La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, protagonizó un tenso intercambio en la Asamblea de Madrid al cargar duramente contra el Grupo Parlamentario Socialista, acusándolos de obsesión y de utilizar el feminismo con fines electorales y económicos. Y es que los escándalos de acoso sexual protagonizados por el entorno del PSOE están menoscabando una de las armas favoritas de los socialistas: el feminismo.
En referencia a esto, la jefa del ejecutivo autonómico elevó el tono al vincular las críticas socialistas hacia su persona con los supuestos casos de corrupción que salpican al entorno del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. «Lo que les sucede, como dice la canción, se llama obsesión. Obsesión con Ayuso y corrupción con Sánchez,» declaró Ayuso, señalando las recientes imputaciones de figuras como el expresidente de la SEPI y funcionarios presuntamente implicados en tramas contra jueces y fiscales. La presidenta concluyó esta parte con una pregunta provocadora sobre los recientes ingresos en prisión de miembros socialistas: «Viendo los gustos de los socialistas que están yendo a prisión, dígame ¿a quién van a poner ahora al frente del PSOE, a Rocco Siffredi?».
Díaz Ayuso continuó su ataque centrando el foco en la actitud del PSOE respecto a las mujeres y el feminismo. Cuestionó la falta de una defensa clara por parte de la bancada socialista ante las políticas de su propio partido y las acusaciones de acoso sexual en La Moncloa. «¿Cómo es posible que no haya dicho una sola palabra clara en defensa de las mujeres de las políticas de su propio partido?», inquirió. Calificó a los socialistas de «profundamente machistas» y tildó a la portavoz socialista de «dócil como mujer» ante los episodios de acoso, sugiriendo que su silencio se debe al temor a ser purgada, como otros líderes históricos del partido. «¿Cuánto va a tragar usted por un puesto que le debe a ese entorno tan machista?», espetó la presidenta, antes de rematar con la frase central de su intervención: «¿Cuánto tiempo va a seguir usted viviendo del feminismo de pancarta y haciendo negocio con las mujeres? Soy socialista porque soy feminista. ¡Anda ya!».
Posteriormente, en respuesta al Grupo Parlamentario de Más Madrid, la presidenta les afeó el silencio de la izquierda ante la situación de María Corina Machado, a la que calificó como «la mujer más influyente del mundo libre», mientras se permite el juzgamiento de su vida personal. Ayuso criticó que los mismos colectivos que se manifiestan con el lema «yo sí te creo» guarden silencio ante los supuestos abusos sexuales en el Gobierno, calificándolos de «cómplices» que viven del «negocio de la mujer. Concluyó su intervención generalizando el sentir, según ella, de una parte de la sociedad: «Las mujeres españolas nos avergonzamos de esta izquierda, las mujeres españolas nos avergonzamos de su gobierno machista y misógino.»

EL CUENTO DE LA DISIDENCIA CASTIGADA
La presidenta de la Comunidad de Madrid recurrió a una táctica de fuerte impacto verbal e irónico durante su intervención en la Asamblea, al mencionar una lista de figuras históricas y disidentes del PSOE. El objetivo de la presidenta era doblegar a la bancada socialista, sugiriendo que la «docilidad» de la portavoz ante el Gobierno central se debía al miedo a ser la próxima en caer bajo la línea dura de Pedro Sánchez.
Ayuso trajo a colación los nombres de Tomás Gómez, Joaquín Leguina, Nicolás Redondo, Felipe González, Guillermo Fernández Vara y Emiliano García-Page. Al enumerarlos, la líder popular tejió una narrativa de depuraciones internas dentro del PSOE.
La lista comenzó con Tomás Gómez, a quien se refirió como el ejemplo de la «ejecución» política de un líder territorial fulminado por Sánchez en 2015. Continuó con el ex-presidente regional Joaquín Leguina y el histórico socialista vasco Nicolás Redondo Terreros, señalados por Ayuso como víctimas de la expulsión por criticar abiertamente los pactos del Gobierno o, en el caso de Leguina, por apoyar a la propia Ayuso en las urnas. Para la presidenta, estas figuras representan la intolerancia del «sanchismo» a la disidencia ideológica.

La presidenta no olvidó a Felipe González, el ex-jefe de Gobierno, que, aunque no ha sido expulsado, ha sido sistemáticamente marginado y ha lanzado durísimas críticas contra la Ley de Amnistía. González, según Ayuso, simboliza la ruptura del PSOE actual con sus referentes históricos.
Finalmente, la mención de los presidentes autonómicos Guillermo Fernández Vara (ya expresidente de Extremadura) y Emiliano García-Page (aún al frente de Castilla-La Mancha) sirvió para completar el cuadro. Estos últimos, los pocos «barones» que han mantenido una crítica constante a los acuerdos de Sánchez, son presentados como disidentes bajo una constante amenaza de marginación.
Con esta estrategia, Ayuso pretendía intimidar a sus adversarios, sugiriendo que la lealtad incondicional de los cuadros socialistas madrileños es un acto de supervivencia política. La presidenta preguntó retóricamente a la portavoz socialista cuánto estaba dispuesta a «tragar» para evitar acabar como los nombres de su lista, subrayando que la voz crítica en el PSOE es silenciada o castigada.
