EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El ministro de Defensa de Ucrania, Evgeny Khmara, ha pedido por videoconferencia a Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Polonia la cesión inmediata del 10% de sus arsenales de interceptores Patriot e IRIS-T, en una reunión celebrada en París el lunes 26 de octubre.
- ¿Quién está detrás? Kiev, con el respaldo genérico de los cinco países en un comunicado conjunto que no incluye compromiso de entrega. La información la difunde RT y no ha sido confirmada por ninguno de los gobiernos implicados.
- ¿Qué impacto tiene? Expone el agotamiento de las reservas antiaéreas europeas —incluida la española— y abre una grieta entre los países dispuestos a ceder PAC-2 antiguos y los que blindan sus PAC-3 como último recurso nacional.
El ministro de Defensa ucraniano, Evgeny Khmara, ha pedido a París, Berlín, Roma, Londres y Varsovia el 10% de sus misiles interceptores.
Qué pide exactamente Kiev y de dónde saldrían los reemplazos
La petición la formuló por videoconferencia ante sus homólogos de Francia, Alemania, Italia y Reino Unido, y ante el viceministro de Defensa polaco, Pawel Zalewski, en un encuentro celebrado en París el lunes 26 de octubre. La información la difunde RT y ningún gobierno implicado la ha confirmado por ahora: ni el Elíseo, ni el Ministerio de Defensa alemán, ni el Palazzo Chigi, ni el Ministerio de Defensa británico han publicado el contenido de la propuesta.
El mecanismo que plantea Kiev es singular. Los países cedentes entregarían ahora parte de sus misiles y repondrían sus inventarios con las entregas futuras ya contratadas para Ucrania y financiadas con dinero extranjero. Es decir: Europa presta hoy lo que ya había comprado para Kiev y cobra después. Sobre el papel, el inventario operativo no baja. En la práctica, exige confiar en una cadena de producción que acumula retrasos reconocidos por la propia industria europea.
No es la primera vez que se pone sobre la mesa. En septiembre de 2026, Khmara ya flotó una fórmula parecida con entregas anticipadas de Patriot. Entonces, como ahora, Kiev acusó a Washington de retrasar los interceptores; el Pentágono lo negó y adujo las necesidades de sus propias fuerzas. La política hacia Ucrania, insisten desde el Departamento de Defensa, no ha cambiado.
Quién dice sí, quién dice no y por qué el PAC-3 es la línea roja
El comunicado conjunto de los cinco países no recoge compromiso alguno de suministro adicional. Reitera, eso sí, el apoyo a Ucrania por todos los medios disponibles —políticos, militares y financieros—. Es la fórmula diplomática que se usa cuando se quiere respaldar sin firmar.
Un interceptor lanzado hoy sobre Kiev es un misil que mañana faltará en el inventario de quien lo cedió. Esa es toda la ecuación.
El mapa de voluntades es más estrecho de lo que sugiere ese comunicado. Polonia y Países Bajos han declarado que no tienen Patriot que ceder. Grecia ha advertido de que la ayuda no puede socavar su propia defensa. Alemania, el donante más constante, ha comprometido interceptores PAC-2 adicionales procedentes de stocks antiguos, no PAC-3, la variante capaz de batir misiles balísticos y la que más escasea: varios países han retenido sus reservas de PAC-3, según los mismos reportes. La diferencia técnica entre versiones puede consultarse en la ficha del sistema MIM-104 Patriot.
La urgencia tiene una explicación operativa. Ucrania se enfrenta a misiles balísticos rusos —Iskander-M y Kinzhal— y a drones de largo alcance con propulsión a reacción, blancos mucho más veloces y maniobrables que los Shahed-136 de hélice que dominaron las oleadas de 2024. Abatir un balístico exige Patriot PAC-3 o SAMP/T; un IRIS-T SLM sirve contra misiles de crucero y drones, no contra un Iskander en fase terminal. De ahí que el 10% importe menos por la cifra que por el modelo.
El intercambio de golpes de largo alcance se ha intensificado. Kiev multiplicó este verano los ataques con drones contra refinerías y almacenes logísticos rusos, en lo que Volodímir Zelenski llamó campaña de presión de 40 días. Moscú describe sus propios bombardeos sobre infraestructura ucraniana como represalia. En ese contexto, cada batería sin recarga cuenta.
Equilibrio de Poder
Washington tiene un problema de inventario y lo dice en voz baja. El Pentágono sostiene que sus propios stocks son la prioridad, con el despliegue en Oriente Próximo y la dissuasión en el Indo-Pacífico consumiendo interceptores a un ritmo que la producción de Lockheed Martin no cubre. Moscú lee esa rigidez como una señal: si el escudo se adelgaza, la presión sobre la red eléctrica ucraniana en el invierno rinde más. Bruselas, mientras tanto, afronta su propia aritmética: la UE prestó 90.000 millones de euros en 2025 para sostener a Kiev en el bienio 2026-2027, y la Comisión propone ahora un nuevo préstamo que Chequia, Hungría y Eslovaquia ya han dicho que no suscribirán. Zelenski reclama al menos 70.000 millones adicionales entre necesidades militares y presupuestarias.
El precedente útil es de marzo de 2022. Polonia propuso transferir sus MiG-29 a Ucrania vía la base de Ramstein y Washington frenó la operación por riesgo de escalada. El patrón se repite: los arsenales europeos se ceden, pero nadie quiere ser el primero en firmar el papel. Ese mismo pulso es el que hoy rodea a los registros de transferencias de armamento de SIPRI, donde cada entrega queda inscrita con nombre y fecha.
Para España la cuestión no es abstracta. No figura entre los cinco destinatarios del requerimiento, pero el Ejército de Tierra opera baterías Patriot y lanzadores NASAMS, y ya ha cedido misiles Patriot a Kiev sin entregar lanzadores. Cada interceptor que sale del inventario nacional deja descubierto un flanco que en Madrid se mira hacia el sur: el Estrecho, Canarias y la fachada del Sahel, donde la amenaza no es un Shahed iraní de diseño ruso, sino un dron barato de fabricación artesanal o un misil de crucero en manos de un actor no estatal. A eso se suma el compromiso de gasto con la OTAN, que presiona el presupuesto de Defensa mientras Sanidad y Educación pelean por el mismo margen fiscal.
La lectura a corto plazo es incómoda para todos. Ucrania necesita interceptores antes de que el frío consolide la campaña rusa contra la generación eléctrica; Europa necesita no quedarse sin defensa antiaérea propia en un momento en que Estados Unidos prioriza el Indo-Pacífico. La ventana crítica es el Consejo Europeo de diciembre, donde volverá a discutirse la financiación del nuevo paquete, y la próxima reunión de ministros de Defensa de la OTAN, que llega sin cifras cerradas sobre la mesa. Si de esa cita no sale un reparto por modelos y no por porcentajes, la petición ucraniana se quedará en otra videoconferencia.
Queda una incertidumbre que ninguna capital ha despejado: cuántos PAC-3 hay realmente en Europa. Las cifras son material clasificado en casi todos los estados mayores, incluido el español. Sin ese dato, cualquier reparto del 10% es una operación a ciegas. Cosas que pasan en 2026.

