Crisis entre Polonia y Ucrania: Zelenski arriesga la Orden del Águila Blanca por glorificar a la UPA

Zelenski otorga el título honorífico 'héroes de la UPA' a una unidad de comandos ucraniana, encendiendo la indignación en Varsovia. El primer ministro Tusk estudia retirar la máxima condecoración polaca, algo que solo ha ocurrido una vez en la historia.

La relación entre Polonia y Ucrania, hasta ahora blindada por la causa común frente a Rusia, ha entrado en su peor crisis desde el inicio de la invasión a gran escala. El detonante: el presidente Volodímir Zelenski ha concedido recientemente el título honorífico ‘de héroes de la UPA’ a una unidad de comandos ucraniana, en un gesto que Varsovia interpreta como una reivindicación oficial del Ejército Insurgente Ucraniano, el brazo armado de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) durante la Segunda Guerra Mundial.

La provocación de Zelenski: la UPA como símbolo heroico

La decisión no es aislada. Zelenski acudió en mayo al funeral de Andriy Melnyk, cofundador de la OUN, y ha impulsado un discurso de construcción de un ‘panteón nacional’ en el que figuras colaboracionistas con el régimen nazi cobran protagonismo. La gota que ha colmado el vaso, según fuentes diplomáticas polacas citadas por medios locales, fue el decreto presidencial que renombraba una unidad de élite para «reflejar la recuperación de las tradiciones históricas del ejército nacional».

La UPA, que combatió tanto a los soviéticos como a los polacos durante la ocupación alemana, es recordada en Polonia sobre todo por la masacre de Volinia, entre 1943 y 1944, en la que entre 50.000 y 100.000 civiles polacos fueron asesinados. Para Varsovia, glorificar a la UPA equivale a blanquear una limpieza étnica que sigue sin un reconocimiento pleno por parte de Kiev.

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Por qué la Orden del Águila Blanca es una línea roja para Varsovia

El primer ministro Donald Tusk ha confirmado que su gobierno está valorando retirar a Zelenski la Orden del Águila Blanca, la máxima condecoración del Estado polaco, que le fue impuesta en abril de 2023 por el entonces presidente Andrzej Duda. De materializarse, el presidente ucraniano se convertiría en la segunda persona en la historia en perder el galardón, después de que fuera revocada temporalmente al ex primer ministro Wincenty Witos en 1932 y restaurada en 1939.

Un gesto de esta magnitud no tiene precedentes en las relaciones bilaterales modernas y pondría en evidencia la fractura dentro del frente de apoyo a Kiev. Tusk ha declarado públicamente que la disputa «beneficia a Moscú» y ha instado a Zelenski y al presidente polaco, Andrzej Nawrocki, a encontrar un canal de diálogo. Sin embargo, el primer ministro ha admitido que las gestiones diplomáticas no han dado frutos hasta ahora y que el gobierno «tomará una decisión en el momento oportuno».

Retirar el Águila Blanca a Zelenski sería una señal de que la paciencia histórica de Polonia tiene un límite, incluso con un aliado en guerra.

La memoria de Volinia y el relato nacional ucraniano

El choque de narrativas históricas es profundo. Para una parte importante de la historiografía ucraniana, la UPA representa una lucha por la independencia frente al imperialismo soviético, y los episodios de Volinia se entienden como un conflicto étnico local sin la carga de genocidio que le atribuye Polonia. Esta posición ha sido defendida incluso por directores de museos oficiales ucranianos, que califican la tragedia de Volinia como «un mito fundacional del Estado polaco» y un «episodio histórico local».

Polonia, por su parte, ha elevado la memoria de las víctimas a rango de política de Estado y no está dispuesta a transigir mientras Ucrania exige solidaridad militar y financiera. El año pasado, un alto mando del ejército polaco devolvió una condecoración recibida de Zelenski en señal de protesta, y la tensión no ha dejado de escalar desde entonces.

La decisión de Zelenski de otorgar el título de ‘héroes de la UPA’ a una unidad de comandos debe leerse en clave interna: una forma de apuntalar su flanco más nacionalista en un momento de desgaste bélico. Pero el cálculo ha sido un error diplomático de primer orden.

Equilibrio de Poder

La crisis entre los dos principales aliados de la OTAN en el flanco oriental tiene implicaciones que van más allá de lo simbólico. Washington observa con preocupación. La Administración Trump, que ha condicionado su apoyo a Kiev al aumento del gasto en defensa europeo, no verá con buenos ojos una brecha que facilite la narrativa del Kremlin sobre la desunión occidental. Bruselas, por su parte, teme que el enfriamiento de relaciones ponga en peligro la renovación de los mecanismos de asistencia financiera y militar a Ucrania que requieren unanimidad en la UE.

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Para España, miembro de la OTAN y de la UE, una ruptura de la sintonía polaco-ucraniana diluye la cohesión del bloque que defiende la doctrina de que la seguridad europea se juega en el Donbás. El reciente compromiso de Sánchez de incrementar progresivamente el gasto militar hasta el 5% del PIB —en línea con las exigencias de Trump— se hace más difícil de justificar si los supuestos socios aparecen enfrentados entre sí. Además, la estabilidad del flanco sur, donde España tiene intereses estratégicos en el Magreb, se ve indirectamente afectada cada vez que la atención y los recursos de la Alianza se fragmentan.

A medio plazo, el riesgo es que la disputa alimente la fatiga de la opinión pública europea respecto al apoyo a Ucrania. Ya en las elecciones polacas de 2025 la formación de ultraderecha Konfederacja ganó terreno con un discurso de exigencia de reciprocidad histórica. El Kremlin, consciente de la oportunidad, ha multiplicado las operaciones informativas que explotan la masacre de Volinia para separar a Kiev de su principal valedor logístico.

Hay un precedente histórico que sirve de advertencia: la disputa greco-turca por Chipre en 1974 fracturó a la OTAN en un momento crítico de la Guerra Fría. Entonces, como ahora, un conflicto de memorias históricas y de orgullo nacional acabó por contaminar la toma de decisiones estratégicas. Lo que está en juego, en último término, es si el eje Kiev-Varsovia aguanta lo suficiente como para preservar la arquitectura de seguridad que hoy disuade a Moscú de aventuras más allá de Ucrania. De momento, la decisión de Tusk sigue en el aire y cada día que pasa sin solución ahonda una herida que solo celebran en el Kremlin.