Subida de tipos BCE: los analistas recuerdan el error de 2011, pero avisan de que no hacerlo sería peor

La cita del BCE llega en plena contracción económica y con la inflación por encima del 3%. La sombra del error de 2011 planea sobre Fráncfort, aunque la inacción podría ser aún más dañina para la eurozona.

El Banco Central Europeo se enfrenta este jueves a la decisión de política monetaria más arriesgada desde la crisis de la deuda: subir los tipos de interés o no hacerlo, cuando la economía de la eurozona se contrae y la inflación supera el 3,2%. La subida parece un ‘trato hecho’ en Fráncfort, pero el fantasma del error de 2011 —cuando un alza de tipos en plena recesión encendió la mecha de la mayor crisis del euro— planea sobre la reunión. Aun así, varios analistas advierten de que la inacción podría ser peor, como ya demostró la tardanza del BCE tras la pandemia.

Los tipos de interés actúan como moderadores de la demanda, la inversión y el crédito. Con el petróleo rondando los 100 dólares por barril por la guerra con Irán y las tensiones en el Estrecho de Ormuz, los precios de la energía empujan al alza la inflación general. No subir los tipos podría consolidar efectos de segunda ronda —subidas de salarios y márgenes empresariales— que desanclen las expectativas. Pero una subida ahora también amenaza con dar la puntilla al crecimiento, ya débil. Es un trade-off puro entre inflación y recesión.

El fantasma de 2011: ¿repetir el mayor error del BCE?

En 2011, el entonces presidente Jean‑Claude Trichet subió los tipos dos veces para atajar la inflación, cuando la periferia europea ya se tambaleaba. Aquellas alzas se revirtieron a los pocos meses, pero el daño estaba hecho: Grecia, Irlanda, Portugal y España entraron en rescates que fragmentaron la eurozona. Hoy, el vicepresidente saliente Luis de Guindos —que deja el cargo tras su mandato de ocho años y no participará en la reunión— ha sido claro: «Tenemos que tener en cuenta el impacto sobre el crecimiento. Los indicadores de confianza apuntan a un deterioro significativo». Su marcha priva al Consejo de una de las voces más moderadas y cercanas a la sensibilidad del sur.

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El ala dura, representada por la alemana Isabel Schnabel, argumenta que el riesgo de desanclar las expectativas de inflación es demasiado alto. «Hay miedo a que la pasta de dientes (la inflación) se salga del tubo; luego meterla dentro es casi misión imposible», interpretan fuentes cercanas al Consejo. El dato de inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, también ha repuntado con fuerza, alimentando los temores de que la crisis energética contamine a toda la cesta de precios.

Algunos analistas no ven esas presiones salariales aún. Michala Marcussen, economista jefe de Société Générale, lo resume así: «Cuando el BCE sube los tipos antes de que haya pruebas sólidas de los efectos de segunda ronda, asume un riesgo injustificado». El propio Paul Donovan (UBS) es más tajante: «El BCE parece decidido a cometer un error de política monetaria y subir los tipos independientemente de las señales económicas».

No hacer nada: el riesgo de abrir la caja de Pandora inflacionaria

La otra cara del dilema también tiene su paralelo histórico. Tras la pandemia de 2020‑2022, el BCE fue uno de los últimos grandes bancos centrales en retirar los estímulos. Su tardanza contribuyó a que la inflación en la eurozona alcanzara dos dígitos en varios países, erosionando el poder adquisitivo de las familias y disparando los costes de financiación de los Estados. Ahora, con el crudo presionando los 100 dólares, mantener los tipos quietos podría repetir aquel error.

BCE

«El BCE parece empeñado en demostrar su credibilidad», afirma Davide Oneglia, de TS Lombard. «Las subidas de tipos de 2011 fueron un claro error, y repetirlo representa uno de los mayores riesgos a los que nos enfrentamos». Sin embargo, la credibilidad también se juega en no permitir que la inflación se dispare. La presidenta Christine Lagarde sabe que una espiral de precios descontrolada sería castigada por los mercados y por los ciudadanos, que ya ven cómo el coste de la vida sube sin tregua.

El Banco de España ha advertido de que las empresas y hogares españoles están especialmente expuestos por el elevado endeudamiento. Las hipotecas a tipo variable —aún muy comunes en España— trasladan inmediatamente cualquier alza del BCE al bolsillo de las familias. Además, las pymes españolas han adelantado emisiones de deuda en las últimas semanas para blindarse antes de que el crédito se encarezca, según datos del Tesoro.

La decisión de este jueves no es solo técnica: es la prueba pública de que Fráncfort antepone la batalla contra la inflación a la protección del crecimiento.

El Eje del Poder Europeo

El debate dentro del BCE reproduce la fractura clásica entre el norte y el sur de la eurozona. Alemania, con su aversión histórica a la inflación, apoya sin fisuras la subida; Schnabel y el presidente del Bundesbank son sus estandartes. En el extremo opuesto, los gobernadores de los países más endeudados —Italia, España, Grecia— temen que un endurecimiento prematuro asfixie la recuperación y eleve las primas de riesgo. La salida de De Guindos debilita la voz moderada del sur justo cuando más se necesita.

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Para España, la subida tiene implicaciones directas. El Tesoro Público afronta un calendario de emisiones récord en julio y septiembre, y cualquier incremento de la rentabilidad exigida por los inversores encarecerá la carga de intereses de la deuda, que ya supera los 30.000 millones de euros anuales. En el plano político, el Gobierno de Sánchez necesita presentar un cuadro macro creíble para la negociación de los Presupuestos Generales del Estado de 2027, y un BCE restrictivo reduce el margen fiscal. El Ministerio de Economía sigue la reunión con preocupación, según fuentes de Moncloa.

La tensión geopolítica añade otra capa. Si las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán avanzan y se normaliza el tránsito por Ormuz, los precios del crudo podrían bajar, aliviando la presión inflacionaria. Pero mientras tanto, el BCE parece decidido a enviar una señal de firmeza. Commerzbank espera una nueva subida en septiembre, cuando las proyecciones macroeconómicas permitan evaluar mejor el daño. El verdadero riesgo, coinciden varios analistas, no es la subida de esta semana, sino que el mercado ya descuente dos o tres alzas adicionales en 2026 y principios de 2027. Fráncfort se mueve sobre un alambre y no hay red.