El domingo 7 de junio, muchos madrileños notaron que el agua del grifo sabía mal. Un fuerte olor a cloro recorrió barrios como Argüelles, Chamberí o Moncloa, y las quejas no tardaron en llenar las redes sociales. «¿Por qué sabe mal el agua?», se preguntaba una vecina a la hora de la comida. La respuesta llegó horas después, de la mano del Canal de Isabel II: una intervención en los filtros de carbón activo de la ETAP de Santillana, la planta que potabiliza el agua del embalse de Manzanares el Real, había alterado temporalmente el sabor y el olor del suministro.
Una intervención en los filtros que dejó el agua con sabor a lejía
Según explican a este medio fuentes de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, la operación realizada esa misma mañana en los filtros de carbón activo de la ETAP de Santillana tuvo como consecuencia que el agua llegara a los hogares con un aroma y un regusto que «recordaba a la lejía o al cloro». A pesar de la percepción, el Canal insiste en que el agua sigue siendo potable y no supone ningún peligro para la salud. De hecho, los parámetros de calidad no se han visto comprometidos; se trata de una consecuencia normal ante actuaciones técnicas de este tipo, aunque en esta ocasión ha sido más perceptible de lo habitual.
La ETAP de Santillana, que trata el agua procedente del embalse del mismo nombre, utiliza habitualmente filtros de carbón activo para eliminar compuestos orgánicos que pueden generar malos sabores. Cuando esos filtros se manipulan o se regeneran, es posible que se liberen sustancias que, sin ser nocivas, alteran la experiencia del consumidor. Eso fue lo que sucedió el domingo, y el resultado fue inmediato: cientos de mensajes en X y foros vecinales denunciando un sabor a «lejía» del agua de grifo.
Ni aviso ni fecha clara: el Canal purga la red mientras las quejas persisten
Lo que más ha molestado a los afectados no fue el sabor en sí, sino la ausencia de aviso previo. «Si hacen un mantenimiento que va a notar media ciudad, lo normal sería avisar. así al menos sabes que es temporal y no te llevas el susto», se leía en un comentario de un grupo vecinal de Argüelles. Desde el Canal de Isabel II aseguran que estas operaciones son rutinarias y que, la mayoría de las veces, pasan inadvertidas para el usuario. En este caso, reconocen que la incidencia ha sido superior a lo esperado y que ya han puesto en marcha purgas en distintos puntos de la red para eliminar las consecuencias del cambio.
Algunos usuarios han notado cierta mejoría en el sabor del agua de sus grifos durante la mañana de este lunes 8 de junio, según ha podido constatar esta redacción en conversaciones con vecinos de la zona de Princesa. No obstante, el Canal no da una estimación precisa de cuándo se volverá a las condiciones habituales: espera que la normalización se complete a lo largo de los próximos días, a medida que las purgas hagan su efecto.
La potabilidad no está en duda, pero la falta de aviso ha calentado los ánimos de un consumidor que presume de beber del grifo.
La incidencia ha reavivado el debate sobre la comunicación de la empresa pública, especialmente entre los más de 6,5 millones de habitantes de la región que dependen de su suministro. Varios concejales de distrito han pedido explicaciones y han solicitado que, en el futuro, se activen canales de aviso inmediato —a través de la app del Canal o SMS— cuando una operación pueda afectar la percepción del agua, aunque no haya riesgo sanitario.
La confianza del madrileño en el grifo, sometida a examen
Los madrileños presumen de su agua. Según datos del propio Canal de Isabel II, el 96% de los habitantes de la Comunidad de Madrid escoge beber agua del grifo, una de las tasas más altas de Europa. Este episodio, aunque menor, pone a prueba esa relación de confianza. No es la primera vez que un mantenimiento técnico despierta recelos: en 2022, unas obras en la red de distribución del sureste metropolitano generaron más de 1.200 avisos por turbidez en localidades como Rivas-Vaciamadrid. Entonces, el Canal también insistió en que el agua era segura, pero la comunicación tardía dejó un poso de descontento que ahora se repite.
Analizamos esta situación como un recordatorio de que, incluso en servicios esenciales que funcionan con altos estándares, la transparencia es tan importante como la calidad técnica. Un simple aviso en la web del Canal o una notificación en redes sociales habría bastado para calmar la inquietud de miles de familias que, al abrir el grifo, se encontraron con un olor que no esperaban. Cabe recordar que la ETAP de Santillana es una de las trece estaciones de tratamiento que abastecen a la capital y a los municipios del norte del área metropolitana, y que cualquier alteración en ella reverbera rápidamente en los hábitos de consumo de los hogares.
De cara a los próximos días, la situación debería volver a la normalidad sin más consecuencias que el mal rato. Dejémoslo en un «ya veremos». Lo que sí parece claro es que el Canal de Isabel II tendrá que revisar sus protocolos de comunicación si quiere mantener la fidelidad del 96% de madrileños que, orgullosos, siguen llenando la jarra del grifo.
