Anova-Irmandade Nacionalista ha pedido el «voto utilitario antifascista» para el BNG en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. Lo ha hecho con un comunicado que reclama «defender la democracia» frente a quienes, dice, están dispuestos a emplear todos los medios para reprimir a quien no acate su mandato. El gesto tiene recorrido corto en el titular y muy largo en las consecuencias: la confluencia gallega que Sumar aspiraba a articular cede uno de sus referentes históricos al Bloque.
La organización que fundara Xosé Manuel Beiras y que hoy lidera Martiño Noriega describe el momento como «una emergencia» en la que mucho de lo construido durante años «puede esfumarse en meses». En el texto no hay circunloquios: llama a la ciudadanía gallega a un voto «útil» y señala una papeleta concreta, la de la candidatura soberanista del BNG. Y remata con una consigna que funciona como eslogan de campaña: «Nadie se puede quedar en casa cuando la propia casa de todas está en peligro».
Del «voto utilitario» al cinturón soberanista: qué dice el comunicado
El documento sitúa al BNG dentro de un «cinturón soberanista» junto a EH Bildu, ERC, y la CUP. Ese cinturón, sostiene Anova, ha sido en los últimos tiempos «la voz de las mayorías sociales en las instituciones» y un antídoto contra las extremas derechas. La operación conceptual no es menor: desplaza el eje de la izquierda gallega del terreno estatal al nacionalista, y deja al Bloque como único depositario del voto útil.
Anova acompaña el argumento con una reivindicación de su propia trayectoria. Recuerda que en los años diez impulsó espacios de unidad popular entre distintas sensibilidades de la izquierda gallega —la etapa de En Marea— y sostiene que los partidos deben entenderse como herramientas al servicio de las mayorías, «nunca como un fin en sí mismo». Leída en clave interna, la frase admite pocas interpretaciones: las marcas electorales no merecen sacrificios.
El comunicado habla de «minorados marcos partidarios» y de «tácticas cortas» para explicar sus posiciones. Es el vocabulario con el que la organización justifica haber alimentado los vasos comunicantes con los movimientos sociales y haber mantenido su trabajo en las candidaturas municipalistas en lugar de sostener una marca propia de ámbito autonómico. La conclusión práctica es una renuncia: no habrá candidatura de Anova ni batalla por un espacio confluente que ya no considera rentable.
Anova no rompe con nadie: simplemente deja de considerar que su marca valga un escaño, y ese cálculo reordena toda la izquierda gallega.
El mapa interno: quién gana y quién pierde en Galicia

El primer beneficiario es evidente. El BNG consolida su posición como eje del voto soberanista y suma un argumento que hasta ahora tenía que construir solo: que a su izquierda no hay nada que compita de verdad. El Bloque deja de tener competencia por ese flanco, y eso le permite negociar con el PSOE gallego desde una posición más cómoda en cualquier escenario postelectoral.
El perdedor es el espacio que Sumar aspiraba a aglutinar. Anova formó parte de En Marea y de Galicia en Común, las dos marcas que articularon la confluencia gallega en la pasada década, y su salto hacia el Bloque no es una anécdota: vacía de contenido soberanista el relato de una candidatura estatal que necesita presentarse en Galicia como algo más que una marca madrileña.
Sin ese anclaje, la confluencia queda reducida a su versión puramente organizativa, y ahí aparece un tercer elemento que conviene no perder de vista: las candidaturas municipalistas. Anova anuncia que mantiene su trabajo en ellas, lo que significa que su influencia territorial sobrevive a la renuncia autonómica. El partido se queda en los ayuntamientos y se va de las generales, una asimetría que complica cualquier reconstrucción del espacio confluente a medio plazo.
La Dinámica de Coalición
Dentro de Sumar, el movimiento de Anova se leerá en clave de balance interno. La formación de Yolanda Díaz sostiene su relato en la idea de una confluencia amplia, y cada socio que se descuelga debilita ese relato ante los que todavía están dentro. No es lo mismo discutir el peso de Izquierda Unida o de Más Madrid con el mapa completo que hacerlo con una plaza, la gallega, donde el socio histórico ha elegido otra papeleta. Sumar pierde un argumento antes de perder un escaño.
La dimensión de coalición con el PSOE opera en otro plano. Un BNG fuerte es un socio parlamentario más exigente en Madrid, y también un competidor que puede reclamar para sí la representación de la izquierda gallega en cualquier negociación territorial. Para Sumar, el resultado es incómodo: convive con un aliado necesario en el Congreso y con un adversario en su propio espacio electoral. Ahí está la tensión real.
La proyección tiene una fecha clara: el 29 de noviembre. Lo que ocurra ese día fijará el marco de la próxima discusión interna en Sumar sobre su modelo de confluencia. Si el BNG rinde por encima de lo previsto, la tesis de que las marcas estatales no suman en Galicia saldrá reforzada y el debate llegará al siguiente encuentro de la dirección. El tiempo lo dirá.
Ficha del Caso
- El caso: Anova-Irmandade Nacionalista reclama el «voto utilitario antifascista» para el BNG en las generales del 29 de noviembre y renuncia a sostener una marca propia en Galicia.
- Datos importantes: Elecciones generales el 29 de noviembre; Anova integra el espacio de la confluencia gallega desde En Marea (2015) y Galicia en Común (2019); el BNG absorbe el voto útil soberanista con EH Bildu, ERC y la CUP como referencias del «cinturón soberanista».
- Resumen: La confluencia gallega de Sumar pierde su anclaje soberanista mientras el BNG se refuerza como socio y competidor en el Congreso, lo que reabre el debate interno sobre el modelo de alianzas de la formación.
