El Kremlin confía en que Trump mantenga el diálogo sobre Ucrania pese a la victoria demócrata

Peskov insiste en que Trump 'sigue en el cargo' y anuncia una nueva ronda trilateral en Abu Dabi el 10 y 11 de noviembre. La nueva legislatura demócrata toma posesión en enero de 2027 y podrá bloquear la ayuda militar a Kiev.

El Kremlin confía en que Trump mantenga vivo el diálogo sobre Ucrania pese a la victoria demócrata del 3 de noviembre. Lo ha dicho este miércoles Dmitri Peskov, portavoz de la Presidencia rusa, ante los periodistas acreditados en Moscú.

‘El presidente Trump sigue en el cargo y esperamos sinceramente que continúe con sus esfuerzos de paz’, ha señalado Peskov. ‘Ha habido avances y otra ronda de conversaciones trilaterales llegará muy pronto’, ha añadido, según la transcripción difundida por la Presidencia rusa.

La pregunta era obligada. Los demócratas se han hecho con la Cámara de Representantes y con el Senado en las legislativas del martes, poniendo fin a la mayoría republicana en ambas cámaras. La nueva legislatura toma posesión en enero de 2027, y con ella cambia el mapa de poder en Washington para los dos últimos años del mandato de Trump.

Publicidad

Por qué Moscú prefiere negociar con Trump antes que esperar al Congreso del 27

La aritmética es la que es. Trump permanece en la Casa Blanca hasta enero de 2029 y conserva la vía ejecutiva: enviados especiales, sanciones, contactos directos, presión sobre Kiev. El Congreso, en cambio, es quien firma los cheques. Cualquier paquete suplementario de ayuda militar a Ucrania tendrá que pasar por una Cámara y un Senado hostiles al presidente, y ese es el dato que Moscú mira con más atención que el resultado electoral en sí.

Por eso Peskov ha declinado especular cuando se le preguntó si el nuevo Congreso podría obstruir las iniciativas diplomáticas de Trump. Lo ha despachado como ‘un asunto interno de Estados Unidos’. La fórmula es vieja conocida: Moscú no necesita un Congreso amigo, le basta con un presidente dispuesto a seguir negociando por su cuenta. El viceministro de Exteriores Serguéi Ryabkov ha añadido este miércoles que la posición rusa sobre Ucrania y sobre su política exterior en general no cambiará por los comicios, y ha descrito la línea de la dirección demócrata hacia Rusia como ‘fuertemente negativa’.

Moscú no necesita un Congreso amigo: le basta con un presidente dispuesto a seguir negociando por su cuenta hasta enero de 2029.

A eso se suma la lectura de fondo que hace el equipo de Trump. Steve Witkoff, enviado especial de la Casa Blanca, ha anticipado que las conversaciones se centrarán en la desescalada y en medidas humanitarias antes que en un acuerdo territorial. Es la parte que el Ejecutivo estadounidense puede mover sin pedir permiso al Capitolio.

El calendario que sí importa: Abu Dabi, 10 y 11 de noviembre

Las delegaciones de Rusia, Ucrania y Estados Unidos se reúnen el 10 y 11 de noviembre en Abu Dabi. La parte rusa estará encabezada por Vladímir Medinski, asesor presidencial. Sobre la mesa, garantías mutuas de seguridad; los detalles, según Peskov, se discutirán a puerta cerrada. La posición de partida del Kremlin no se ha movido un milímetro: la seguridad de un país no puede construirse a costa de la de otro.

En paralelo, la Casa Blanca acoge este jueves 5 de noviembre una reunión con representantes rusos y ucranianos en torno a la iniciativa humanitaria de Melania Trump. Según la versión difundida por Moscú, su mediación permitió un alto el fuego de seis días en la localidad de Alyoshki, en la región de Kherson —territorio ucraniano bajo control ruso y anexionado de forma no reconocida por la comunidad internacional—, con la evacuación de cerca de 800 civiles y la entrega de suministros por equipos de ambos bandos. Conviene tomar la cifra con la cautela habitual: procede de fuentes rusas y no ha sido verificada de forma independiente.

Equilibrio de Poder

El movimiento real no está en Moscú, sino en Washington. La administración Trump afronta sus dos últimos años con un Congreso que puede convertir cada partida de ayuda a Kiev en una batalla parlamentaria. Para el eje Bruselas-Moscú, eso significa una cosa muy concreta: si el alto el fuego se negocia por la vía ejecutiva, la UE se enterará de los términos cuando ya estén escritos. Los europeos llevan dos años reclamando un asiento en la mesa; con un Congreso demócrata y un enviado presidencial que negocia a puerta cerrada, ese asiento sigue sin aparecer.

Publicidad

Para España el impacto es doble. Primero, presupuestario: si Washington reduce el ritmo de la ayuda, la factura recae sobre los europeos y, por tanto, sobre una Moncloa que ya ha comprometido el 2% del PIB en defensa y esquiva la cifra del 5% que reclama Trump. Cada vez que el Congreso bloquea un paquete —ya ocurrió a lo largo de 2023 y 2024, con meses de parálisis en la Cámara— Bruselas sube la presión sobre los capitales nacionales y sobre la industria, de el FCAS a los programas de munición. Segundo, estratégico: una Washington distraída en su pulso interno deja más hueco en el Sahel y en el Magreb, donde Marruecos y Argelia reajustan posiciones, y donde España tiene su frontera sur y sus rutas energéticas.

La lectura a cinco años es incómoda para todos. Moscú apuesta a que Trump firmará algo antes de enero de 2029 y que ese algo sobrevivirá al cambio de legislatura; Kiev apuesta a lo contrario, y cuenta con que un Congreso demócrata sea más generoso que el presidente. Ninguna de las dos apuestas es segura. El precedente de las garantías de seguridad incumplidas a Ucrania desde 1994 debería enfriar cualquier optimismo: los documentos firmados por un Ejecutivo sin respaldo legislativo tienen la vida útil de su firmante.

Lo que observamos, en definitiva, es un Kremlin que gana tiempo y lo dice sin disimulo. Los hitos son claros: la cita de Abu Dabi el 10 y 11 de noviembre, la toma de posesión del nuevo Congreso en enero de 2027 y la próxima cumbre de la OTAN, donde España volverá a ser preguntada por su gasto. Si para entonces la ayuda estadounidense a Kiev sigue dependiendo de la firma de un solo hombre, el problema no será ruso. Será europeo.