Umerov busca en Berlín relanzar las negociaciones Ucrania-UE mientras Merz propone una ‘asociación’ rechazada

El jefe negociador ucraniano aterriza en Berlín mientras la cancillería alemana intenta reactivar el diálogo con una controvertida oferta de adhesión a la carta. Zelenskyy rechaza de plano la 'asociación' y el Kremlin amenaza con nuevos ataques a gran escala.

Rustem Umerov aterrizó este martes en Berlín con la misión de relanzar el diálogo europeo con Ucrania. El jefe del comité de seguridad nacional ucraniano se reunió con los asesores de seguridad del E3 —Alemania, Francia y Reino Unido— en plena ofensiva rusa y después de que Washington descafeinara su papel como mediador.

La cita se produjo apenas 24 horas después de que Rusia lanzara un nuevo ataque masivo sobre Kiev y amenazara con «bombardeos sistemáticos», instando a los diplomáticos extranjeros a abandonar la capital. La respuesta de la UE fue inmediata: la embajadora comunitaria, Katarína Mathernová, rechazó la advertencia y declaró que «nos quedamos. Permanecemos con Ucrania». Umerov, que el lunes había negociado en Bruselas la cooperación europea en industria de defensa, buscaba ahora en la capital alemana un empujón diplomático que la Casa Blanca ya no puede —o no quiere— dar.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, había reconocido el viernes que las conversaciones de paz lideradas por Washington «no estaban siendo fructíferas, desgraciadamente», y añadió que si otro país quiere encargarse, «debería hacerlo». Ese otro actor es ahora Europa, y sobre todo el triunvirato del E3, que según el ministro alemán de Exteriores, Johann Wadephul, «está haciendo un nuevo intento por reactivar las negociaciones, con un papel europeo mucho mayor en las próximas semanas».

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Para el canciller alemán, Friedrich Merz, la visita de Umerov supone la oportunidad de dar músculo a una iniciativa que lanzó en diciembre con una cumbre en Berlín —con estadounidenses, pero sin rusos— y que apenas logró avances. Desde entonces, Merz ha puesto sobre la mesa una propuesta que ha caído como un jarro de agua fría en Kiev: una «adhesión asociada» a la UE que dejaría a Ucrania en una antesala indefinida antes de convertirse en miembro de pleno derecho.

La oferta, filtrada en una carta enviada al presidente Zelenskyy, se leyó en Bruselas como un guiño a los sectores alemanes que se resisten a una ampliación rápida. Pero el presidente ucraniano no tardó en desactivarla. «El lugar de Ucrania en la Unión Europea debe ser completo, pleno y en igualdad de condiciones», respondió el fin de semana, en una muestra de que no aceptará atajos ni membresías de segunda clase.

La ‘asociación’ que propone Berlín no es una ampliación encubierta: es una prórroga sine die que dejaría a Ucrania fuera de las decisiones reales durante años.

«El momento es significativo», explica un diplomático comunitario consultado por Moncloa.com. «La semana pasada en Bruselas muchos se preguntaban por qué Merz hacía pública su propuesta de membresía asociada justo ahora. El hecho de que Umerov esté hoy en Berlín sugiere una conexión clara entre ambas cosas». Se trata de sincronizar la oferta alemana con el relanzamiento de las conversaciones de paz: un paso que, de aceptarse, podría dar cobertura política a Zelenskyy para ceder —en un hipotético acuerdo de paz— los territorios ocupados por Rusia a cambio de un estatus europeo que no sería la adhesión plena.

La alternativa del E3 coloca a la UE en una disyuntiva incómoda. Por un lado, la Comisión Europea y la mayoría de los Estados miembros han reiterado que la puerta de la Unión está abierta para Ucrania, siempre que cumpla los criterios de Copenhague. Por otro, el propio canciller Merz se ha convertido en portavoz de quienes —como el ala más conservadora de su propio partido y los llamados «frugales» del norte— consideran que una ampliación apresurada lastraría el presupuesto comunitario y desdibujaría el proyecto europeo. La fórmula de la «asociación» es su tabla de salvación para contentar a todos sin concretar nada.

El Eje del Poder Europeo

La maniobra alemana tensa las costuras del ya delicado equilibrio entre los grandes ejes comunitarios. Francia, tradicionalmente recelosa a la ampliación sin profundización institucional previa, observa con cautela sintoni;a con Berlín. El eje franco-alemán, sin embargo, no marcha al unísono: en el Elíseo temen que una membresía simbólica para Ucrania diluya el mercado único y ponga patas arriba la política agrícola común, de la que Francia es la principal beneficiaria. Los países del sur, con España a la cabeza, se sitúan en una posición favorable a la adhesión completa, pero exigen que no se haga a costa de recortar los fondos de cohesión que tanto necesitan.

Para España, el giro de Merz es más que un debate teórico. La opinión pública española respalda mayoritariamente a Ucrania, pero el Gobierno de Sánchez sabe que una asociación indefinida retrasaría la necesaria reforma del Marco Financiero Plurianual (MFP) que debe acomodar las nuevas prioridades: defensa, resiliencia y reconstrucción ucraniana. Si Berlín congela la adhesión de Kiev, también pospone el debate sobre quién paga el coste de la ampliación y cómo se redistribuyen las ayudas, un tema que Moncloa vigila con lupa. Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores, sin confirmación oficial, apuntan a que la diplomacia española está sondeando al resto de socios sureños —Italia, Portugal, Grecia— para fijar una postura común que evite una UE a dos velocidades.

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La lectura a medio plazo deja poco margen para la euforia. Si el tándem Merz-Umerov consigue desatascar las conversaciones de paz sobre la base de la membresía asociada, Ucrania quedaría atrapada en un limbo jurídico-político que recuerda al que sufrieron los Balcanes occidentales durante una década. La experiencia de Macedonia del Norte, que recibió el estatus de país candidato en 2005 y aún espera la apertura formal de negociaciones, funciona como advertencia. La promesa de una «asociación» sin plazos ni derechos de voto corre el riesgo de convertirse en una sala de espera permanente, alimentando la frustración en Kiev y el apetito revisionista del Kremlin. La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para finales de junio, será el primer termómetro para medir cuánto oxígeno tiene la propuesta de Merz y hasta dónde está dispuesta a llegar España para impedir que la UE se parta en dos.

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