EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Pentágono comunicó a los aliados europeos que recortará un tercio de los cazas asignados a la OTAN y eliminará la aportación de drones y submarinos, además de reducir bombarderos estratégicos y buques de guerra.
- ¿Quién está detrás? La administración Trump, a través del asesor Alexander Velez-Green, en una reunión confidencial en Bruselas la semana pasada.
- ¿Qué impacto tiene? La Alianza pierde músculo aéreo y naval mientras Washington redirige recursos al Indo-Pacífico para contener a China. Los europeos deben presentar un plan para cubrir las carencias antes de la cumbre de julio en Turquía.
La administración Trump ha dado un nuevo paso en su lento desenganche de Europa. Según publicó ayer el semanario alemán Der Spiegel, el Pentágono notificó la semana pasada a los países miembros de la OTAN que recortará un tercio de los aviones de combate que tiene asignados al modelo de fuerzas de la Alianza y eliminará por completo la contribución de drones y submarinos, además de reducir la disponibilidad de bombarderos estratégicos y buques de guerra. La decisión, trasladada en una reunión confidencial por el asesor del Pentágono Alexander Velez-Green, refleja la reorientación estratégica de Washington hacia el Indo-Pacífico para contener a Pekín.
El movimiento encaja con la doctrina transaccional del presidente Trump, que ya advirtió a los socios europeos de que la prioridad de Washington no está en el Viejo Continente. En los últimos meses, la Casa Blanca retiró 5.000 soldados de Alemania —tras un desencuentro con el canciller Friedrich Merz—, y el secretario de Estado Marco Rubio declaró la semana pasada en Suecia que «va a haber menos tropas estadounidenses en Europa de las que ha habido históricamente». Rubio añadió que Estados Unidos debe prepararse para un posible conflicto en dos flancos —el Indo-Pacífico y Oriente Medio— y que eso obliga a reasignar recursos.
Las cifras del recorte: un tercio de cazas y adiós a drones y submarinos
El modelo de fuerzas de la OTAN es el contingente de tropas y equipos que la Alianza puede desplegar con poca antelación. Según la filtración, el recorte estadounidense se concreta en tres planos. Primero, un tercio de los aviones de combate quedarán fuera de ese modelo; no se ha precisado si los F-35, F-16 u otros modelos. Segundo, se reduce de forma «drástica» el número de bombarderos estratégicos y buques de guerra disponibles, aunque sin cifras concretas. Y tercero, Washington no aportará drones ni submarinos, lo que deja a los europeos la responsabilidad de cubrir esas capacidades por sí mismos.
La noticia cayó como un jarro de agua fría en la sala. Los representantes europeos esperaban recortes más graduales y menores, según fuentes diplomáticas. Ahora, el Pentágono espera que los aliados presenten un plan para cubrir el hueco antes de la cumbre de la OTAN que se celebrará en Turquía el próximo mes de julio. El plazo es ajustado y las implicaciones operativas, profundas: la Alianza pierde parte de su músculo aéreo de disuasión frente a Rusia justo cuando el flanco oriental sigue bajo una tensión inédita desde la Guerra Fría.
Una retirada lenta pero inexorable
Este movimiento no es aislado. La presencia militar estadounidense en Europa superaba los 80.000 efectivos en 2025, pero la estrategia de seguridad nacional de Trump ha girado hacia el Indo-Pacífico, donde Pekín sigue modernizando sus fuerzas y presionando en el mar de China Meridional. Fuentes del Pentágono citadas por Der Spiegel confirman que la reducción de fuerzas en Europa busca liberar recursos para un posible conflicto con China, un escenario que los planificadores militares estadounidenses consideran cada vez más plausible.
En paralelo, la administración Trump ha politizado el despliegue de tropas. Tras retirar soldados de Alemania, anunció el envío de 5.000 efectivos adicionales a Polonia como «premio» al presidente conservador Karol Nawrocki, recién elegido. Esta decisión refuerza la idea de que la relación de defensa transatlántica se ha convertido en una moneda de cambio política, algo que inquieta a los socios tradicionales de la Alianza.
La OTAN se enfrenta a un divorcio silencioso: Washington redirige sus portaaviones al Pacífico mientras Bruselas descubre que el paraguas nuclear ya no es automático.
Equilibrio de Poder
La lectura estratégica de este recorte es clara y tiene un precedente incómodo: la retirada de Afganistán en 2021 ya mostró que Estados Unidos prioriza sus intereses sin miramientos. Ahora, la reducción de capacidades en el modelo de fuerzas de la OTAN añade una capa de incertidumbre sobre la defensa colectiva. Si los europeos no logran llenar el vacío con inversiones aceleradas en aviones de quinta generación, drones armados y submarinos convencionales, la Alianza podría perder su ventaja cualitativa frente a un Kremlin que lleva años rearmándose tras la anexión de Crimea.
Para España, el impacto es doble. Por un lado, la reorientación estadounidense hacia el Indo-Pacífico tensiona la capacidad de las bases de Rota y Morón como nodos logísticos de proyección. Por otro, el vacío que deja Washington en el Mediterráneo y el Atlántico oriental podría obligar a la Armada española a asumir más tareas de vigilancia y disuasión, sobre todo si la Alianza demanda una mayor presencia naval en el flanco sur. El Ministerio de Defensa ya trabaja en escenarios de sustitución, aunque las fuentes consultadas admiten que la velocidad del rearme europeo no iguala la urgencia de la retirada estadounidense.
A cinco años vista, lo que se juega es la arquitectura de seguridad europea. La OTAN sin la aportación total de Washington es viable si Alemania, Francia y Reino Unido aceleran su integración militar y la industria europea de defensa logra escalar la producción. Pero si el trumpismo ha enseñado algo es que el paraguas nuclear extendido no es un cheque en blanco. La cumbre de julio en Turquía será la primera prueba de fuego: o los europeos demuestran que pueden defenderse solos, o la Alianza entrará en una crisis existencial.
El dato que Moscú y Pekín observan con atención no es solo la reducción de medios, sino la señal política: la Casa Blanca ya no considera a Europa su prioridad estratégica. Y eso altera el cálculo de disuasión en todo el tablero.

