Benjamín Netanyahu ganó en Israel, pero el recuento final lo deja sin los 61 escaños que necesita para gobernar. Su coalición, la más votada, se queda en 53 de las 120 actas de la Knéset. La oposición, encabezada por el centrista Gadi Eisenkot, suma 48.
Y aquí está la clave: las dos listas árabes, Raam y la Lista Unificada, reúnen 19 escaños entre ambas y se perfilan como las verdaderas decisoras del próximo gobierno de Israel. El presidente, Isaac Herzog, abre ahora las consultas con los líderes de los partidos para decidir a quién encarga la investidura. Nadie llega a los 61.
A miles de kilómetros de Jerusalén, ese bloqueo tiene nombre propio: UNIFIL. España mantiene en Líbano uno de los contingentes más numerosos de la misión de la ONU en Líbano, con la base Miguel de Cervantes en Marjayoun como epicentro y una horquilla de efectivos que en los últimos años ha rondado los 650 militares.
Traducido: cada vez que el Ejecutivo israelí queda en el aire, la frontera norte de Israel, la del Líbano, entra en el cálculo político de Madrid. Los cascos azules españoles están desplegados en la línea más caliente del país y cualquier operación terrestre israelí los coloca en primera fila.
Qué dicen los números del recuento final
El escrutinio definitivo confirmó lo que anticipaban las proyecciones. El Likud de Netanyahu sigue siendo el partido más votado, con 27 diputados, según el comunicado de la Comisión Electoral Central. Pero gobernar no es ganar: el bloque de derecha y extrema derecha se queda a ocho escaños del umbral que da el control de la Knéset sin aliados.
La campaña terminó con un episodio amargo. El entorno del primer ministro difundió acusaciones de fraude contra las listas árabes y se habló de fondos de Catar para comprar votos. Las formaciones señaladas y el propio Catar lo negaron. Eisenkot acusó a Netanyahu de intentar ‘deslegitimar los resultados’, en palabras recogidas por la agencia AFP.
Nadie llega a los 61. Con 53 escaños para un bloque y 48 para el otro, los 19 de las listas árabes deciden quién gobierna Israel.
El Shin Bet, la inteligencia interior israelí, confirmó que investiga posibles irregularidades, aunque aclaró que la pesquisa no pretende incriminar a toda una comunidad que votó ‘de manera democrática y legal’. La Comisión Electoral fue más lejos: ‘cierta información que ha circulado carece por completo de fundamento’, zanjó, y precisó que la investigación no alterará el escrutinio que recibe Herzog.
Con ese mapa arrancan semanas de negociación a varias bandas. Herzog debe escuchar a los líderes de los partidos antes de designar a un candidato; a partir de ahí, el elegido tendrá que tejer una coalición imposible de cerrar en un día. Si fracasa, la Knéset se disuelve y el país vuelve a las urnas. Ya ha ocurrido.
Qué se juega España con el bloqueo político israelí

España desembarcó en la misión en 2006, tras la guerra entre Israel y Hezbolá, y desde entonces no ha abandonado el sur del Líbano. El grueso del contingente se despliega en la zona de Marjayoun y el mando del sector este ha pasado por manos españolas en varias rotaciones. Es la operación internacional más expuesta del Ejército español.
Hay un segundo vector: la energía. Israel se ha convertido en un exportador de gas relevante del Mediterráneo oriental con los yacimientos de Leviathán y Tamar. España no figura entre sus grandes compradores, pero una escalada en la frontera libanesa encarece el gas que llega a Europa y se nota en la factura industrial del sur del continente.
El tercer vector es diplomático. España reconoció el Estado palestino en mayo de 2024, junto a Irlanda y Noruega, y desde entonces la interlocución con el Ejecutivo israelí ha sido más tirante. Un Gobierno israelí interino o debilitado complica cualquier gestión: desde la renovación de la propia UNIFIL hasta la cooperación antiterrorista o los contratos de ingeniería, agua y ciberseguridad.
Cinco elecciones en cuatro años: el precedente que nadie quiere repetir
Conviene recordar lo que ya pasó. Entre abril de 2019 y noviembre de 2022, Israel celebró cinco elecciones legislativas. La repetición no fue un accidente: el sistema es proporcional puro con un umbral del 3,25%, lo que convierte la Knéset en un puzzle de diez o doce grupos sin incentivos para ceder.
El Gobierno de rotación entre Netanyahu y Benny Gantz saltó por los aires en 2020, y con él la idea de que dos adversarios podían turnarse en el cargo. España conoce bien ese bucle: también celebró cuatro elecciones generales entre 2015 y 2019. La diferencia es que aquí la investidura se decide por mayoría simple y allí cada socio exige su precio por adelantado.
Lo que viene no se mide en días. Herzog tiene por delante una ronda de consultas con un bloque de 53, otro de 48 y 19 escaños árabes que solo en una ocasión, con el Gobierno de Naftali Bennett en 2021, han sostenido un Ejecutivo. Cualquier combinación exige romper una línea roja. Por eso en Madrid se sigue el calendario de Jerusalén con la misma atención que el de Bruselas: si Israel vuelve a las urnas, UNIFIL vuelve a la casilla de salida.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: El escrutinio final de las elecciones israelíes confirma el triunfo del bloque de Netanyahu sin mayoría y abre la ronda de consultas de Herzog para investir primer ministro.
- Datos importantes: 53 escaños para la coalición de derecha y extrema derecha, 48 para la oposición de Eisenkot y 19 para las listas árabes, sobre un total de 120. El Likud, con 27, es el partido más votado.
- Resumen: La parálisis política israelí afecta a España a través de UNIFIL en Líbano, del precio del gas y de una interlocución diplomática ya tensa desde 2024.
