Escalada Israel-Líbano: Netanyahu ordena golpes a Hezbolá pese a tregua

Las FDI bombardean posiciones de Hezbolá en el valle de la Becá tras la muerte de un soldado. La Casa Blanca apoya una mayor agresividad israelí, lo que amenaza las negociaciones indirectas con Irán.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Netanyahu ha ordenado a las FDI intensificar los bombardeos contra Hezbolá en Líbano, a pesar de la tregua firmada a mediados de abril y ampliada en mayo.
  • ¿Quién está detrás? Israel, con la posible luz verde de la administración Trump, mientras Hezbolá responde con drones. Un soldado israelí ha muerto en uno de esos ataques.
  • ¿Qué impacto tiene? La escalada amenaza las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán y pone en riesgo la misión de paz de la ONU en la que participan más de 600 militares españoles.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha ordenado a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) intensificar los ataques contra Hezbolá en Líbano, pese al alto el fuego que ambas partes mantienen en vigor desde mediados de abril. La decisión, anunciada este lunes en un mensaje de vídeo, llega horas después de que un dron lanzado desde el sur del país matara a un soldado israelí e hiriera de gravedad a otro.

“Estamos en guerra con Hezbolá y no estamos quitando el pie del acelerador”, afirmó Netanyahu. “Al contrario, he ordenado a las FDI que pisen el pedal aún más fuerte”. La réplica militar no se hizo esperar: pocos minutos después, la aviación israelí bombardeó objetivos de Hezbolá en el valle de la Becá, al este del Líbano, y en otras zonas del país.

La tregua entre Israel y el Gobierno libanés de Beirut, acordada a mediados de abril tras más de un mes de combates y ampliada a principios de mayo, ya era frágil. Aunque había reducido la intensidad de las hostilidades, nunca llegó a detenerlas por completo. Israel ha seguido bombardeando territorio libanés y Hezbolá ha respondido con ataques de drones. El incidente del lunes, con la muerte de un militar israelí, ha empujado a Netanyahu a dar un golpe de fuerza.

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La orden de Netanyahu ha sido respaldada por los sectores más duros de su Gobierno. El ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben-Gvir, pidió directamente “volver a la guerra en Líbano” y “golpear la mesa de Trump”. El titular de Finanzas, Bezalel Smotrich, fue aún más lejos: “por cada dron de Hezbolá, deben caer diez edificios en Beirut”.

Este lenguaje belicista encuentra ahora un eco inesperado en Washington. Según fuentes consultadas por el periodista Barak Ravid, de Axios, la administración Trump podría apoyar una escalada israelí. “Hezbolá ha ignorado repetidos llamamientos a dejar de disparar… No se espera que Israel absorba pasivamente ataques contra sus fuerzas y civiles. Esto no es la administración Biden”, habría dicho un alto funcionario estadounidense.

Netanyahu no solo desafía la tregua con Líbano, sino que está poniendo a prueba el alcance del respaldo de Trump a una guerra más amplia en Oriente Próximo.

El respaldo explícito de Estados Unidos a una acción militar más agresiva en Líbano introduce un factor de riesgo adicional para las negociaciones indirectas que Washington mantiene con Teherán. Irán ha condicionado cualquier prórroga del alto el fuego a que Israel detenga su operación contra Hezbolá, su principal aliado regional. El mensaje de Netanyahu, al ordenar pisar el acelerador, cierra esa puerta de momento y deja en el aire las conversaciones sobre el programa nuclear iraní.

Mientras tanto, las consecuencias humanitarias siguen agravándose. Según el Ministerio de Salud Pública libanés, al menos 3.185 personas han muerto en el país desde que Israel lanzó su operación militar contra Hezbolá a principios de marzo, justo después del ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán. La cifra, en constante aumento, convierte a Líbano en el escenario más letal de la nueva fase de tensión regional.

Equilibrio de Poder

La decisión de intensificar los ataques contra Hezbolá sitúa a Israel en un camino de colisión con Irán, pero también con el frágil equilibrio que Europa trata de mantener en el Mediterráneo oriental. Para España, el impacto es directo. Más de 600 militares españoles están desplegados en el sur del Líbano bajo bandera de UNIFIL, la misión de paz de la ONU que lidera un general español desde hace años. Cualquier escalada pone en peligro su seguridad y cuestiona la viabilidad de una misión que Moncloa considera estratégica para su proyección internacional.

Además, un conflicto abierto en Líbano podría disparar el precio del petróleo —el crudo Brent ya se mueve en zona de tensión— y generar nuevas oleadas de refugiados hacia Europa, con Italia y España como principales puertas de entrada. En términos diplomáticos, el Gobierno de Sánchez se ha alineado tradicionalmente con la solución de dos Estados y la contención de las aventuras militares unilaterales, pero la sintonía de Trump con Netanyahu obliga a Moncloa a moverse con cautela entre su sintonía con Bruselas y el riesgo de un choque con Washington.

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La lectura a corto plazo es clara. La administración Trump, centrada en la contención de Irán y con la vista puesta en las elecciones de medio mandato, ve en la presión militar israelí una herramienta útil. Sin embargo, como ha demostrado la historia reciente —desde la guerra de 2006 hasta la crisis de los misiles de 2024—, las escaladas en Líbano tienden a descontrolarse rápidamente. El verdadero riesgo no es que Israel golpee con más fuerza, sino que Hezbolá, con apoyo iraní, responda con armamento de precisión que cambie la ecuación militar.

De hecho, la doctrina de disuasión israelí, basada en golpes quirúrgicos, se está viendo erosionada por el uso masivo de drones por Hezbolá. La muerte del soldado israelí no es un hecho aislado, sino la constatación de que el grupo chií ha aprendido a golpear a las FDI en su propio terreno. Eso obliga a Netanyahu a mostrar fortaleza, pero también le mete en un callejón sin salida: cada bombardeo sobre el valle de la Becá acerca a Líbano al abismo de una nueva guerra total mientras Irán observa y toma nota.

En este contexto, la misión de UNIFIL se convierte en un termómetro de hasta dónde está dispuesto Israel a tensar la cuerda. Un ataque que afecte a las tropas españolas, ya sea por error o por una provocación deliberada, obligaría a Moncloa a subir el tono y pondría a prueba la cohesión de la OTAN en un momento en el que la Alianza ya está tensionada por el flanco ucraniano.

Netanyahu Hezbolá

El próximo movimiento en el tablero no llegará solo desde la frontera. La clave está en si Irán acepta seguir negociando con Washington mientras sus aliados reciben bombas. Como ya ocurrió en la primavera de 2025, la dinámica de doble vía —diplomacia con Teherán y presión militar sobre sus proxies— tiene fecha de caducidad. Netanyahu, con su orden de pisar el acelarador, acaba de acortarla.