Los cinco grandes socios europeos de la OTAN se comprometen a asumir más gasto en defensa. Lo hicieron este martes en París, en una declaración conjunta que reafirma a Estados Unidos como aliado «indispensable» y que responde, punto por punto, a la presión que Donald Trump lleva ejerciendo desde su primer mandato.
Cinco capitales y una frase: Europa se hace cargo de su seguridad
La cita reunió a los ministros de Defensa de Francia, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido, el grupo que en Bruselas se conoce como E5. De ahí salió la frase que resume el giro: «Europa debe asumir una mayor responsabilidad en su propia seguridad». El texto añade que los cinco trabajarán «en estrecha coordinación con Estados Unidos y con todos los aliados» para convertir esa ambición en algo concreto. No es una huida de Washington; es la respuesta a su insistencia.
Catherine Vautrin, ministra de Defensa francesa, lo resumió en una fórmula: un «Europa más fuerte dentro de una OTAN igualmente más fuerte», articulada mediante un plan coordinado y elaborado «con total transparencia» con la administración estadounidense. La responsable de política exterior de la UE, Kaja Kallas, presente en la reunión, insistió en lo mismo: «Debemos seguir modernizando nuestras fuerzas y capacidades». Traducido al idioma de las cuentas: más dinero europeo, más industria europea y menos dependencia del contribuyente americano.
El contexto inmediato es una retirada. En abril, el Pentágono anunció que replegará unos 5.000 militares de Alemania —en torno al 15% de los 36.000 desplegados allí— en un plazo de entre seis y doce meses. Trump había advertido antes de qué pensaba de la Alianza: «Nunca me dejé impresionar por la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel, y Putin también lo sabe». La declaración de este martes llega después de ese aviso. Y su literalidad importa más que su retórica.
De los 5.000 soldados a los 1,8 billones: la factura que sostiene la Alianza
Los números explican la urgencia. Los países de la OTAN suman un gasto militar de aproximadamente 1,8 billones de dólares. Estados Unidos aporta más de un billón de esa cifra; los otros 31 miembros, en conjunto, alrededor de 777.000 millones. En términos simples: Washington pone algo más de la mitad del dinero de una alianza de 32 países y asume la mayor parte del coste político de cada crisis.
Europa no cambia de opinión sobre la OTAN porque Washington haya dejado de creer en ella, sino porque ha empezado a hacer cuentas en voz alta.
España mira ese cuadro con una fecha en el calendario. El Gobierno sitúa en 2029 el año en que alcanzará el 2% del PIB en gasto militar, un objetivo para el que Madrid reclama que se compute también la inversión en industria y en investigación, no solo la compra de material. El aval español dentro de la Alianza es tangible: las bases de Rota y Morón de la Frontera, los destructores estadounidenses del escudo antimisiles y las baterías antiaéreas desplegadas en el flanco este.
La industria es el terreno donde se decide quién paga y quién cobra. Indra, Navantia, Airbus e ITP Aero compiten por los programas que saldrán de este impulso, con la vista puesta en los consorcios franco-alemanes que tienden a quedarse con los contratos grandes. Cada punto de gasto que Europa mueve hacia capacidades propias es una oportunidad para el sector español, siempre que los ministerios no se limiten a comprar producto terminado en el exterior.
En clave interna, el asunto sigue siendo incómodo. Los sondeos sitúan a la opinión pública española entre las menos partidarias de elevar el presupuesto militar de toda la Alianza, y el Partido Popular presiona al Gobierno para acelerar el calendario, mientras Vox exige que el esfuerzo se haga con industria nacional. La Moncloa defiende que el ritmo elegido es el máximo compatible con el equilibrio de las cuentas públicas y con el resto del gasto social.
La Lógica de Washington
¿Por qué insiste tanto Washington en esto? Porque el debate real no es sobre la OTAN, sino sobre quién paga la OTAN. La doctrina viene de lejos: Eisenhower ya diseñó en los años cincuenta un modelo en el que Europa ponía los soldados y Estados Unidos la disuasión nuclear; Nixon reclamó en 1969 que los aliados asiáticos asumieran su propia defensa terrestre; y el compromiso del 2% se acordó en la cumbre de Gales de 2014, mucho antes de que Trump lo convirtiera en caballo de batalla. Lo que cambió no fue el objetivo, sino la disposición a exigirlo en público.
La coalición que sostiene esa política dentro del Partido Republicano es más ancha de lo que parece. Los halcones de la defensa quieren una Europa capaz de pelear a su lado y los partidarios del repliegue quieren dejar de pagar la factura. Ambos votan lo mismo: más gasto europeo. A eso se suma un interés industrial evidente, porque buena parte del rearme del continente acaba en contratistas estadounidenses, y un cálculo electoral sencillo: ningún votante de Trump pierde nada si Alemania compra más.
El riesgo real es otro: que Europa gaste mal. No que los europeos no paguen, sino que paguen cada uno por su cuenta, con 27 programas nacionales duplicados, planes de adquisición incompatibles y un mercado fragmentado que encarece todo. Y hay una segunda grieta: el directorio de facto que forman Francia, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido puede dejar a los socios medianos —España entre ellos— en la sala de espera de las decisiones que más les afectan. La próxima ventana de calibración será el proyecto de Presupuestos de 2027, que el Gobierno español debe llevar al Congreso en las próximas semanas, y la revisión de los planes nacionales de defensa que la Alianza tiene sobre la mesa.
Ficha del Caso
- El caso: Los ministros de Defensa del E5 (Francia, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido) escenifican en París el giro europeo hacia un mayor gasto militar y reafirman a EE. UU. como aliado indispensable.
- Datos clave: La OTAN suma 1,8 billones de dólares de gasto militar; EE. UU. aporta más de un billón y los otros 31 socios unos 777.000 millones. El Pentágono retira unos 5.000 efectivos de Alemania, el 15% de los 36.000 destinados allí.
- Para España: El Gobierno mantiene 2029 como fecha para el 2% del PIB y juega su influencia en el flanco este y en las bases de Rota y Morón. La industria nacional (Indra, Navantia, Airbus, ITP Aero) se juega el encargo de la próxima década.

