EEUU anuncia un recorte militar histórico a la OTAN: adiós a bombarderos y fragatas

Washington planea reducir en un tercio sus cazas, eliminar submarinos y exigir a Europa que asuma el esfuerzo de defensa. La Alianza se enfrenta a la mayor crisis de su historia desde 1949.

La administración Trump ha comunicado a los aliados de la OTAN un recorte sin precedentes en las capacidades militares que Estados Unidos pondrá a disposición de la Alianza en caso de crisis. Washington planea reducir en un tercio el número de cazas, recortar a la mitad los bombarderos estratégicos y dejar de aportar submarinos, además de eliminar los drones armados del esquema de fuerza. Europa tendrá que asumir el vacío con sus propios medios.

El plan fue presentado la semana pasada en una reunión a puerta cerrada en el cuartel general de la OTAN en Bruselas por el enviado del secretario de Defensa estadounidense, Alexander Velez-Green, según publicó el martes el semanario alemán Spiegel con fuentes conocedoras del encuentro. La Alianza no ha emitido un comunicado oficial, pero una portavoz confirmó que existe una «dependencia excesiva» de Washington y que los nuevos compromisos de inversión de europeos y canadienses permitirán reorganizar las responsabilidades.

El recorte afecta a la columna vertebral de la disuasión convencional aliada. Los cazas estadounidenses, pieza clave en las misiones de policía aérea y respuesta rápida, perderán un tercio de su despliegue disponible. Los bombarderos estratégicos —capaces de proyectar fuerza nuclear y convencional a grandes distancias— quedarán reducidos a la mitad. Ni submarinos nucleares ni convencionales estarán ya en el paquete de fuerzas que EEUU aseguraba hasta ahora al mando de la OTAN.

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Además, los destructores de la Armada estadounidense —navíos con sistemas AEGIS y capacidad antimisiles— se reducirán en número, aunque el informe no concreta cuánto. En el ámbito de la inteligencia y vigilancia, Washington se retirará casi por completo: ya no aportará drones armados y solo mantendrá una presencia limitada en reabastecimiento en vuelo, mientras deja claro que la OTAN debe dotarse de sus propios drones de reconocimiento.

El movimiento encaja en la lógica transaccional que el presidente Trump ha aplicado desde su regreso a la Casa Blanca. Ha llegado a cuestionar si Estados Unidos está obligado a respetar la cláusula de defensa mutua del artículo 5, ha amenazado con retirar tropas de Alemania y ha vinculado la seguridad europea al gasto en defensa. Ahora convierte esas advertencias en un recorte material que obliga a los Veintisiete a decidir si aceleran su autonomía estratégica o asumen una OTAN de dos velocidades.

La fuerza del anuncio reside en su concreción. No es una amenaza abstracta ni una filtración sin detalle: Velez-Green cifró recortes específicos y anunció que en una conferencia de generación de fuerzas a principios de junio se presentarán detalles adicionales. El margen de maniobra europeo se reduce a semanas.

Si Washington confirma este plan, la OTAN perderá de golpe la columna vertebral de su capacidad de disuasión.

La portavoz de la OTAN intentó rebajar la tensión al señalar a Spiegel que la «dependencia excesiva» de Estados Unidos había sido un problema conocido en la planificación de fuerzas, y que el aumento de inversión en defensa por parte de Europa y Canadá —impulsado a regañadientes por las exigencias de Trump— permite una reorganización. Pero en el flanco este de la Alianza, la lectura es muy distinta: países como Polonia, Rumanía o las repúblicas bálticas ven cómo la garantía de seguridad estadounidense se desvanece con cada nuevo recorte, justo cuando la guerra en Ucrania sigue activa y la sombra rusa se alarga sobre el Báltico.

EEUU reduce contribución OTAN

Equilibrio de Poder

El anuncio de Washington altera el equilibrio de poder en el seno de la OTAN de una forma que no se veía desde la crisis de los euromisiles en los años ochenta. La Casa Blanca está redefiniendo su papel de primer garante de la seguridad europea —un papel que ejerce desde 1949— para convertirlo en una relación condicionada, casi mercantil, donde la defensa se presta a cambio de inversión. No es una ruptura formal de la Alianza, pero la vacía de contenido en el plano militar convencional que siempre fue su razón de ser.

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Para España, las consecuencias son directas. La base de Rota alberga cuatro destructores AEGIS, el mayor despliegue antimisiles permanente de Estados Unidos en el Mediterráneo. Si la nueva doctrina reduce la presencia naval estadounidense en la OTAN, también podría afectar a la rotación de estos buques, con el consiguiente impacto en la proyección de fuerza hacia el Magreb y el Sahel, donde España tiene intereses estratégicos vitales. Además, el gobierno Sánchez se enfrenta al doble desafío de cumplir con el 2% del PIB en defensa —y ahora con la presión añadida de un posible 5% que exige Trump— mientras lidia con las tensiones internas de un Ejecutivo que ha hecho de la contención del gasto militar una seña de identidad.

A medio plazo, la pregunta no es si Europa puede gastar más, sino si puede coordinar ese gasto para llenar el vacío que deja Washington. Las cifras desveladas por Velez-Green exigen capacidades industriales y operativas que no se improvisan: cazas de quinta generación, submarinos de propulsión nuclear y una red de inteligencia autónoma. Si la conferencia de junio confirma los recortes, la OTAN se verá forzada a elegir entre una defensa europea genuina, con su propio mando y doctrina, o una Alianza devaluada que dependa de la voluntad puntual de la Casa Blanca. España, como socio fundador, tendrá que definir su lugar en ese tablero. El próximo Consejo Europeo, previsto para finales de junio, será la primera prueba de fuego.