Los resultados de Alphabet confirman lo que el mercado venía descontando desde hace meses: la búsqueda con IA monetiza menos que el buscador clásico y la acción llegó a caer cerca de un 13%.
La matriz de Google presentó el miércoles 28 de octubre las cuentas del tercer trimestre: 128.000 millones de dólares de ingresos, un 25% más que un año antes, y algo más de 26.000 millones de beneficio neto. Sobre el papel, un trimestre sólido. En la letra pequeña, dos grietas. El beneficio neto es casi 9.000 millones inferior al del ejercicio precedente y el beneficio por acción se quedó en 2,12 dólares frente a los 3,02 que proyectaba el consenso, según la documentación remitida a los inversores.
En la presentación, la compañía reconoció que su modo de búsqueda con IA genera menos ingresos por consulta que la búsqueda orgánica tradicional. La búsqueda con IA ingresa menos por cada consulta que el buscador de siempre. Es una admisión que Alphabet había esquivado durante meses de especulación sobre AI Mode y los resúmenes generativos.
Claves de la operación
- Los ingresos crecen, el beneficio se encoge. La facturación sube un 25% interanual, pero la ganancia neta cae casi 9.000 millones y el beneficio por acción queda un 30% por debajo del consenso.
- La nube salva el trimestre. Google Cloud supera los 30.000 millones de dólares, unos 1.000 millones más de lo esperado, y se convierte en el único segmento que bate previsiones.
- Más publicidad dentro de menos espacio. Alphabet extiende los anuncios de AI Mode a nivel global para compensar la menor rentabilidad por consulta, con el flujo de caja libre en -9.060 millones.
El récord de facturación que no tapa el agujero del beneficio
El negocio de cloud fue el único punto brillante. Google Cloud superó los 30.000 millones de dólares de facturación, unos 1.000 millones por encima de lo que anticipaban los analistas. La nube crece más rápido que la publicidad, pero todavía pesa mucho menos en el conjunto del grupo.
Cierra el trimestre con un flujo de caja libre negativo de 9.060 millones de dólares. La causa es directa: el gasto en infraestructura para entrenar y servir modelos de IA absorbe el efectivo que antes engordaba la caja. Y la compañía ya ha avisado de que el próximo año invertirá todavía más, una promesa que choca con la caída del beneficio.
Google no vende menos anuncios: vende las mismas pantallas con respuestas que el usuario resuelve sin llegar a hacer clic.
Más anuncios en AI Mode: la solución que estrecha el embudo
La respuesta de Google pasa por inundar de publicidad la nueva experiencia. La compañía extiende los anuncios de AI Mode a nivel global, una fórmula que ya probaba en Estados Unidos desde el verano. Más formatos publicitarios dentro de menos superficie de clic es la vía elegida para sostener el negocio mientras la IA reordena el tráfico.
El problema es aritmético. Si la IA responde sin que el usuario visite una web, el inventario se concentra en menos espacios y cada espacio vale, en teoría, más. Pero los anunciantes no pagan por impresiones generadas en un entorno conversacional sin retorno medible. De ahí la paradoja: la empresa reconoce menores ingresos por consulta y, al mismo tiempo, anuncia más inversión en IA para 2027.
Las agencias de medios ya exigen métricas separadas para los formatos generativos. Sin un sistema de medición homogéneo, AI Mode compite consigo mismo frente a la red de búsqueda tradicional, y los presupuestos se reasignan hacia donde el retorno es auditable. En España, con la inversión digital ya por delante de la televisión, ese reajuste llega en un momento delicado para los editores que viven del tráfico de descubrimiento.

La dependencia publicitaria que Alphabet no ha sabido romper
Hay un antecedente español que ilustra la fragilidad del modelo. En 2014 Google cerró Google News en España para no pagar la tasa AEDE, una decisión que dejó a los editores sin agregador durante ocho años. La relación de Google con quien le genera el contenido siempre se ha resuelto con un pulso. Ahora su propia IA compite con esos editores por el clic que alimenta la publicidad.
Frente a competidores como Microsoft, que ha integrado Copilot en Bing y en Office, sin necesidad de defender un negocio publicitario equivalente, Alphabet carga con un lastre doble: tiene que innovar y, a la vez, proteger la gallina de los huevos de oro. Meta resolvió esa tensión hace tiempo priorizando el retorno por impresión. Aquí nos llama la atención una asimetría: la nube y la IA empresarial crecen a doble dígito, pero la mayor parte de la facturación sigue colgando de la publicidad.
El castigo bursátil, cercano al 12% y con un desplome intradía del 13%, figura entre los más severos que ha sufrido la compañía tras presentar cuentas. La prima de valoración del dueño del embudo de internet ya no está garantizada. No es una sentencia: los ingresos crecen a doble dígito y la nube gana cuota frente a AWS y Azure en varios mercados europeos.
La próxima cita está marcada. Los resultados del cuarto trimestre, que la compañía presentará a comienzos de febrero de 2027, servirán para comprobar si el despliegue global de anuncios en AI Mode compensa la caída del ingreso por consulta. Hasta entonces, cada dato de tráfico de la nueva experiencia funcionará como termómetro de una transición que ni siquiera Google sabe cuánto va a costar.

