Inteligencia artificial y espionaje: la CIA y la DIA despliegan agentes que redactan juicios clave

El subdirector de la CIA y el jefe de IA de la DIA han fijado la dirección técnica sin definir la supervisión analítica. La trazabilidad de las fuentes y la firma humana siguen sin regla escrita.

La inteligencia artificial y el espionaje ya se dan la mano: la CIA y la DIA despliegan agentes que redactan juicios clave.

No es una filtración ni una diapositiva de laboratorio. En abril, el subdirector de la CIA, Michael Ellis, anunció que los analistas trabajarán junto a coworkers de IA capaces de redactar juicios clave y de comprobarlos contra los estándares de tradecraft. En agosto, el jefe de IA de la DIA, el general de división Robert Kinney, fijó la etapa siguiente en el congreso DODIIS: ‘construir agentes y luego agentes con agentes’.

La dirección está tomada. La doctrina, no. Nadie ha decidido cómo se supervisan esos agentes ni cómo se les exige el rigor que se le pide a un analista con credencial y nómina.

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Ahí está el asunto, y no en el modelo. Construir un agente competente es un problema de ingeniería que la industria ha resuelto a base de talonario. Poner doce a trabajar sin perder fuente ni disenso es un problema de oficio. Le adelanto que tiene nombre y que en España no lo pronuncia nadie todavía en voz alta.

La orquestación no es un problema de ingeniería: es de oficio

agentes IA

En la industria se llama orquestación: decidir qué agente hace qué, a qué puede tocar, cómo se verifica su trabajo y dónde decide un humano. Quien ha dirigido producción analítica conoce los modos de fallo, porque son los de las personas, solo que llegan antes y a mayor escala. Los errores se componen: un desliz pequeño se endurece hasta parecer conclusión al final de la cadena. Y la fuente se evapora, porque cinco agentes que resumen y combinan material borran el hilo entre la afirmación y el informe original.

Un juicio sin procedencia es una opinión; una cadena de agentes que se confirma a sí misma, la forma más elegante de fabricar consenso.

El disenso muere por consenso. Los agentes construidos sobre modelos parecidos tienden a darse la razón y, sin diseño deliberado, un equipo fabrica unanimidad, justo el pensamiento de grupo que las técnicas analíticas estructuradas vinieron a romper. La responsabilidad, en cambio, se difumina. Kinney lo dijo sin adornos: nadie sabe aún qué es buen oficio cuando los agentes trabajan con agentes. En abril, la NSA y sus socios de Five Eyes advirtieron de que los sistemas agénticos opacos hacen la auditoría casi imposible.

La velocidad no es el riesgo. El riesgo es que la velocidad herede un dato viejo y lo convierta en certeza firmada.

No hay que inventar el estándar. La ICD 203 ya dice qué exige un análisis honesto: fuentes identificadas, incertidumbre expresada, visiones alternativas y argumentación lógica. La capa de supervisión debería contrastar cada borrador contra esos criterios antes de que lo vea un humano. TRM Labs llama a su agente investigador ‘caja de cristal’: sugiere y explica, nunca altera un caso y cada hallazgo vuelve al dato de origen. Su orquestador maneja 56 herramientas y muestra a cada agente solo las ocho que necesita.

Falta el diseño del disenso y la pedagogía del mando. Asignar a un agente el papel de red team y obligar al orquestador a arrastrar su opinión en lugar de promediarla. Y poner humanos en la firma, no en cada paso: rubricar cada movimiento de una máquina no es control, es fatiga. Kinney apuntó el criterio: en lo reversible, humano on the loop; en lo irreversible —fuegos—, humano in the loop.

El banco de pruebas ya ha dado resultados. En la campaña de Irán de este año, el Maven Smart System ayudó a las fuerzas estadounidenses a batir más de 13.000 objetivos en 38 días, regenerando listas en minutos tras cada evaluación de daños. También ha dado un aviso: informaciones públicas vinculan el ataque del 28 de febrero contra la escuela Shajareh Tayyebeh, con más de 170 muertos, con inteligencia anticuada sobre listas generadas por IA.

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La velocidad sin disciplina convierte un dato rancio en una tragedia.

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Vector de amenaza. No hay ataque: hay mutación del oficio, delegación de producción analítica en sistemas multiagente. El riesgo no es el modelo sino la cadena de procedencia, el punto donde la fuente se pierde y el juicio se sostiene por la autoridad de quien firma. Al adversario le basta envenenar un dato que cinco agentes resumirán sin preguntar por su origen.

Agencias implicadas. Adoptan y defienden la CIA y la DIA, con la NSA y el ODNI como árbitros de estándares y Five Eyes de observatorio compartido. Entre los terceros interesados, los servicios europeos que dependen del paraguas técnico estadounidense —DGSE, BND, y el CNI—, que se juegan la interoperabilidad con Washington si la capa de orquestación es opaca. Como atacantes potenciales, APT28, APT29 y Volt Typhoon, que llevan años golpeando la cadena de suministro antes que el objetivo final. Clasificación estimada de las políticas que vienen: Secreto.

El precedente es viejo y de fuente humana. La cadena que llevó a Curveball y a las armas de destrucción masiva iraquíes se rompió porque la procedencia se dio por buena en cada eslabón. Aldrich Ames hizo lo propio desde dentro: nueve años matando la trazabilidad sin que nadie preguntara ‘¿cómo lo sabemos?’. La diferencia es la escala: un agente de IA no traiciona, hereda el error y lo redacta mejor. Reconozco mi cautela con el caso de la escuela: vincular un bombardeo a listas generadas por IA exige un rastro documental que hoy solo sostienen informaciones periodísticas, no una auditoría técnica pública.

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Aquí no consta doctrina. No hay guía del CCN-CERT sobre sistemas multiagente en redes de categoría alta ni criterio público del CNI sobre trazabilidad de juicios producidos por modelos. El Esquema Nacional de Seguridad ordena cómo se protege la información; no dice quién responde cuando un sistema compone tres informes y firma el cuarto.

Me preocupan dos dependencias. La tecnológica: si la capa de orquestación la pone un proveedor y no un servicio, la auditoría se le compra a quien construye el sistema. Ellis lo dijo con claridad: la CIA ‘no puede permitir los caprichos de una sola empresa’. La segunda es de oficio. Escribí en El quinto elemento que el próximo 11S empezará con un clic; sigo creyendo que empezará por un dato que nadie comprobó y que alguien dio por bueno.

La pelota está en el ODNI y en la oficina del subsecretario de Inteligencia y Seguridad del Departamento de Guerra, el antiguo Departamento de Defensa. Deben emitir estándares comunitarios para análisis multiagente, equivalentes a lo que la ICD 203 hizo para el analista humano: qué se registra, cómo viaja el disenso y dónde la firma humana es obligatoria. Nadie ha fijado fecha pública. Ese es, exactamente, el problema.

Las reglas se escriben antes, o se escriben en el informe posterior al desastre.