Varios heridos en ataque ucraniano con drones a San Petersburgo en el Foro Económico

Los drones impactaron en los distritos de Kirovsky y Krasnoselsky y en el puerto de Kronstadt, dejando varios heridos. El ataque se produjo en la jornada inaugural del SPIEF 2026, el principal foro económico de Rusia, que reúne a 20.000 participantes de más de 100 naciones.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un ataque masivo con drones ucranianos sobre San Petersburgo y la región de Leningrado en la apertura del Foro Económico SPIEF 2026, con varios heridos civiles.
  • ¿Quién está detrás? Ucrania, según las autoridades rusas, aunque sin reivindicación explícita por parte de Kiev. El ataque coincide con un repunte de lanzamientos contra la retaguardia rusa.
  • ¿Qué impacto tiene? Las defensas antiaéreas rusas derribaron 345 drones en 15 regiones, pero algunos impactaron en infraestructuras. El Kremlin lo interpreta como un desafío a su principal evento económico, y amenaza con invocar el derecho a la legítima defensa si países de la OTAN facilitan el paso de los UAV.

Ucrania ha lanzado en la madrugada del miércoles un ataque masivo con drones sobre San Petersburgo y la región de Leningrado, coincidiendo con la jornada inaugural del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF 2026), el mayor escaparate económico del Kremlin. Según informó el gobernador local Aleksandr Beglov, varios civiles resultaron heridos al impactar los proyectiles en los distritos de Kirovsky y Krasnoselsky, así como en el puerto de Kronstadt.

El Ministerio de Defensa ruso elevó a 345 el número de vehículos aéreos no tripulados (UAV) ucranianos interceptados durante la noche en quince regiones del país, incluyendo Crimea y el mar de Azov. En la región de Leningrado, que rodea a San Petersburgo, las defensas antiaéreas derribaron al menos 59 drones, según el gobernador Aleksandr Drozdenko. La caída de restos causó daños menores en varias viviendas, aunque sin heridos.

Los ataques con drones de largo alcance se han convertido en una constante de la guerra, pero alcanzar San Petersburgo en pleno SPIEF añade un componente de desafío simbólico. El foro, que se celebra entre el 3 y el 6 de junio, reúne a cerca de 20.000 empresarios, políticos y figuras públicas de más de 100 naciones. El presidente ruso, Vladimir Putin, tiene previsto dirigirse a los asistentes el viernes 5 de junio, en un discurso que se espera clave para la narrativa económica del Kremlin en plena guerra.

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Un ataque con vocación simbólica: el SPIEF como objetivo

El SPIEF 2026 se ha diseñado como la respuesta de Moscú al aislamiento occidental: mostrar que Rusia sigue siendo un actor global con capacidad de atraer inversión. El hecho de que la ofensiva ucraniana haya impactado en las inmediaciones del recinto, hiriendo a civiles, pone a prueba la narrativa de seguridad interna que el Kremlin intenta proyectar. No es la primera vez que drones ucranianos alcanzan la región de Leningrado, pero sí la más coordinada y relevante mediáticamente.

En meses recientes, varios UAV cargados de explosivos han logrado adentrarse en el noroeste de Rusia a través del espacio aéreo de Letonia, Estonia, Lituania y Finlandia, según denuncian fuentes rusas. Algunos de esos drones incluso se estrellaron dentro de esos países de la OTAN, sin que las autoridades locales confirmaran intencionalidad de usar sus corredores aéreos. Para el Kremlin, sin embargo, la reiteración de estas rutas sugiere una connivencia difícil de ignorar.

Atacar San Petersburgo el mismo día que Putin reúne a la élite empresarial global es un golpe de imagen calculado. El Kremlin no puede permitirse mostrar que su principal foro económico transcurre bajo alerta de drones.

La amenaza de Shoigu y el riesgo de un conflicto con la OTAN

El antiguo ministro de Defensa y ahora secretario del Consejo de Seguridad ruso, Serguéi Shoigú, ya había advertido de que si se demuestra que los países bálticos y Finlandia «proporcionan deliberadamente su espacio aéreo» a los drones ucranianos, Moscú tendría derecho a la autodefensa en virtud del Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. La declaración, aunque carente de concreción inmediata, tensa las relaciones con la OTAN justo cuando la Alianza Atlántica se prepara para su cumbre de verano en La Haya.

En paralelo al ataque en San Petersburgo, otro dron ucraniano impactó contra un autobús de pasajeros que viajaba de Crimea a Moscú en la autoproclamada República Popular de Donetsk, causando siete muertos y once heridos civiles, según informaron fuentes de la administración prorrusa. Este suceso, menos cubierto por la prensa internacional, agrava la lista de bajas civiles que Moscú utiliza para justificar la necesidad de su operación militar.

Equilibrio de Poder

El ataque obliga a reexaminar la capacidad de disuasión convencional rusa. A pesar de que las defensas antiaéreas interceptaron más de tres centenares de drones, el hecho de que varios alcanzasen la segunda ciudad del país y el puerto de Kronstadt deja en evidencia que la guerra aérea no ha desaparecido del frente, sino que se ha desplazado al interior del territorio ruso. Para Washington y Bruselas, la respuesta es doble: apoyar la legítima defensa ucraniana sin que la escalada lleve a una confrontación directa con la OTAN.

En el eje Washington-Moscú-Bruselas, la administración Trump mantiene su ambivalencia entre exigir a los aliados europeos más gasto en defensa y, al mismo tiempo, evitar un choque que desestabilice las conversaciones de paz indirectas que se llevan a cabo discretamente en Oriente Próximo. El foro SPIEF ha quedado empañado por los ataques, y la visita de Putin del viernes se convierte ahora en una prueba de resiliencia.

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Para España, el incidente tiene varias lecturas. Primero, la seguridad energética: el corredor de gas y petróleo ruso hacia Europa del norte podría verse amenazado si la tensión escala hasta el Báltico; aunque España depende poco de esos flujos, un repunte de precios afectaría al mercado comunitario del que somos parte. Segundo, el compromiso con la OTAN: el presidente Pedro Sánchez ha defendido un aumento gradual del gasto militar, pero la exigencia del 5% del PIB que reclama Trump se hace más difícil de esquivar cuando la guerra de drones se adentra en el flanco nórdico de la Alianza. Y tercero, el riesgo de que un error de cálculo convierta un derribo de dron en un incidente del Artículo 5.

La respuesta española, que se articula desde Moncloa y el Ministerio de Defensa, será clave en los próximos días. La sede de la OTAN en Bruselas ya ha sido informada de los pormenores del ataque, y fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com señalan que España respalda una declaración firme pero evita cualquier respuesta militar automática. La lectura estratégica que hacemos en esta redacción es que, por ahora, no se activarán los mecanismos de defensa colectiva, pero cada nueva incursión de drones en el espacio aéreo de Estonia o Finlandia acerca a Rusia y a la OTAN a una zona gris cada vez más peligrosa.

El hito a vigilar, por tanto, es la cumbre de la OTAN en La Haya, prevista para el 24 y 25 de junio, donde se debatirá la respuesta aliada a este tipo de agresiones. El Kremlin, por su parte, mantiene la presión sobre los países bálticos y Finlandia, y el propio Putin podría aprovechar su discurso del viernes para endurecer el tono. El tablero, una vez más, se inclina hacia un escenario de mayor tensión en el flanco noreste de Europa.