Ataque de Israel sobre Irán: bombardeo en Teherán desafía la advertencia de Trump

Israel bombardea Teherán y otras ciudades pese a la petición explícita de contención de Trump. La UE pide negociar, los hutíes reanudan los ataques navales y el riesgo de una guerra energética total pone en alerta a España.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Israel ha bombardeado esta madrugada Teherán y otras ciudades iraníes, pese a la petición expresa de contención de Donald Trump.
  • ¿Quién está detrás? Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), con el visto bueno del primer ministro Netanyahu, que desafió la llamada del presidente estadounidense.
  • ¿Qué impacto tiene? La escalada sitúa a Oriente Próximo al borde de un conflicto total. Los hutíes reanudan los ataques navales y la UE teme por el suministro energético global, con España directamente expuesta al alza de precios.

El ejército israelí ha lanzado esta madrugada un ataque aéreo sobre la capital iraní, Teherán, así como sobre Isfahán, Tabriz y Karaj, según informes de medios locales, desoyendo la petición del presidente estadounidense, Donald Trump, de no escalar tras el intercambio de fuego de los últimos días. Las explosiones se produjeron horas después de que Irán respondiera con una andanada de misiles a los bombardeos israelíes sobre Beirut.

El intercambio de golpes y la respuesta militar israelí

La secuencia comenzó el domingo, cuando las IDF intensificaron sus ataques sobre los suburbios del sur de Beirut sin el preaviso habitual, causando al menos dos muertos y una veintena de heridos, según el Ministerio de Sanidad libanés. Horas después, el cuartel general operativo iraní Khatim Al-Anbiya lanzó una salva de misiles contra Israel, calificándola de “advertencia” y amenazando con “golpes más aplastantes” si continuaba la ofensiva sobre Líbano o si se retaliaba contra Irán.

La respuesta de Israel no se hizo esperar. Según la agencia de noticias rusa RT, que citó a fuentes locales, los bombardeos alcanzaron también la zona petroquímica de Mahshahr, epicentro del sector energético iraní. La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) replicó atacando con misiles instalaciones petroquímicas en Haifa y advirtió de que la extensión del conflicto a infraestructuras civiles y energéticas provocaría una reacción en cadena capaz de desestabilizar la economía global.

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El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, convocó un gabinete de emergencia y, según fuentes israelíes, solicitó a Trump luz verde para atacar instalaciones energéticas iraníes. Sin embargo, el presidente estadounidense, en una entrevista con Axios, fue tajante: “Voy a llamar a Bibi ahora mismo y decirle que no tome represalias. Cada uno ya ha tenido su diversión. Israel tuvo su ataque e Irán el suyo. No necesitamos otro”.

Trump, Bruselas y el pulso geopolítico

La Casa Blanca intentó contener una espiral que, de momento, solo ha logrado acelerar. Trump no solo pidió mesura, sino que reivindicó su control sobre la situación: “Yo tomo todas las decisiones. Él no toma las decisiones”, declaró al Financial Times, en referencia a Netanyahu. Y añadió que el primer ministro israelí “no tendrá más remedio” que aceptar un eventual acuerdo entre Washington y Teherán. Pero los hechos desmienten esa autoridad: el bombardeo israelí sobre territorio iraní se produjo horas después del ultimátum, y el IRGC no ha mostrado señales de ceder.

La Unión Europea pidió contención pero no condenó explícitamente el ataque israelí. La jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, se limitó a reclamar que las partes se sienten a negociar. Esta postura ya le valió críticas en febrero, cuando Bruselas evitó censurar los ataques estadounidenses e israelíes sobre Irán y fue acusada de “hipocresía” por buena parte del Sur Global.

Israel escala pese a la desautorización de su principal aliado, y la UE vuelve a mirar hacia otro lado.

Equilibrio de Poder

La crisis actual deja al descubierto las fisuras del paraguas estratégico que Washington dice ofrecer en Oriente Próximo. Trump, que ha hecho de la retórica de la “paz por la fuerza” su bandera, se enfrenta a la realidad de que su socio israelí no atiende a sus llamadas cuando el precio político en Teherán es asumible. Mientras, el Kremlin observa con atención: una guerra abierta entre Israel e Irán podría distraer a Estados Unidos del flanco ucraniano, y Moscú ya ha insinuado que cualquier ataque contra suelo iraní tendrá consecuencias en la arquitectura de seguridad regional.

Para España, la crisis supone un golpe directo a la estabilidad de los precios energéticos y a la seguridad de las rutas marítimas. La base de Rota, que alberga cuatro destructores AEGIS, se convierte en un potencial blanco si la tensión se traslada al Mediterráneo, y la renovada amenaza de los hutíes contra la navegación israelí en el mar Rojo dispara las primas de riesgo del transporte de crudo y gas. El Ministerio de Defensa ya ha activado los protocolos de vigilancia en la fachada sur, según fuentes de Moncloa consultadas por Moncloa.com, ante la posibilidad de que el conflicto arrastre a Marruecos y al Magreb.

El riesgo inmediato es una espiral de represalias que convierta al golfo Pérsico en un campo de batalla energético. Un ataque contra la principal zona petroquímica de Mahshahr, aunque sin víctimas por el momento, demuestra que Israel está dispuesto a golpear la línea de flotación de la economía iraní. La respuesta del IRGC —misiles sobre Haifa y amenazas de extender el fuego a toda la infraestructura regional— sugiere que el próximo paso puede ser contra las refinerías saudíes o emiratíes, con un impacto inmediato en los mercados internacionales y en el bolsillo del consumidor español.

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En la última década, cada vez que Washington ha intentado contener a Israel —con Obama, con Biden, y ahora con Trump— el gobierno de Netanyahu ha demostrado que su margen de maniobra es mayor que el de la Casa Blanca. La pregunta estratégica es si Irán, consciente de la división en la alianza occidental, está dispuesto a llevar el pulso más allá de la retórica y convertir la guerra subsidiaria en conflicto interestatal abierto. La próxima ventana crítica será la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU convocada para esta misma semana, donde España ocupa un asiento no permanente y tendrá que pronunciarse.