Protocolo de la reina Letizia en la visita del Papa: el rol institucional según una experta

La reina consorte actuó con sobriedad y respeto en la multitudinaria misa del Papa en Cibeles. La experta María José Gómez Verdú alaba su coherencia y defiende que no debe fingir devoción cuando la fe es privada.

La reina Letizia siguió con solemnidad y sin realizar gestos de devoción personal la misa del Papa León XIV, celebrada ayer domingo en la Plaza de Cibeles, un acto multitudinario que ha reafirmado el papel institucional de la consorte. La experta en protocolo María José Gómez Verdú analiza para Moncloa.com las claves de una comparecencia en la que la reina no era la protagonista pero encarnó con precisión el guion de la Corona.

La misa del Papa en Madrid, un acto de Estado con miles de fieles

El Pontífice, de visita apostólica en España, ofició una misa campal en Cibeles que congregó a miles de fieles. Los reyes Felipe VI y Letizia, acompañados por la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía, actuaron como anfitriones de excepción. La ceremonia se prolongó durante dos horas, durante las cuales la reina permaneció en un segundo plano, seria y atenta, siguiendo la liturgia con respeto pero sin sumarse a los rezos ni a la señal de la cruz.

Un gesto, sin embargo, llamó la atención: al paso del enorme Cristo que presidía el altar, doña Letizia inclinó la cabeza. No era una genuflexión ni una muestra de fe, sino un signo de cortesía institucional que la experta interpreta como la frontera exacta entre lo público y lo privado.

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El análisis de la experta: “La reina no está llamada a actuar como autoridad religiosa”

María José Gómez Verdú, autora de ‘Protocolo POP’ y con más de 900.000 seguidores en redes, subraya que la posición de la reina consorte en un acto de esta naturaleza no es religiosa sino puramente institucional. “Doña Letizia no está llamada a actuar como una autoridad religiosa, sino como reina consorte en un acto de enorme relevancia diplomática, institucional y simbólica”, explica.

Según la especialista, la monarca debe mantener “una actitud de máximo respeto hacia la ceremonia pero eso no obliga necesariamente a exteriorizar gestos de devoción personal como santiguarse, responder a las oraciones o seguir determinados ritos litúrgicos”. La naturalidad, añade, “suele ser la mejor estrategia”.

Gómez Verdú advierte de que fingir una práctica religiosa que no se tiene puede resultar contraproducente. “Fingir una práctica religiosa que no forma parte de la conducta habitual de una persona puede percibirse como impostado y generar más atención que una actitud discreta, respetuosa e institucional”. De ahí que alabe la coherencia de la reina, que desde su llegada a la Familia Real ha mantenido una posición de respeto no confesional.

En la monarquía del siglo XXI, la fe es un asunto privado; el protocolo exige respeto, no devoción.

Una Corona entre la tradición católica y la laicidad del Estado

La visita papal ha puesto de relieve la evolución de la monarquía española en su relación con la Iglesia. Aunque la Constitución define al Estado como aconfesional, la figura del Rey mantiene un arraigo histórico con el catolicismo. Sin embargo, la Corona ha ido deslindando progresivamente la esfera de la fe privada de la representación pública, un camino que también han recorrido otras casas reales europeas, como la neerlandesa o la sueca.

La presencia de la reina Letizia, que no oculta su falta de práctica religiosa, encarna ese equilibrio. La experta recuerda que, en otros tiempos, una consorte sin fe habría generado tensiones protocolarias. Hoy, en cambio, “se entiende perfectamente que en autoridades civiles puedan convivir distintas sensibilidades religiosas o incluso posiciones no confesionales”.

El hecho de que la reina vistiera de blanco —el privilège du blanc reservado a las reinas católicas ante el Papa— puede leerse como un guiño institucional que respeta la tradición sin necesidad de profesar la fe que la originó. Un equilibrio que, para Gómez Verdú, es “la opción más acertada desde el punto de vista protocolario”.

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Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: La visita apostólica del Papa León XIV movilizó a miles de fieles en Cibeles. La Familia Real actuó como anfitriona, y la reina consorte representó a la institución con respeto institucional, no religioso.
  • El detalle de protocolo: La reina no rezó ni se santiguó, pero inclinó la cabeza ante el Cristo como gesto de cortesía. Vistió de blanco amparándose en el privilège du blanc, una tradición que la Corona respeta sin implicar devoción.
  • Próximos pasos: La agenda de la Casa del Rey continúa esta semana con audiencias y actos institucionales. La reina retomará su actividad pública el miércoles con un foro sobre salud mental.