La OTAN prueba interceptores de drones en Letonia en plena urgencia por amenazas rusa e iraní

Las pruebas en el campo de Sēlija revelan tanto avances como fallos de interceptores europeos, subrayando la urgencia de la OTAN por sistemas asequibles. La amenaza de drones rusos en Ucrania y de los Shahed iraníes en Oriente Medio acelera la carrera contrarreloj.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La OTAN ha puesto a prueba interceptores de drones de varias startups europeas en el campo de tiro de Sēlija (Letonia), con resultados dispares que reflejan la dificultad de contrarrestar amenazas aéreas baratas.
  • ¿Quién está detrás? Las pruebas, organizadas por el centro de competencias de sistemas autónomos de Letonia y enmarcadas en el plan de adopción rápida de la Alianza, contaron con empresas como Eraser, Origin Robotics, Nordic Air Defense, RDC Systems y JetDrones.
  • ¿Qué impacto tiene? La urgencia por sistemas contra-UAS asequibles es máxima tras los miles de drones rusos usados a diario en Ucrania y los ataques iraníes que hicieron que EEUU consumiera en semanas interceptores valorados en miles de millones de dólares.

En el campo de tiro de Sēlija, en Letonia, la OTAN ha evaluado durante la última semana sistemas antidrón de fabricación europea con resultados desiguales, mientras la Alianza busca una solución asequible para hacer frente a los miles de drones rusos e iraníes que saturan los cielos de Ucrania y Oriente Medio.

La tecnología contra drones, a examen en Sēlija

El polígono letón, corazón del nuevo centro de experimentación de sistemas no tripulados de la OTAN, acogió demostraciones reales de interceptación. El fabricante local Eraser falló en su primer intento, aunque más tarde un dron modular más rápido logró neutralizar el blanco. Por su parte, el interceptor Kreuger 100 de la sueca Nordic Air Defense acertó al primer disparo, erró en el segundo y volvió a impactar en el tercero.

El éxito no basta: la defensa antidrón exige un 100 % de eficacia porque, como recordó el mayor Modris Kairišs, jefe del Centro de Competencias de Sistemas Autónomos de Letonia, «solo un dron de ataque que atraviese las defensas basta para causar daño». La tecnología contra-UAS va «un par de pasos por detrás» de la amenaza.

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Origin Robotics presentó el Blaze, un interceptor de cuatro rotores completamente autónomo con radar de detección inicial y computer-vision para seguir al blanco, que ya equipa a los equipos móviles letones desplegados en la frontera oriental. La compañía espera enviarlo «pronto» a Ucrania. Durante la prueba, el Blaze identificó e impactó un dron de Temeso entre aplausos contenidos del personal militar.

La amenaza rusa se ha vuelto aún más aguda en Letonia desde el mes pasado, cuando el país fue incapaz de desafiar las repetidas incursiones de drones ucranianos desviados por interferencias rusas. En respuesta, Riga ha enviado esos mismos equipos móviles con interceptores Blaze y Eraser a la línea fronteriza.

El coste inasumible de derribar drones baratos

La guerra en Oriente Medio ha expuesto la diferencia de coste más desequilibrada: un Shahed-136 iraní, de entre 15.000 y 50.000 dólares, es derribado a menudo con misiles que oscilan entre 1 y 12 millones de dólares. «Los inversores deberían buscar soluciones por debajo de los 30.000 dólares por interceptación», advirtió Ali Javaheri, de PitchBook. Las dos startups alemanas presentes en Sēlija apuntaron precisamente a ese nicho.

RDC Systems mostró su Raven, un dron interceptor impreso en 3D con asistencia de lanzamiento mediante cohete, que en marzo alcanzó 450 km/h según radares de la OTAN. JetDrones, fundada en febrero de este año, exhibió un interceptor con motor a reacción para atacar Shaheds a entre 4 y 8 kilómetros de altitud. Añadir un radar duplicaría su precio, reconoció un representante, y los operadores ucranianos les han advertido de que el coste debe ser inferior al del propio dron iraní.

A pesar de la lluvia fina que complicó las cámaras, Eraser cerró las demostraciones con un impacto exitoso. «Creemos que… oh, no, lo tenemos, el blanco cae en la esquina», narró el CEO, Edgars Gauručs, que confesó no saber si la interceptación fue autónoma o manual. «Para ser sincero, estaba tan estresado que no vi el resultado».

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La defensa antidrón no admite margen de error: un solo ingenio que pase puede provocar daños estratégicos, y cada interceptor debe ser mucho más barato que el misil al que sustituye.

Equilibrio de Poder

El pulso que se libra en Sēlija no es un mero ejercicio técnico: define el futuro de la defensa aérea territorial en Europa. Washington, Moscú y Bruselas observan estas pruebas con prismas distintos. La Casa Blanca de Trump insiste en que los aliados europeos eleven su gasto en defensa y asuman ellos mismos la protección de su flanco oriental; el Kremlin, mientras tanto, acelera la producción de drones Shahed y Geran-2 bajo su paraguas industrial de guerra, y Bruselas busca acelerar la adopción de sistemas como los testados en Letonia a través del Fondo Europeo de Defensa.

Para España, el impacto es doble. Por un lado, la relevancia de la base de Morón, donde operan sistemas antimisiles Patriot y radares de vigilancia, crece ante la necesidad de cubrir el flanco sur de la OTAN frente a drones de largo alcance procedentes del Magreb o el Sahel. Marruecos ya emplea drones Bayraktar y se ha interesado por sistemas contra-UAS, y una eventual escalada en la frontera sur —con vuelos no tripulados hostiles hacia Ceuta o Melilla— exigiría capacidades que España aún no ha desplegado masivamente. Por otro, la presión de Trump para alcanzar el 5 % del PIB en defensa obligaría a Madrid a elegir entre grandes plataformas tripuladas y sistemas ágiles como los interceptores probados en Letonia, mucho más asequibles pero aún no maduros.

La lectura inmediata es que la OTAN está improvisando contramedidas con la misma urgencia con la que Ucrania improvisó sus fábricas de drones en 2022. Los interceptores baratos y autónomos son la única vía para sostener un escudo creíble sin arruinar los presupuestos, pero las pruebas de Sēlija demuestran que la fiabilidad total está lejos de alcanzarse. El riesgo de que un único dron atraviese las mallas y golpee infraestructura crítica o concentraciones de tropas justifica seguir de cerca la próxima reunión del Consejo del Atlántico Norte, donde se evaluará la integración de estos sistemas en la estructura de mando aliada. Letonia y Países Bajos ya han firmado una carta de intenciones para que las fuerzas neerlandesas utilicen el polígono, señal de que el modelo de innovación rápida no tiene marcha atrás.