el voto, intentan comprar la última semana de cada carrera ajustada.

El speaker de la Cámara (el presidente de la Cámara de Representantes, tercer cargo en la línea de sucesión presidencial), Mike Johnson, salió el domingo a descalificar las encuestas: «Están usando un análisis defectuoso». Nadie en Washington firma hoy el resultado del Senado, y los propios especialistas en dinero electoral lo admiten: «Tener más y gastar más no garantiza ganar», resume Brendan Glavin, de OpenSecrets.

¿Y qué tiene que ver todo esto con España? Más de lo que parece. Un Senado demócrata tendría la última palabra sobre los nombramientos en el Departamento de Comercio y en la USTR (la oficina del Representante Comercial de EE. UU., la que negocia y ejecuta los aranceles), y una Cámara hostil puede bloquear los presupuestos con los que se financian los programas de ayuda a la industria. Para las exportaciones españolas, desde el aceite de oliva andaluz, hasta los componentes de automoción de Castilla y León o la farmacéutica de Cataluña, la diferencia entre un Congreso dócil y uno dividido es la diferencia entre un arancel que se consolida y uno que se negocia.

El calendario aprieta. El 3 de noviembre se vota y, a partir del 4, arrancará el recuento en los estados donde la distancia sea mínima; la sesión de salida del Congreso, en diciembre, decidirá si el paquete de gasto en defensa y los programas industriales heredados del mandato anterior se prorrogan o se congelan. Lo que observamos es que las empresas españolas con presencia en EE. UU. —Inditex, Santander, BBVA, Iberdrola, Ferrovial, Repsol— seguirán financiando sus planes con la vista puesta en en quién preside los comités que supervisan el comercio. Cosas que pasan en 2026.

Ficha del Caso

  • El caso: La campaña de las legislativas del 3 de noviembre de 2026 se convierte en la más cara de la historia de EE. UU., con el Senado y la Cámara en juego y Trump a mitad de su segundo mandato.
  • Datos clave: Más de 10.000 millones de dólares en publicidad política en octubre, frente a los 8.900 millones de 2022 (AdImpact). En el Senado: 1.600 millones republicanos, 1.100 demócratas y 136 independientes. Texas lidera con 501 millones; Ohio, 452; Maine, 259 y 167 dólares por votante.
  • Para España: La composición del Congreso condiciona los nombramientos en Comercio y en la USTR y el presupuesto industrial, es decir, el ritmo de los aranceles que afectan al aceite de oliva, el automóvil y la farmacéutica españoles.